Pintada

Conocí a Mariana Schapiro porque por suerte a ella le gustaban mis notas y hace un par de años, sin habernos visto nunca personalmente, me llamó para pedirme que le escribiera un texto para el catálogo de la muestra que iba a hacer en el Centro Cultural Recoleta. Son esas coordenadas de empatía que uno caza en el aire.
Normalmente hubiese pretextado mucho trabajo, pero mi oído ya había cazado la mariposa: le dije que para escribir sobre su obra tenía que conocerla, y nos citamos para unos días más tarde en su casa-taller. No es una casa común. En la puerta de entrada no hay un picaporte de esos que se pueden comprar en el Easy, sino un pescadito de hierro que adelanta, mudo y colorido, que en esa casa de dos plantas ocupadas por los talleres de Mariana y de su marido hay un universo complejo y maravilloso, más que creado, tejido con paciencia y alegría. Continuar leyendo…