Moral y sentido común

En un primer momento, cuando las defensas discursivas estaban bajas, el ministro de Justicia Raúl Granillo Ocampo disparó su dardo, seguramente en paz con su conciencia y su leal modo de ver y entender: dijo que no debería haber jueces homosexuales. La polémica estalla de tanto en tanto, pero progresa en espiral hacia un horizonte más lindero con el nuevo milenio que con Torquemada. Con monseñor Quarracino ya ausente, el último expositor de las discapacidades –esta vez físicas, aunque por qué no morales– de los homosexuales fue Daniel Passarella, predicador de envases masculinos prolijos y desprovistos de aro.

Un ministro –tan luego el de Justicia– no podía violar la ley, y a la sazón en la Argentina existe una ley antidiscriminatoria que, aunque deja dudas con respecto a si defiende sólo los derechos de las personas en virtud de su sexo o también en virtud de su orientación sexual (dos cosas bien distintas), el ministro se rectificó y todos contentos. Continuar leyendo…