Publicaciones archivadas

Todos unidos resistiremos

Pronuncian su nombre con fervor. Lo acentúan demasiado en la é. Dicen esa palabra como si fuera un mantra. O un club al que pertenecen, o un signo del horóscopo que les interesa especialmente. Transpiran código entre ellos. “¿Vos ves ‘Resistiré’?”, dicen como si el hecho los convirtiera en parientes. “Me voy a casa a mirar ‘Resistiré’”, argumentan como si ese enunciado debiera entenderse como algo impostergable. “¿Estás viendo ‘Resistiré’?”, preguntan ansiosamente por teléfono, para compartir algún suspenso. “¿Viste ayer ‘Resistiré’?”, deslizan como una invitación al diálogo. “¡Me perdí ‘Resistiré’!”, exclaman en forma de queja sobreactuada. Entre las numerosas innovaciones de esa telenovela, algunas de las no menos importantes han ocurrido no de aquel lado de la pantalla, sino de éste. Continuar leyendo…

Arreglarse

–Pero el pelo lo tiene desarreglado. Eso tenés que reconocerlo –me dijo la señora de 75 años, muy bien puesta, con la que había entablado conversación en el Jumbo de Palermo. La señora se refería a Cristina Kirchner. Continuar leyendo…

Deshágase la luz

Lo bueno de trabajar a destajo y sin tregua durante toda la semana es que uno llega reventado a su casa y puede darse una ducha y sentirse desmayar en la cama mientras mira un rato de televisión. Lo cual es imposible los sábados, porque los sábados uno no trabaja, pero en mi caso y en mi casa tampoco puede ducharse ni mirar tele. En mi cuadra, últimamente los sábados Edenor corta la luz y con la luz se va el agua. Dos sábados seguidos sin luz ni agua, con el teléfono inalámbrico mudo y, por el otro, el que uno ha conservado justamente para esas ocasiones en las que se corta la luz, operadores muy amables surgen de un 0-800 para dar explicaciones técnicas que parecen jodas para Tinelli pero no. Continuar leyendo…

Taxi

Era l972. No me acuerdo si Perón ya había vuelto o estaba por volver. Pero sí me acuerdo que estábamos con mi mamá, tiradas en su cama, mirando fijamente la pantalla. Hacía muy poco que en la casa había dos televisores. Ella y yo, que tenía trece años, íbamos a ver el primer capítulo de “Rolando Rivas…”. Creo que el recuerdo es tan nítido porque fue la primera telenovela que miré, con ojos todavía semi-infantiles. Ahora, a la distancia, también creo que para ver cualquier telenovela es un requisito fundamental tener esos ojos semi-infantiles. Las repeticiones, las obviedades, los subrayados innecesarios con los que trabajan las telenovelas, se parecen un poco a ese “subtitulado en castellano” que uno busca en las cajitas del Blockbuster cuando llueve y los chicos quieren mirar películas. Ante la telenovela, uno debe investir los propios ojos con cierta puerilidad que lo mantenga unido a la trama, debe sostenerse ahí cumpliendo su parte del pacto con el género: ser fanático de una telenovela es, en cierto modo, redescubrirse púber. Continuar leyendo…



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