Pogo

Menos mal que me dejé convencer. El sábado pasado fuimos con la nena al Luna Park a ver a la Bersuit. Pasé años padeciendo esos productos para púberes lamentablemente tan bien hechos que uno puede combatirlos solamente desde la ideología. ¿No ves que cantan mal?, les dice uno, y a ellos qué les importa si cantan mal. Además, está probado que los chicos desarrollan anticuerpos voraces contra las bajadas de línea domésticas, de modo que si uno fuese un verdadero estratega debería probar a hacerse fan de Erreway, comprarse todo el merchandising disponible, colgar posters de Cris Morena en el living de casa, servirles a los chicos la merienda con la remera de Mambrú puesta, en fin, sacar chapa de alienado: estoy segura de que daría resultado pero nunca junté coraje. La cosa es que llevaba muchos años sin ir a estadios, porque tanta gente junta en un espacio cerrado me atosiga. Pero tomé esa ida al Luna como parte de la educación de la nena. Hace unos meses, mágicamente, ella dijo que Benjamín Rojas, el rubio de Rebelde Way, está rebueno, pero que el programa era “una estupidez”. Escuché en silencio y reprimí las ganas de gritarle: “¡Yo te dije! ¡Te lo dije!”. Más o menos para esa misma época, no me acuerdo exactamente qué pasó –creo que la pisé, o me la llevé por delante–, dije “sorry”. Ella me miró súbitamente con desprecio, y observó: “No digas sorry, que es grasa”. Ok, pensé. Pasamos a otra etapa. Aleluya. Dios existe. Continuar leyendo…