Los amigos del señor T.

“¿Seré yo el protagonista de mi propia historia, o le estará reservado a algún otro ese papel?”, comenzó Charles Dickens su David Copperfield. No sé su nombre, no se lo pregunté porque no venía al caso, pero ahora que está por convertirse en el protagonista de su propia historia –al menos en este universo de sesenta líneas–, será el señor T., T de taxista. Subí a su Duna y le dije a dónde iba. El, robusto, morocho, de voz cascada por el tabaco (supuse primero) y por las carcajadas (advertí después), me dio charla.

–Lindo día.

Era sábado, tres de la tarde. Solazo. Evitemos lo del día peronista.

–Ajá –detesto charlar en los taxis. El no se amilanó. Tenía una gran historia para contarme.

–Ojalá mañana siga igual –dijo.

–Ajá.

Le importó tres cominos mi hermetismo. Lo bien que hizo. Continuar leyendo…