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agosto 2003

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Alguna vez fue una mujer potente, en el sentido que este país le daba a la potencia. El sentido que este país le daba a la potencia estaba íntimamente relacionado con la idea del poder. La idea del poder en este país, en ese entonces, era atroz. A casi nadie se le ocurría que el poder debía tener límites precisos, contralores o reglas. Con vaselina y efectos especiales, se borró el matiz entre el poder y el abuso de poder. Lejos de sentir rechazo o aversión por esa desmesura, mucha gente adhería a ella, creyendo ver el hambre en la gula, la fortaleza en la ambición, la astucia en la vileza, la inteligencia en la capacidad de disimulo. Gobernaba Carlos Menem y María Julia Alsogaray estaba en su apogeo.

–Mmmm…. ¿No sobreactúa?

Esta observación, referida a Néstor Kirchner, viene repitiéndose en charlas de bar y artículos periodísticos desde hace un par de semanas. El “Mmmm…” deja entrever cierta vacilación no exenta de una dosis de adhesión. Quien dice “Mmmm…” está diciendo: estoy de acuerdo con los puntos sobre las íes a los militares, con la purga policial, con el visto bueno a las extradiciones, con la voluntad de anular las leyes de punto final y obediencia debida, con el apriete a la Corte, en fin, con todos esos Grandes Rasgos K, pero el “¿No sobreactúa?” deja entrever a su vez cierta adhesión no exenta de una dosis de vacilación. La frase completa significaría: estoy de acuerdo con las medidas que el tipo ha ido tomando en estos meses, pero todo junto, todo coherente, todo seguido, todo tan fuerte… ¿Qué gato encierra?