Publicaciones archivadas

Silvio y el café de ayer

Tenía veintidós años, esa edad de esplendor vivida en una hierba mal regada por los tiempos aquellos, feroces, aniquiladores. Escuché por primera vez a Silvio Rodríguez en plena dictadura, mucho antes de Malvinas, cuando nada hacía sospechar que el monstruo fuera a trastabillar. Lo escuché en un casete regrabado y pasado de mano en mano, y en general las manos que se lo habían pasado estaban acostumbradas a hacer play en otra cosa. Los sonidos acústicos no eran bien vistos entre los veinteañeros de esa época, madurados a dedo por el rock. La fe, por aquel entonces, se enchufaba. Continuar leyendo…

La guerra “snuff”

No pasará mucho tiempo antes de que algún cable de agencia indique que se ha descubierto que las fotografías digitales de torturas a prisioneros iraquíes fueron incorporadas en algún sitio porno. Tal vez esas fotografías ya estén formando parte de los catálogos secretos del mundo del snuff, que parece ser más que una leyenda si se toman en cuenta las desviaciones perversas que guarda, en sus sobacos, la cultura cuáquera que se autoindica como el “camino del bien”. Continuar leyendo…

¿Entiende?

¿Entiende?, dice el señor Blumberg sin signos de interrogación. Casi lo afirma: usted entiende. ¿Qué entiende usted, que es su interlocutor, usted que lo está entrevistando, si es periodista, o que lo está escuchando, si es oyente de radio o telespectador? La muletilla del señor Blumberg apela a la racionalidad y al sentido común del que tiene delante. ¿Entiende? Nadie le dice que no entiende. Lo que dice el señor Blumberg es sencillo, coherente y claro, como la consigna de su cruzada: todos por Axel por la vida de nuestros hijos. ¿Quién osaría no entender que no puede oponerse a ser empático con el dolor de un padre que ha perdido a su hijo? ¿Quién puede rehusarse a adherir a una causa cuyo objeto es la preservación de la seguridad de los hijos de todos? El señor Blumberg se hace entender y no corre riesgos retóricos cuando pregunta “¿Entiende?”. Sería diferente si el señor Blumberg dijera: “¿Está de acuerdo?” o “¿Me explico?”, por ejemplo. Entreabriría una puerta que permanece cerrada, porque para empezar el “¿Entiende?” da por sentado que él es el portavoz de lo que hay que entender (él es El Que Ya Ha Entendido), y por otra parte enuncia un discurso cerrado sobre sí mismo, que adelanta al posible disenso un “no entendimiento” de la palabra Blumberg. El que disienta con él es porque no lo entiende. Blumberg, si es cuestionado, es porque es incomprendido. Continuar leyendo…



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