Publicaciones archivadas

Ir o no ir

–¿Y entonces? ¿Qué le vas a contestar?
–¡Ay, no sé!
–Pero algo le tenés que contestar.
–Bueno, me puedo tomar unos días para pensarlo, ¿no?
–Florencia, no te ofreció un trabajo. Te invitó a cenar.
–Bueno, pero igual lo puedo pensar, ¿o no?
–¿Cómo le vas a decir que te vas a tomar unos días para pensar si querés ir a cenar con él?
–¿Y qué tiene? ¿No tengo derecho a pensarlo? Continuar leyendo…

Mamíferos

“Es nuestro conflicto de mamíferos: lo que dar a los demás y lo que conservar para nosotros. No traspasar esa línea, contener a los demás y ser refrenado por ellos, es lo que llamamos moral.” Eso dice Ian McEwan en su novela Amor perdurable. En unas apacibles colinas de las afueras de Londres, donde el protagonista y su mujer han ido a almorzar en un reencuentro romántico, sobreviene una tragedia: un globo aerostático fuera de control está a punto de estrellarse con un abuelo y su nieto a bordo. Desde todas las direcciones llega un puñado de hombres –seis o siete– para ayudar. Se cuelgan de las cuerdas del globo para evitar que vuelva a subir, pero el viento conspira contra el salvataje. Los levanta del piso. Son unos pocos minutos de zozobra y desesperación. Una situación completamente límite: “Si no hubiéramos roto filas, nuestro peso combinado habría llevado el globo a tierra antes de llegar a la pendiente”, dirá el narrador después de que uno a uno, y por miedo a ser arrastrados junto al globo, todos los hombres se fueran soltando y abandonando al globo a su suerte. Todos menos uno: sólo uno se resistió a soltar la cuerda, pero como era sólo uno, su peso no fue suficiente. Subió junto con el globo y después cayó para morir desde doscientos metros de altura. Continuar leyendo…

Aquella princesa rusa

Memorias de una princesa rusa es un texto anónimo, como son anónimos muchas leyendas, mitos, imaginerías o formas textuales que muestran su potencia representativa no precisamente cuando surgen, sino cuando perduran. No hay datos ciertos sobre este relato ubicado en la Rusia de fines del siglo XVIII, pero sí innumerables ediciones en todo el mundo, y también existe, indudable, el inmediato reconocimiento del género erótico cuando se lo menciona aun a quienes jamás lo han leído. Ahora, en versión local, la flamante editora argentina AC incluye estas Memorias… como uno de los dos primeros títulos de su colección de literatura erótica. Y en sus páginas la princesa Vavara Sofía vuelve a delirar y a hacer delirar tanto a sus amantes como a los lectores de sus peripecias de alcoba, increíbles casi todas ellas, y es que de eso se trata este género: de poner en palabras la libido colectiva. Continuar leyendo…

Bochorno

Por algo bochorno significa pasar calor. El de ayer fue literalmente un día bochornoso, en el que se accedió a uno de esos estados de conciencia a los que casi siempre en vano se intenta llegar por otras vías. Meditando, flotando en sal, corriendo en maratones, hay muchas maneras físicas de alcanzar niveles metafísicos que nos den más información sobre nosotros. Quién iba a decir que el calor era otro camino para andar salido de sí, con el cuerpo y el alma embotados como si fuéramos todos deambuladores de jardín de infantes a los que una maestra jardinera perversa les enseña a cruzar la calle en la 9 de Julio. La ciudad estaba llena de gente desconcertada, en trance, tomando obsesivamente agua o Coca de sus mamaderas portátiles. Continuar leyendo…



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