Publicaciones archivadas

No tener razón

Me pasa a veces con la gente con la que comparto mi vida. Familia o amigos. Me pasó siempre, claro, como le pasa a todo el mundo, pero recién hace un par de años que puedo identificar el instante y disfrutarlo. Tardé tanto, creo, porque es un poco ilógico disfrutar la propia ingenuidad, la propia obcecación, la propia estupidez. Claro que no es ninguna de esas cosas las que me dan placer, pero la ingenuidad, la obcecación o la estupidez me han llevado muchas veces a sostener cosas que eran falsas, a aferrarme a argumentos poco sólidos o a quedarme atada a un prejuicio estampado en mi mente desde siempre. Así que de pronto descubrí que me daba un intenso y sincero placer, esas veces, descubrir que estaba equivocada. Que me daba un vago pero nítido placer descubrir que no tenía razón. Pero sobre todo, ese placer reside en dejar de resistirme a la evidencia. Ese placer es nativo de un territorio de mi alma en el que está habilitado el error. Continuar leyendo…

¿Se fue el derechaje?

Que Julio Ramos se pasee por los canales de televisión diciendo que Eugenio Zaffaroni no es el hombre indicado para ir a la Corte Suprema “porque no tiene familia” es sorprendente: se detiene justo ahí, en ese borde. Lo que verdaderamente quiere decir Ramos se puede deducir, pero ya no se puede decir. Hace un par de años sí, ahora no: quedaría decididamente berreta. Pero Ramos encima completa el combo con una pizca de perspectiva de género y afirma que lo ideal sería designar en ese lugar a una mujer, a la jueza Aída Kemelmajer de Carlucci, la misma que combate Raúl Moneta. ¿Qué pasó en este país que ahora a la derecha les dan vergüenza sus propios argumentos? Continuar leyendo…

Verdades y errores políticos

Hace una eternidad, once meses argentinos, los diarios informaban, en notas no demasiado extensas, la noticia de un secuestro. No se trataba del pariente de un jugador de fútbol o de un actor, ni de un empresario ni de nadie influyente. Era un chico de 17 años, vecino del barrio El Jagüel, cercano a Ezeiza. Un chico pobre. Los padres y los amigos de Diego Peralta, el secuestrado, hicieron lo imposible por atraer hacia el caso la máxima atención posible, pero el nombre de Diego Peralta recién saltó a las tapas de los diarios el 13 de agosto, cuando su cadáver apareció degollado en una laguna de Quilmes. Y tampoco fue su horrible muerte lo que atrajo sobre ese nombre la fascinación mediática que explotó ese día y siguió durante todo ese mes. El caso Peralta fue noticia por la reacción popular de los vecinos de El Jagüel ante la confirmación del asesinato: incendiaron la comisaría del barrio, no permitieron el paso de los bomberos, fueron reprimidos con balas de goma, se mantuvieron toda una noche en la calle. Inauguraron lo que en estos días, en Arequito, en Arrecifes, en Lanús y en otros tantos lugares inesperados, se da en llamar “puebladas”. Catarsis colectivas de indignación embarazadas de un saber que no necesita explicaciones: la omisión en la investigación implicaba complicidad. La inacción policial encubría nexos opacos y siniestros con el crimen. Continuar leyendo…

Achancharse

–El dice que nos aburguesamos, que nos aburrimos, que nos achanchamos.
–¿Y vos?
–Yo no.
–¿Vos no qué?
–El le llama achancharse a mirar un rato de televisión.
–Bueno, debe querer más romance. Continuar leyendo…

Malquerida

–No me quiere, yo sé que no me quiere.
–¿Por qué decís eso? Claro que te quiere.
–No, no me quiere.
–Sí te quiere, ¿cómo no te va a querer?
–No, no, no.
–No llores, él te quiere. Continuar leyendo…



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