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Subte D

Subte D, viernes, ocho de la noche. No mucha gente. Ya pasó la hora pico. Todos los asientos están ocupados, pero no son tantos los que van parados. Entre ellos hay un pequeño grupo de turistas norteamericanos muy jóvenes, cuatro o cinco. Hablan muy fuerte su lenguaje gomoso que parece extraído de HBO. En la estación Tribunales suben tres nenas pobres y desarregladas, aunque a ninguna de las tres les faltan sus trenzas. ¿Qué querrá decir una trenza en la cabeza de una nena pobre? ¿Qué mano y con qué propósito la habrá hecho? ¿A qué hora? ¿Habrá, esa mano, acariciado esa cabeza después de terminar de hacer la trenza? Dejan este tipo de dudas estas nenas. Una de ellas empieza a cantar una canción de Ricky Martin. Canta muy mal, pero su voz aflautada llena el vagón y, apenas termina, comienza su recorrido para recolectar monedas. Las otras dos nenas la siguen, como excéntricos guardaespaldas. La nena estira la mano ante un oficinista con cara de agotado. El mete la mano en el bolsillo y extiende cincuenta centavos. La nena agarra la moneda, pero en lugar de embolsarla y seguir su recorrido, agarra también la mano del oficinista, que se pone ligeramente en guardia. La nena se estira hacia la mejilla de él. Estampa un beso ahí. El oficinista sonríe. Dice: “De nada”, porque la nena después del beso le dijo: “Gracias”. La nena sigue el recorrido en la misma fila de asientos. Todos los pasajeros dan monedas y con todos se repite el rito. Gracias, de nada, beso. Continuar leyendo…

La lección de catch

En la Escuela Nº 8 de Clorinda, Formosa, a cada uno de los 970 alumnos le corresponden diez centavos por día para comer. No nos atreveríamos a darle diez centavos de propina al chico del delivery que nos trae la pizza el domingo a la noche, ni le dejaríamos diez centavos al mozo del bar de la esquina. Pero con una moneda como ésa, de una insignificancia insultante, es que deben alimentarse cada uno de los 970 alumnos de la Escuela Nº 8 de Clorinda. Continuar leyendo…

La tanda

A quince kilómetros de Catamarca está el Departamento de Fray Mamerto Esquiú. En el Departamento de Fray Mamerto Esquiú hay un pueblo que se llama La Falda y una posta en la que los vecinos reciben la única ayuda oficial: algunas cajas de leche. Más de la mitad de los chicos que las reciben están desnutridos. Padecen hambre crónica. Sus padres y madres también fueron niños desnutridos. La médica Mercedes Chalave, a cargo del centro asistencial de Fray Mamerto Esquiú, declara al diario El Ancasti, no se sabe si con más resignación que indignación o viceversa, que “la desnutrición siempre existió, al menos en los últimos veinte años en los que trabajé en la posta de San Antonio”. ¿Qué significa que alguien diga que “la desnutrición siempre existió”? ¿Que está haciendo una denuncia o que está describiendo un estado inmodificable de las cosas? Continuar leyendo…

Placer, no

No quieren que sus chicos tengan educación sexual en el colegio como materia obligatoria. No quieren que en algo tan íntimo y tan importante como la sexualidad tenga una de las riendas el Estado. No quieren ni escuchar hablar de un proyecto que impulsa una diputada de la ciudad que tiene como asesor a un homosexual. No quieren que en la escuela se use la palabra “género”, porque sostienen que Dios nos hace hombres o mujeres, y la voluntad divina no incluye los matices. No quieren que a sus hijos se les hable de masturbación y menos todavía que no se les hable mal de la masturbación. No quieren que se atente contra esa trinchera última que en su momento fue la primera: sobre células heterosexuales y creyentes es que se edificó este magnífico organismo social en el que la gente es tan feliz. Continuar leyendo…



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