Publicaciones archivadas

Los hijos del divorcio

¿Deja secuelas el divorcio de los padres en los hijos? Solamente algún caído del catre podría afirmar taxativamente que no. Es que los padres, en general, dejan secuelas en los hijos, se divorcien o no, pero éste bien podría sonar a razonamiento falaz, a chicana fast food. La pregunta sería, entonces: ¿deja secuelas específicas el divorcio en los hijos? ¿Sufren de alguna patología o dificultad afectiva concreta los chicos cuyos padres, por la razón que fuere, decidieron cesar el contrato matrimonial que los unió? Eso se puso a investigar hace veinticinco años la psicóloga norteamericana Judith Wallerstein, sobre una población, admitámoslo, acotada. Sesenta casos. El principal mérito de Wallerstein fue haber sido tenaz y no haber perdido de vista a esos sesenta casos a lo largo de veinticinco años, y con ese latiguillo salió al ruedo con su título “El inesperado legado del divorcio”, alrededor del cual la revista Viva hizo su nota de tapa el último domingo. Continuar leyendo…

FOA y el pan sobre la mesa

En el folleto convertido en afiche y sepiado por el paso del tiempo se leen los nombres de los inmigrantes que llegaron en 1910 a bordo del buque “Principessa Mafalda”. Es una mañana increíblemente fría para estar incrustada en el exacto medio de noviembre. Día hábil. Pese a que hay poca gente en la muestra de Casa FOA, algunas personas forman cola para que desde alguna de las cuatro computadoras disponibles los operadores les den datos sobre la fecha, el horario y en compañía de quién arribaron abuelos o bisabuelos que es posible imaginar parecidos a esos hombres, mujeres y niños que las gigantografías muestran en las paredes del Hotel de los Inmigrantes. Continuar leyendo…

Psicológico

La vulgata freudiana que tan hondo penetró en Buenos Aires ya forma parte no sólo del monoambiente psi sino del sentido común porteñohablante en general. De su lento goteo hacia el exterior del universo de divanes y poltronas de Palermo, brotaron primero ciertas nociones que prendieron fuerte en la vida de barrio, agitada tal vez por la presencia infaltable de la psicóloga que pone puntos sobre íes en programas como el de Lía Salgado. Pero ahora, el boom de lo psicológico también se extendió a la política, enredada ella simbiótica, psicótica o simplemente neuróticamente con la economía.

Tal vez no haya sido casual que la primera denuncia sobre el carácter “psicológico” del bajón argentino haya surgido de boca de un técnico del FMI hace unos meses, en la última reunión europea del Fondo. Según de quien provenga la observación, el mote de “psicológico” es relevante o despreciativo. En el mundillo delimitado por Charcas, Córdoba, Coronel Díaz y Scalabrini Ortiz, y en todos los rincones en los que el discurso psi tiene eco –o sea, por lo menos, toda la Capital–, decir que algo es “psicológico” denota una predisposición consensuada al buceo en los móviles, las motivaciones, los trasfondos, los contextos, el pasado, los mecanismos, los complejos, los miedos o las fobias que yacen agazapadas en un hecho, individual o colectivo. Es decir: si algo es “psicológico”, eso no significa que sea menos real, menos cierto, menos importante, sino todo lo contrario: argentinos, a las cosas (psicológicas). Pero en boca de un técnico que confía más en los números que en los síntomas, decir que algo es “psicológico” equivale a otra cosa, a algo poco menos que inventado, a algo antojadizo, idiosincrático, caprichoso. Continuar leyendo…



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