Publicaciones archivadas

Vestirse y ser desvestido

[A 25 años de la muerte de Roland Barthes.]

Con Barthes fue un amor a primera lectura y, de hecho, mi propio trabajo periodístico fue orientándose, sin proponérmelo, alrededor de sus Mitologías. Había leído esos ensayos en la facultad y me habían marcado profundamente. Algunos en especial. Por ejemplo, uno en el que analiza comparativamente las secciones de gastronomía de las revistas Paris Match y Elle de la década del ’60. ¿Cómo interpretar semiológicamente la foto de una terrina gelatinada a todo color y en papel satinado? ¿Qué se puede entender a partir de una manga repostera que distribuye la crema chantilly en forma de rosas rococó? Las observaciones de Barthes me partieron el cráneo, porque gracias a ellas entendí no sólo cuál es el mensaje de una terrina gelatinada, sino sobre todo para qué sirve la semiología. El confirmaba una intuición: en materia de análisis y observación, es la mirada del mitólogo la que debe orientarse hacia su objeto, y por lo general el objeto más pródigo en señales y jugos es aquel que está más a la vista, el que consume mucha gente, el que nos acompaña relajadamente, sin misterios; es en el sentido común en donde se agazapa y se enmascara la ideología. En lo más nimio, lo más banal y lo más frecuente hay atrapada información de alta complejidad que aquel que estáatento puede desentrañar. Continuar leyendo…

Yo, consumidor

Las viejas fotos familiares a veces guardan secretos políticos. Es increíble aunque usted no lo crea. Pruebe a encontrar y revolver la vieja caja con fotos de la infancia. Si usted pertenece a la clase media que, gorila o peronista, conoció la Bristol y tuvo el primer autito en los ‘50, pruebe a ver las viejas fotos de sus abuelos, sus padres, sus tíos, aun aquellas que pertenecen a una época en la que usted no había nacido. Verá, probablemente, algún casamiento celebrado en el salón de la casa, con parientes emperifollados y platos decorados con canapés caseros de huevos rellenos con paté. No mire los primeros planos, mire los fondos. Verá paredes tal vez descascaradas, aparadores aparatosos, acaso alguna bombita de luz desnuda de su lámpara. Verá la torta de tres pisos y, más allá, la inconveniencia de una cortina matamoscas. Verá, en fin, cierto vaivén social entre la casa en la que vivían y celebraban sus acontecimientos esas personas y el ímpetu festivo de sus caras, el brillo de sus ojos, el satén de los vestidos de las mujeres, la elegancia de esos sombreritos que se usaban, la impostura con la que los hombres llevaban puestos sus trajes, el inocultable almidón en los cuellos de sus camisas. Continuar leyendo…

Felicidad

La palabra que pronunció el lunes, en su asunción, Tabaré Vázquez quedó retumbando sobre el río, y la trajo el viento. Felicidad. Es una palabra fuerte que padece desde hace siglos el ahogo al que la someten los engranajes del poder, civiles, militares y eclesiásticos. Es una de esas palabras rellenas como caramelos. Una palabra esponjosa que hace demasiada agua a la boca. Una palabra rescatada de canciones estúpidas, de ilusiones adolescentes, de publicidades engañosas, de sinsentidos televisivos, de tés canasta, de concursos de belleza, de universos disímiles pero confluyentes en un borde banal. Una palabra operada como una de las rubias menemistas, intervenida, interceptada, rehén de miles de dispositivos dispuestos y aceitados a lo largo del tiempo para desviar el tempestuoso caudal que guarda en sus cuatro sílabas. La felicidad siempre fue subversiva, dicho esto sin ningún doble sentido. Desde que nacemos el Orden que llega desde afuera y el que llevamos incrustado en la cabeza nos hace trampa, nos pone la venda. Con la felicidad no hacemos más que jugar al gallito ciego, y sólo los afortunados, los valientes y los tontos logran rozarla. Continuar leyendo…



Copyright © 2004–2009. All rights reserved.

RSS Feed. This blog is proudly powered by Wordpress and uses Modern Clix, a theme by Rodrigo Galindez.