Publicaciones archivadas

Del palo

Este 24 el terrorismo de Estado cayó aniquilado bajo el fuego helado del sentido común. Este 24 en las mesas redondas de la televisión a nadie se le ocurrió invitar a alguien que disintiera con la idea de que el golpe del ’76 inauguró la época más negra e infame de la historia argentina del siglo XX. Este 24 todos los canales, todas las radios y todos los diarios dieron por hecho que en los ’70 no hubo dos demonios, sino organizaciones armadas para cuyo exterminio se hizo necesario también el exterminio de miles de sospechosos que no fueron sometidos a juicio sino secuestrados y asesinados sistemáticamente. Pero no fueron así nuestros 24 de marzo anteriores. Esta verdad que se apoya en miles de testimonios y causas penales no fue aceptada por los medios de comunicación argentinos por la evidencia y el peso de los hechos. Los treinta años y el contexto político hicieron este año que los medios consensuaran la versión que, hasta hace apenas unos años, sólo sostenía Página/12. Continuar leyendo…

Ese día

Venimos de una fiesta con un equipo de hockey chileno. Es de noche. En el club, cuando bajamos del micro, un poco borrachos, alguien nos dice que tenemos que apurarnos y subir a los autos de nuestros padres, que nos están esperando. Hubo un golpe. Yo no sé nada de política. Soy una jugadora de hockey que está ligeramente mareada y que quiere irse a dormir. Continuar leyendo…

¿Ahí abajo también?

Esto es el colmo. ¿También ahí hay que rejuvenecer? ¡También ahí hay que rejuvenecer! Continuar leyendo…

Tela rasgada

“Pocas veces quedé tan cansado como esa noche. Al otro día le dije a mi hermano que estaba angustiado; que no sabía cuántas noches como ésa nos quedaban por delante.” Así terminaba su crónica Mariano, que tiene treinta y muy pocos, después de relatar extensamente cómo vivió su santo jueves en River, su noche Stone. Sensaciones semejantes a las que describió Mariano refirieron otros, más o menos jóvenes que él, sobre la fiesta de U2. El correo electrónico funcionó esta semana como un soporte de decenas de cronistas deseosos de comunicar ese tipo de excitación sudorosa y viral que se vivió en esos conciertos, aunque con los matices propios que exuda cada banda. Gente de veinte o cuarenta, con reflejos hormonales activados y autónomos. Gente con necesidad de expulsar algo de lo que tragó toda esa noche; gente lactante ávida de buena leche; gente con súbita vocación de chequear que eso que le atravesaba el pecho no era algo individual, sino una porción de la torta gigantesca de la que habían formado parte; gente buscando que el hechizo se convirtiera en palabras, y gente que, como Mariano, advertía que las palabras no designan casi nunca lo mejor que nos pasa: que lo mejor que nos pasa no se escribe, se siente; que no se comunica, se comparte; que no se dice, se vive. Continuar leyendo…



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