El viaje

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–¿Y si nos vamos un fin de semana largo al sur?
–¿Quiénes? ¿Vos y yo?
–Y sí.
–¿Al sur?
–¿No te gusta? Podemos esquiar…
–¿Vos y yo un fin de semana largo al sur?
–Ay, che, si en el verano nos fuimos a la costa.
–Sí, pero la costa queda más cerca.
–En avión al sur son dos horas.
–Séee…
–¿No te gusta el sur?
–Sí, pero… ¿Vos te acordás que en el verano nos peleamos tres veces?
–¡Pero por pavadas, Anita! ¡Si el año pasado nos fuimos a Uruguay y también lo pasamos súper!
–¿Me estás cargando? ¡Ni nos hablábamos!
–¡Vos te empacaste! Pero fue re lindo… Qué ganas de irme unos días… Dale, ¿vamos al sur?
–Rita, este verano también volvimos sin hablarnos.
–¡Porque vos tenés mal carácter! Pero no por eso…
–Yo no tengo mal carácter. Pero convivir con vos es…
–¿Qué?
–Rita, parecés una adolescente. Dejás todo tirado, ponés la tele a todo lo que da, fumás sin parar, vas al baño y dejás la puerta abierta, usás mi ropa sin pedirme permiso…
–Ah, qué boba, ésas son boludeces, si la pasamos súper… ¿No te acordás cómo nos reímos cuando llegamos y perdimos las valijas?
–Yo no me reía, vos sola te reías. Y las valijas las perdiste vos.
–Anita, no te hagas la estrecha. ¿Me vas a decir que no te gusta viajar conmigo?
–La verdad, no. Prefiero quedarme en mi casa.
–Qué guacha, nena, qué guacha.
–Seré guacha, pero yo con vos no viajo más.
–¿Y vos te creés que yo con vos la paso bien? Siempre con esa cara de orto, siempre leyendo un librito, siempre ordenando todo, siempre acostándote temprano… Un plomo sos, para que sepas.
–¿Y entonces? ¿Para qué querés que vayamos juntas al sur?
–¿Y con quién querés que vaya?

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