Publicaciones archivadas

Desechos

Veámoslo así: hay algo de confesional en los dos bandos, aunque uno de ellos no sabe exactamente cuál es el nombre de su fe, y el otro no es exactamente un bando, sino un espectro que de pronto toma cuerpo y ataca. El mundo occidental cree ciegamente en una deidad que a veces invoca bajo el nombre de libertad, pero cuya filiación es siamesa del mercado. Occidente desespera ante enemigos que encarnan de una manera cada vez más tajante Lo Extraño y Lo Otro. No tiene reflejos para enfrentarse a una identidad fantasmática que acecha desde las sombras y parece solidificarse cada vez más ante las opciones líquidas que ofrece el modo de vida norteamericano o europeo. Si hay una guerra, Occidente la ganaría. Pero lo que asoma no es una guerra convencional: se parece más bien a la irrupción de un malestar constante, a un estado aletargado de amenaza. De Oriente viene una lógica desconocida, enloquecedora. El Islam logra captar muchachos que gozaron desde su nacimiento de todos los beneficios de la vida moderna occidental. Los capta y los empuja a inmolarse porque, por algún resquicio, por alguna ranura que los occidentales no logran detectar, se cuelan el odio y el resentimiento, pero también el desprecio. Esos muchachos, que hasta hace muy poco tiempo pronunciaban la palabra “nosotros” para referirse a sus compañeros de clase o de equipo de fútbol, fueron persuadidos, de alguna extraña manera –esa manera, por lo misteriosa e ininteligible, es lo que más inquieta–, de sentirse miembros de “otro nosotros”. Los dos bandos fabrican terror. Lo de Londres está fresco. En los últimos dos años, murieron 25.000 civiles iraquíes. Continuar leyendo…

Amores líquidos

Antes la gente “enamoraba”, después se “relacionaba” y ahora se “conecta”. Antes el amor suponía la posibilidad de intensas consecuencias, más tarde las relaciones impusieron la noción de funcionalidad emocional y ahora la conexión no presume ni siquiera de deseo: alcanza con las “ganas” de conectarse, de “estar” conectado, el tiempo y el modo son decisiones unilaterales: cuando las “ganas” se terminan, uno se desconecta, como en una eutanasia de entrecasa de los vínculos humanos, porque la conexión no se establece de individuo a individuo sino con una red. La red, como todo el mundo sabe, dispensa de la verdad. En la red se puede mentir. Esa nueva forma de comunicación puede implicar, como soporte anónimo y fantasmático, que alguien que es hombre pretenda ser mujer, que alguien de trece años pretenda tener treinta o viceversa: así se infiltran los pedófilos en los sitios púberes, pretendiendo ser uno de ellos. Estos cambios son los que analiza en El amor líquido el sociólogo alemán Zygmunt Bauman, partiendo de la noción que ya había tomado en La modernidad líquida: esta época refuta la solidez y la durabilidad de las emociones y los sentimientos. Lo sólido resulta insoportable. Somos moldeados por las leyes de la economía de mercado para ampararnos en la velocidad con la que todo lo líquido se nos escurre de las manos y la cabeza: necesitamos liquidez para movernos como empresas unipersonales, pero también para sacarnos de encima la idea de que cualquier cosa que elijamos (un par de zapatos, un marido, un dirigente político) nos comprometerá a algo más allá de una circunstancia. Somos, en fin, gente frágil que se viste, se casa o se embandera en función de coyunturas y oportunidades que no deben perderse, como algunas ofertas. Vivimos el momento, pero lo vivimos mal: es desde nuestra discapacidad para aceptar que nuestras decisiones vienen de un pasado y comprometen el futuro que elegimos el parpadeo y nunca la mirada profunda. Continuar leyendo…

Calditos

El juzgado de Segunda Nominación de Santiago del Estero y el Penal de Menores tuvieron trabajo en los últimos días de junio. Es que el personal de turno del juzgado tuvo que ocuparse de “devolver” a dos chicos a sus padres y el del Penal de recibir a un detenido más después de que fueran detenidos por personal de seguridad de un conocido supermercado del centro de la ciudad, nada menos que con unos cuantos calditos en los bolsillos. Continuar leyendo…



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