Publicaciones archivadas

Yo me propongo

En este 2006 tan prometedor, como toda cosa que recién empieza y más todavía como toda cosa que ni siquiera empezó, me propongo realizar algunos de mis sueños y terminar con algunas de mis obsesiones. Pero todos los años me propongo lo mismo y nunca me cumplo, así que ha llegado la hora de ser realista. Esta vez el principio de año me encuentra con la guardia en alto y mi lista es la siguiente: me propongo no dejar de fumar, es más: quizá hasta llegue al atado diario completo. Me propongo no alimentarme mejor y seguir combinando yogures descremados con ravioles. Me propongo olvidarme una vez más de hablar con la profesora de matemáticas de mi hija y tener que escuchar sus berridos porque soy una madre ausente que le ocasionará quién sabe qué identificaciones espantosas. Me propongo no ahorrar plata y seguir excusándome cada fin de mes con un pueril: “¡Si no me compré nada!”. Me propongo no ser más coqueta ni más femenina y seguir pidiendo y faltando a los turnos que me da la cosmetóloga. Me propongo no ser racional ni prudente, y seguir arrojándome en piletas en las que no hay agua. Me propongo no ser piadosa conmigo y castigarme mentalmente por las heridas que me causa mi propio arrojo (nadie, nunca, me insultó con tantas ganas como me insulto yo: si no probaron, prueben; podría patentar esta terapia de autoayuda invertida que practico conmigo: “Insúltese, va a ver qué mal se siente”). Me propongo continuar con esta manía fetichista de comprarme zapatos de taco alto y no estrenarlos. Me propongo no parar ni de escribir ni de pensar ni de acariciar ni de llamar ni de actuar como si los quince no los tuviera en un rincón del corazón, sino bien repartidos por todas partes. Me propongo, en fin, dejar de lidiar conmigo misma y aceptar que, en suerte, en el sorteo, me toqué yo.

Navidad

Lo difícil de la Navidad es que hay una Navidad. Para los agnósticos, ateos o creyentes heterodoxos, eso es lo difícil. La Navidad sería más fácil si no existiera. Debe ser más ligero –supone uno– rendirse ante la liturgia navideña si uno está salpicado de un poco de espíritu religioso, o por lo menos si se es mujer y se es lectora de Para Ti y se usa el tiempo en prepararse para “una noche de Fiesta”. Pero para aquellos a quienes no nos ha sido concedida la gracia de la fe ni el descanso de la estupidez, la Navidad concentra un núcleo duro de emociones habitualmente dispersas. Continuar leyendo…

Femenino/masculino

Cada tanto, casi siempre desde Estados Unidos, llegan noticias sobre lo masculino y lo femenino. Llegan en esos libros ya inmersos en un halo que hace más fácil su consumo: “Quince semanas como el libro más vendido según el The New York Times”, “Treinta ediciones agotadas”, etc. No es un halo de prestigio, precisamente. Estos libros que hablan de lo masculino y lo femenino no pretenden instalarse como piezas literarias, sino como centros de debate y fenómenos de ventas. El éxito que los acompaña lo que hace es traducirnos: este libro habla de algo que interesa a millones de personas. Los suplementos literarios no se ocupan de ellos. No es parte de su mecánica indagar cuál es el resorte que hace que millones de personas, sobre todo si son norteamericanas, se interesen en un libro. Desde la periferia, damos por sentado que los norteamericanos son personas extrañas que dominan el mundo pero que yacen en una pileta intelectual llena de musgo y sarro. Pero esos libros se venden acá también. Continuar leyendo…

Demasiado

Es demasiado –dice ella, hablando de ellas. Hace un rato acaban de darse a conocer los nombres de las nuevas titulares de Economía y Defensa. Las designaciones causaron efectos colaterales imprevistos. Ella es docente, progre, culta. Continuar leyendo…



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