Publicaciones archivadas

Desencuentros por tevé

Están enamorados. Ella es casada, él viudo. Desde que el amor explotó entre ellos como explota el amor entre la gente –de golpe y a veces inconvenientemente–, maniobraron como pudieron para verse a escondidas, pero no mucho, porque los dos son buenos y los buenos no engañan (mucho). Pactaron un encuentro para un día cualquiera frente a una comisaría, y ese día Roxy tendría que haber hecho los deberes: decirle al marido que basta, y estar lista para embarcarse con Panigassi en el verdadero amor. Llegó el día y ninguno de los dos tiene pensado ir, porque en el ínterin pasó de todo –primera pregunta: ¿por qué en la vida real nos pasa tan poco? Segunda pregunta: ¿por qué en las tiras de la tele pasa tanto y parece que nunca pasara nada?–, pero se sabe que el amor es más fuerte, así que Roxy va y mientras espera le pregunta al policía de guardia si no vio a un hombre canoso y corpulento. El policía le dice que circule. Espera y espera, pero no confía en su felicidad y apuesta que él no vendrá. Se va. El, mientras tanto, lee el diario en su casa, seguro de que Roxy jamás abandonará la calma del matrimonio para aventurarse en las oleadas del amor, pero un impulso previsible hace que tire el diario y salga corriendo –como Meg Ryan en Sintonía de amor, cuando planta a su novio para ir al Empire State en busca de un hombre con el que nunca ha cruzado una palabra–. Panigassi llega cuando Roxy ya se ha ido, y le pregunta al policía de guardia si no vio a una mujer de pelo lacio y celular en la mano, pero en la comisaría hubo cambio de guardia y éste policía es otro, así que le dice que circule. Continuar leyendo…

HIJOS

Inventaron el escrache, que primero parecía un gesto de impotencia, desarticulado, casi una travesura de adolescentes que no podían padecer la adolescencia como lo hace todo el mundo –peleándose con sus padres, descubriéndoles sus defectos, desarmado esas figuras ideales de la infancia– simplemente porque sus padres no están. Ni siquiera están muertos: están en ese estado anterior a cualquier duelo, en ese territorio siniestro de la desaparición.

Mientras el tiempo iba pasando, mientras las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final le cerraban la puerta a la justicia, mientras el indulto le puso candado a esa puerta, mientras todos nos hicimos mayores o viejos, según venga al caso, mientras esta democracia que primero creímos tambaleante se afirmaba a costa de seguir ignorando algunas cosas –por ejemplo, sin ir más lejos, quién, cómo, dónde, cuándo y por qué fueron asesinados los padres de esos chicos y chicas de HIJOS–, ellos crecieron. Antes no tenían voz, eran chiquitos con historias diferentes que confluían en un punto: un padre o una madre o los dos no habían estado ahí para ampararlos, habían crecido cuidados por abuelas o tías o parientes lejanos que sólo a veces y en algunos casos les hablaban de lo que había pasado. Algunos de ellos se hicieron grandes percibiendo la tragedia, atando cabos, reclamando saber. Continuar leyendo…

Amsterdam

Veníamos de un viaje largo, de esos en los que no hay reservas de hoteles ni citytours sino cafés al paso y corazonadas, pocas ciudades y muchos pueblos. Habíamos inventado un itinerario que se desdibujó rápidamente, y un día, al salir de Salzburgo hacia París, dijimos, con el auto ya en marcha: “¿Y si vamos a Amsterdam?”. Y fuimos.

Debimos invertir toda la primera tarde buscando hotel. Esas largas horas bajo la lluvia fueron suficientes para advertir que Amsterdam no se parecía a nada conocido. No había encanto francés ni desborde italiano ni desarreglo español ni crispación suiza. Al final de las escaleras empinadas que bajaba o subía me encontraba indefectiblemente con tunecinos o paquistaníes en musculosa que no hacían el menor esfuerzo por caer simpáticos. “¿Dónde habrá un holandés?”, me preguntaba, mientras seguía chocando con marroquíes o argelinos. Continuar leyendo…



Copyright © 2004–2009. All rights reserved.

RSS Feed. This blog is proudly powered by Wordpress and uses Modern Clix, a theme by Rodrigo Galindez.