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Lugares comunes

Los lugares comunes están llenos de sorpresas. No es bueno dar las cosas por sentadas, sobre todo en la Argentina, un país en el que las cosas que se dan por sentadas un buen día se levantan y le pegan a uno un garrotazo en la cabeza. El miércoles de esta semana, Ricardo López Murphy y Mauricio Macri lanzaron, después de arduas negociaciones, una coalición que fue ubicada, de acuerdo a diferentes medios gráficos, en el “centro”, en el “centroderecha” y en la “derecha”, lo cual puede hablar más del lugar desde donde se los mira que del lugar en el que López Murphy y Macri están parados. Del centro a la derecha, nadie duda. La Nación tituló “Lanzó el centro su coalición para competir en octubre”. Este diario, “A la derecha de su televisor, señora”. ¿Pero dónde están parados esos dos hombres que el miércoles levantaron los brazos sonrientes, vestidos ambos con pantalones grises, blazers azules y camisas celestes, como promotores del país que auspician, pulcro, sobrio, ordenado, recién salido de la tintorería? Continuar leyendo…

Banderitas

Las banderitas de Radio 10 le pusieron sal a una mañana porteña sin la pimienta del Tedéum en la Catedral. Mientras en la radio instaban a los oyentes a llevarlas para un curioso plan canje –una bandera de Radio 10 a cambio de una remera de la Rock&Pop–, el tránsito en la ciudad, despejadito por el feriado, reflejaba ciertos trapitos al sol que la iniciativa de la emisora favorita de los taxistas de Buenos Aires hizo flamear. Continuar leyendo…

Mucho pedir

Parece que fue hace tanto que Juan Carlos Blumberg apareció en escena. Todo lo que vino con él no se adivinaba con claridad en la primera marcha, cuando una multitud entremezclada hizo su arribo a la Plaza del Congreso con pancartas que reclamaban “Justicia”. Blumberg hoy ya no importa, o mejor dicho: lo que él representó en su momento decantó y ya no importa. Eran épocas en las que la palabra “seguridad” asomaba como un ariete que poco después sería usado y abusado por la derecha. Hoy en la agenda periodística y política ya no figuran los secuestros extorsivos, y aunque parece que fue hace tanto no fue hace mucho que el paisaje que pintaban los medios era el de madres que no dejaban ir a sus hijos a jugar a las plazas por miedo a que fueran secuestrados. La Argentina es un país vertiginoso, en el que las pasiones públicas se agitan rápido y la gente se deja arder en ellas. A fines del año pasado, otra noción de la “seguridad” abonó la paranoia argenta, que como toda paranoia tiene bases concretas. Las madres ya dejaban a sus hijos ir a jugar a las plazas, pero no los dejarían ir a bailar a discotecas después de Cromañón. Esta otra “inseguridad” fue transversal, atrozmente democrática: en Cromañón había chicos de todos los sectores sociales, de clase trabajadora en su mayoría, pero también de clase media y de más arriba. Y Cromañón lo que dijo, como símbolo del desastre argentino, es: todo puede pasar, hay tragedias latentes, bombas de tiempo, trampas cazabobos. Nadie vela por el otro. Ni el dueño de un boliche por sus clientes, ni los músicos por sus fans, ni los funcionarios municipales por los ciudadanos. Estamos parados en un piso flotante que puede hundirse. Esta sociedad tiene un piso flotante que puede hundirse. No hay contrato entre el piso que pisamos y nuestros pies: el piso debería atajarnos, contenernos, sostenernos, pero puede hundirse. Y se hundió en Cromañón y se tragó 193 vidas adolescentes. Y Omar Chabán, el dueño del boliche, quedará en libertad. Continuar leyendo…

¿Todos tenemos algo que ocultar?

“Doble vida. Todos tenemos algo que ocultar.” La nueva ficción de América arrancó bien: 14 puntos. El elenco parece una obra en construcción al revés: los ladrillos sostienen a los clavos. Juanita Viale hace mohínes, pero allí está Daniel Kusniezka. Pamela David apabulla con su envoltorio despampanante, pero Romina Ricci actúa. Moria Casán se sobreadapta al papel de “ex Miss Mundo devenida en fotógrafa de fama internacional”, pero Claudia Lapacó da cátedra vestida de agente de seguridad de un supermercado. El casting de Doble vida es, en principio, una curiosidad, un cóctel, un in vitro que probablemente marcará época. A caballo entre tiras con elencos cuyo máximo aporte es ser tapas de Gente, y de productos de los otros, generados a partir de una idea clara y de realización impecable, Doble vida se ofrece como algo rico que no engorda, como algo entretenido que no abochorna. Pero el título. El título, qué joya. Continuar leyendo…



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