Publicaciones archivadas

Familias

Una de las cosas que ponen en descarada evidencia las fiestas es que cada vez hay menos familias como Dios manda. La publicidad, esa fuente de espejos del presente cuya finalidad de máxima es construir espejos a futuro, muestra familias todo el tiempo: la familia es uno de los soportes predilectos para hacer girar esos mensajes. Habrán visto esa de agua mineral poco gasificada, en uno de cuyos extremos un aspirante a suegro escucha en tintineo del vaso de un posible yerno huidizo, y lo confunde con un llamado de atención para pedir la mano de la novia. O habrán visto, en gráfica, la de una joyería impactante que abrió sus puertas el año que termina –allí y sólo allí se venden piezas de Tiffany’s–, en la que gente re-bien se sonríe con recato y se abraza con la exacta cuota de énfasis que pudieron rescatar del internado suizo, mientras en sus muñecas apenas se dejan ver relojes de las mejores marcas, siempre lisos y siempre exentos de esos chiches que volverían locos a los hermanos Conzi, y en los lóbulos de las mujeres brillan pequeños aros cuya escasa dimensión sólo habla de autenticidad, legitimidad y certeza de kilates. En un extremo, el mondo campanelliano rozando los modales de la mafia y los conflictos a flor de piel, pero subyugado por la noción de que la familia unida jamás será vencida. En el otro, un mundo extractado y aggiornado de La edad de la inocencia, en el que los modales reemplazan a la moral y los conflictos jamás ladran, sólo consumen a sus víctimas. Continuar leyendo…

Aquel brote general

[Durante el día, el 19 de diciembre de 2001 fue el territorio de los saqueos. Durante la noche, el de las cacerolas. A esos dos impactos se sumó el de la represión y más muertes del 20. Qué alumbraron esas jornadas que fueron capaces de despedir un gobierno. Las sensaciones y los debates.]

Las cosas iban mal desde hacía mucho. La Argentina era un Tren Fantasma en el que cada uno, a bordo de su carrito descarrilado, gritaba de espanto en cada curva. Una curva y ¡horror!: el recuerdo fresco de Menem. Otra curva y ¡horror!: la Alianza era un bochorno. Una curva más y ¡horror!: Cavallo de nuevo. La curva siguiente y ¡horror!: Chacho Alvarez se iba en medio de la denuncia sobre coimas en el Senado, pero decía que seguía apoyando a ese gobierno coimero, clausurando con esa decisión inexplicable la posibilidad colectiva de dar pelea contra los Muertos Vivos. Después el Tren Fantasma no dio tregua y ya ni siquiera había tiempo de respirar entre curva y curva. Estábamos entregados a ese agobio de comprender que la alternancia política en la Argentina era una farsa, y que radicales y peronistas se tragaban, como plantas carnívoras, al Frepaso y con él, según la lectura de muchos, al país capaz de hacer sin violencia su propio tratamiento de desintoxicación. Continuar leyendo…



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