Archive for August, 2006

Ese duelo

Friday, August 25th, 2006

Dos días después de hacerme un aborto, fui a una reunión social en la que había una mujer que poco antes había perdido su embarazo de seis meses. Todos trataban de estar alegres y ocurrentes, pero al mismo tiempo de medirse, de guardar cierto recato. Y aunque esa mujer era muy fuerte y conversaba y sonreía, costaba mucho esfuerzo disipar la nube de angustia y sufrimiento que la envolvía. Me acerqué a ella en un momento, y a pesar de que no nos conocíamos mucho, me habló de lo que le había pasado. Me dijo que tenía la sensación de que todo era irreal. Me dijo que su cuerpo estaba en esa fiesta, pero que su alma estaba en otra parte. No sé por qué me lo dijo a mí, pero la escuché. Yo del aborto no le dije nada. ¿Qué iba a decirle? ¿Qué yo había decidido interrumpir un embarazo, justo a ella que no lo había decidido y lo había perdido? Era claro que esa mujer estaba sumergida en un duelo del que le costaría mucho salir.

Del duelo del aborto, en cambio, no se habla. Como no se habla del aborto, no se habla del duelo del aborto. (more…)

Situación límite

Thursday, August 24th, 2006

La carta apareció publicada en el diario pampeano La Arena. La firmaba una mujer, María Elena Balquinta. Esa mujer, según contaba en la carta, tiene 36 años. Apenas 36 años. Y tiene seis hijos y un nieto. Y tiene, además, una historia triste que se fue prolongando y terminó en desesperación.

Esa mujer, hace nueve años, escapó junto con sus hijos de una situación de violencia doméstica. Eso quiere decir que esa mujer tenía un marido golpeador. Y que se rescató a sí misma y rescató a sus seis hijos de la violencia.

Desde entonces, sigue contando ella, deambula. Usa esa palabra. Está harta de deambular con sus seis hijos y su nieto. De molestar. De estar de sobra. De no poder ofrecerles nada, que a su vez equivale a no poder ofrecerse nada a sí misma. Esa mujer trabaja como mucama en un hotel de Santa Rosa. Cobra 400 pesos por mes. Y con eso le alcanza, apenas, para darles de comer a sus hijos una vez por día. Eso es todo. Ni soñar con un alquiler. Ni soñar con un techo propio.

En la carta, esa mujer dijo: “Estoy sola con mis seis hijos y mi nieto. No tengo casa ni muebles. No sé qué hacer. Por eso tomé la decisión de vender mis órganos o cambiarlos por un lugar en donde pueda vivir en paz con mi familia. Por unos días estaré parando en Lope de Vega 665. Después no sé”.

Ese párrafo dice todo. Parar unos días. Después no saber. Esa mujer solamente tiene su cuerpo y quiere vender sus órganos para tener un poco de paz. Para dejar de parar en casas de amigos o familiares que a los cinco o seis días se hartan de tantos huéspedes. Esa mujer decidió canjear sus órganos para poder vivir en un lugar.

Discapacidad adquirida

Friday, August 18th, 2006

Tiene cuatro años, no camina, sus miembros estás atrofiados. Vive en Santa Elena, Entre Ríos. El chiquito no nació con problemas de discapacidad. Puede hablarse en este caso de una discapacidad adquirida en la pobreza. El, junto a dos hermanitos bebés, fue hallado por la terapista ocupacional Miriam Walter, en una familia de esa localidad sumida en las más extremas carencias. Fue el hambre, la desnutrición la que provocó ese estado de discapacidad.

El chiquito tiene cuatro años pero pesa solamente diez kilos y mide 85 centímetros. Su comportamiento es el de un niño de un año y medio. Así lo afectó el hambre. Así se fue consumiendo desde hace cuatro años, cuando nació en esa zona castigada por la miseria. No es que nadie sabía de ellos. En varias oportunidades se habló de su caso, pero recién el 5 de agosto los niños fueron internados en el Hospital Maternal de Santa Elena. El chiquito de cuatro años y sus hermanitos bebés forman parte de una familia numerosa, integrada por trece personas.

La terapista ocupacional Miriam Walter declaró que un equipo interdisciplinario pudo ocuparse del caso después de una conversación con la madre. Se decidió llevar un médico a la casa, y allí se vio el horror. Era un horror perfectamente previsible y anunciado: la madre de los niños también padece una discapacidad producto de su propia desnutrición. El caso emerge como un testimonio de la desnutrición crónica, sus protagonistas, sus consecuencias, su indignidad, su profundización, su efecto devastador. Es la pobreza estructural, la que viven aquellos a los que no va a parar ningún intento de recuperación ni de inclusión.

Esta familia de Santa Elena no se cayó de ninguna clase en la crisis. No padece sus males y sus dolores porque fue afectada por las políticas de privatizaciones o de concentración de la riqueza. Esta familia puebla, en cambio, el margen que esta sociedad siempre reservó para los menos que humanos.

Estos niños condenados a una vida degradada y tremenda no forman parte de ninguna agenda. Están ahí, sean o no detectados por asistentes sociales, médicos, terapistas, gente de buena fe. Están, lo sabemos, porque es inevitable saberlo. Son la basura que hemos corrido debajo de la alfombra. Es ese espectáculo tan sórdido y revulsivo que hasta nos negamos a ver. Son cuerpos deformes, vejeces prematuras, idioteces, mentes idas, afectos vacíos, mundos inimaginables.

Están ahí.

El álbum de fotos

Tuesday, August 1st, 2006

(del libro Perdonen nuestros placeres)

Las hemos ido tomando, las hemos ido guardando, por ejemplo, en este álbum: las fotografías tienen siempre una pretensión que cumplen, acaso, una sola vez. Una sola y magnífica vez. Porque los álbumes de fotos germinan en las casas como semillas casi inevitables, buscando dejar constancias, eternizar momentos, hacerle trucos al olvido. Pero en una vida hay muchos más momentos para fotografiar que instantes en los que mirar fotografías. Y es todavía más escaso ese momento justo, preciso como una pieza de reloj antiguo, en el que capturamos en nosotras la predisposición del alma para mirar fotografías. Si aparece, los ojos se conectan con esos seres que están ahí –acaso nosotras mismas, antes–, y el pasado vuelve, nos envuelve, nos devuelve.