Publicaciones archivadas

La prueba del vitel thoné

Nunca un vitel thoné en mal estado fue tan esclarecedor. Sin el mal sabor del peceto salseado con crema y atún, cuya antigüedad parece haber sido considerable y constituye ahora uno de los delitos a investigar, la fiesta de egresados de los 634 cadetes de la Vucetich probablemente hubiese transcurrido con algunos borrachos, como cualquier fiesta de egresados, y chau. De modo que sólo la rara procedencia de un simple vitel thoné salvó a la sociedad bonaerense de tener su principal ruta custodiada este verano por agentes que, llegado el caso y presas de un ataque de rabia colectivo –desatado no por un crimen, no por un despido en masa, no por una injusticia alevosa, sino por un plato en mal estado–, son capaces de robarse 2600 cubiertos, 2200 servilletas de tela, 2100 vasos y copas, 383 jarras, 380 platos, 180 manteles de tela, 167 paneras, 143 hieleras, 46 sillas, 9 mesas plegables, 5 bafles y 1 amplificador. Continuar leyendo…

La ex

La triunfal irrupción de la Chechu Bolocco en la vida de Carlos Menem amenazó desde un principio el frágil equilibrio posfamiliar que el ex presidente mantenía tras haber arrastrado durante años a su hija a giras oficiales y actos protocolares, haciéndose fotografiar dándole piquitos y mostrándola en público como la única mujer de su vida digna de ser mostrada en público. Que Zulemita haya sido quien reemplazó a Zulema no fue acaso, solamente, una manera modesta de resolver el vacío femenino al lado del ex presidente, ni la expresión de un amor filial un poco exagerado o a la turca, sino también un modo de atemperar la ira de Zulema que, pese a carecer de rivales desde que fue desplazada de Olivos, jamás se llamó a silencio, pero siguió siendo una ex primera dama sin una nueva primera dama a la vista: sólo Menem sabe qué habría pasado si mientras él estaba todavía en la presidencia, un flechazo lo hubiese provisto de otra mujer. Continuar leyendo…

Extranjeros

En algún remoto lugar de la lengua, hospitalidad y hostilidad encuentran una raíz común. Ambas son las caras de una misma moneda que un anfitrión le arroja a un extranjero. Cualquiera de ellos o nosotros, unidos en ese “ellos” o ese “nosotros” en virtud de un conjunto que podría surgir de una nacionalidad, de un idioma, de una etnia o de un género, puede responderle al otro con gentileza o agresión. ¿De qué depende que ante alguien se desplieguen los ritos de la cortesía y la civilidad, del asilo o del refugio, mientras otros sólo encuentran puertas cerradas, desprecio, explotación o abusos? ¿Quién es el extranjero, hoy, cuando un chino y un neocelandés o un uruguayo y un belga juegan partidos de backgammon por la red para combatir el insomnio? ¿Qué pregunta del extranjero resulta tan incontestable que se dirigen contra él los resabios más salvajes de los nacionalismos? Continuar leyendo…



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