Archive for September, 2006

Ocupantes

Saturday, September 30th, 2006

Margarita Augeraux tiene 63 años y es la propietaria de una vivienda ubicada en la calle Casiano Casas, en Rosario. La vivienda de Margarita Augeraux fue usurpada por la familia Silva, y la dueña, como suele pasar en estos casos, litigaba para recuperar el dominio del inmueble.

El cable de noticias no indica ni explicita los afanes de Margarita Augeraux por echar de una buena vez a la familia Silva, pero es previsible que la señora haya pedido, ordenado, intimado repetidas veces a los Silva para que juntaran sus miserables pertenencias y se volvieran al sitio de donde habían llegado y de donde nunca tendrían que haber salido, la calle. Que se fueran a la calle junto con los linyeras y las ratas, que se fueran a ninguna parte, en todo caso, pero que se fueran. Algo así, despreciativo, algo cargado de odio, se desprende de los actos de Margarita Augeraux, quien esta semana parece haberse cansado de pedir y decidió actuar.

Lo hizo. Roció con kerosén la casa y le prendió fuego, con toda la familia Silva adentro. María Elena Silva, de 24 años, madre de Caila, de 1, y de Agustina, de 5, junto a Héctor Silva, de 55, estaban en la casa cuando el fuego empezó a comer las paredes y el humo se metió en ella como un monstruo justiciero.

La madre y la hija menor sufrieron quemaduras de diverso grado y están hospitalizadas. La niña mayor, la de 5, Agustina, terminó con el 70 por ciento de la superficie de su cuerpo quemada, y ahora está debatiéndose entre la vida y la muerte en la terapia intensiva del Hospital de Niños Víctor J. Vilela, de Rosario. Es asistida con respirador mecánico.

Margarita Augereaux fue detenida “preventivamente”, consigna la noticia. El caso fue derivado al Juzgado de Instrucción 9, cuyo titular, el juez Carlos Carbone, deberá definir ahora su situación procesal. A todas luces se trató de una tentativa de homicidio. El hecho de que las víctimas hayan sido ocupantes y la acusada propietaria, ¿constituirá un atenuante?

Los peces banana

Sunday, September 10th, 2006

Los peces banana tienen debilidad por las bananas. No es una forma de decir. Las bananas hacen salir a flote toda la debilidad de los peces banana. Se lo pasan rastreando pozos en los que haya bananas. Cuando encuentran uno, se aproximan a él como si fueran peces comunes. Pero una vez que entraron, se comportan como cochinos. Se ha escuchado de peces banana que fueron capaces de comerse, en su ataque de gula, setenta y ocho bananas. Lo que ellos ignoran mientras están en pleno festín es que mientras comen, engordan. Y tanto, que cuando quieren salir del pozo ya no pueden. Contraen fiebre bananífera y mueren.

Esto es lo que le cuenta, en Un día perfecto para el pez banana, Seymour Glass a Sybil, una niñita que acaba de conocer en la playa y por quien han temblado millones de lectores de J. D. Salinger. Seymour es un hombre desequilibrado, y está solo, en el mar, con Sybil. El punto culminante de ese temblor llega cuando el narrador acaba de decir que los peces banana son capaces de comerse setenta y ocho bananas, y un guión le permite indicar que Seymour “empujó al flotador y a su pasajera treinta centímetros más cerca del horizonte”.

Pero Seymour ríe con Sybil. Se enternece con Sybil. Juega un rato más con ella y se despide. Se pone su bata y vuelve a su habitación del hotel. Allí comprueba que su esposa –está de luna de miel– está dormida, y se pega un tiro en la cabeza. (more…)

La bolsa negra

Thursday, September 7th, 2006

Los vecinos de Fiorito, en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, le dicen “la bolsa negra” porque se parece a las bolsas de basura. Pero “la bolsa negra” contiene alimentos. Los que son tratados como basura son los pobres que la reciben. Y son más de 300 familias que están alarmadas porque el contenido de “la bolsa negra” fue mermando, y en la diferencia entre lo que contenía y lo que contiene ahora, desde hace unos tres meses, se juega nada menos que la supervivencia de los integrantes de esas familias. Es el caso de Matías.
Matías tiene 6 años y le diagnosticaron desnutrición en grado uno. El niño vive con Reina Medina, de 70 años, su abuela, porque su madre lo abandonó a los dos meses de nacido y su padre está preso en Olmos. Reina Medina también está a cargo de otro hijo suyo, discapacitado, de 44 años.

Quienes se quejan gritan que “la bolsa negra” contiene la mitad de alimentos que antes. Ahora trae una leche en polvo, un paquete de cacao, 2 latas de picadillo, una bolsa de porotos, una lata de arvejas y un frasco de mermelada.

Se supone que con eso comen todo un mes esas familias. ¿Quién puede sostener semejante suposición sin una cuota considerable de cinismo?

Matías y Reina viven en una casita muy humilde en La Isla, una franja de tierra bordeada por las vías del ferrocarril Belgrano, y un zanjón afluente del contaminado arroyo Unamuno. La bolsa que recibe Reina la entrega la Sociedad de Fomento Roberto Arlt, y pertenece a uno de los cuatro programas alimentarios que existen en la comuna. Jorge Pérez, funcionario municipal encargado de repartir la mercadería, admitió que el contenido de las bolsas es menor y que ellos elevaron sus quejas a la Secretaría de Desarrollo Social municipal, y que ahí les dijeron que así es como llega la mercadería desde Nación. El teléfono roto burocrático hace que todo el mundo pretenda salir sonriendo en la foto, pero todos son cómplices de la desnutrición de Matías y de tantos otros niños de ese cordón del conurbano.

Reina Medina, que a su vez y a su edad colabora con Che Pibe, una organización barrial que contiene a unos 400 chicos, no puede evitar que la salud de su nieto se vea perforada por el hambre. Y “la bolsa negra” es lo único que recibe. Antes cobraba el Plan Jefes, pero se lo sacaron porque Matías no tiene documentos.

Reina Medina podría pelear: el Estado debe proveer de documentos a los ciudadanos, y también debe subsidiar a los discapacitados. Pero ella está vieja y vive lejos de los lugares donde rigen las leyes. Allí en La Isla nadie se acuerda ni conoce las leyes. El hambre no deja pensar. Parece parte de una trama siniestra. Los rehenes del hambre siempre están disponibles para una mano amiga cuando se acerquen las elecciones.

Dormir solas

Friday, September 1st, 2006

(del libro Perdonen nuestros placeres, editado por V&R)

La cama es un mundo que es nuestro. Somos dueñas esta noche de sus leyes. Somos soberanas con laureles de esta sábana blanca que huele a azahar. Antes de dejarnos doblegar por el sueño, somos felices. Brevemente. Discretamente. Nadie nos obedece, no obedecemos a nadie. En esta cama no hay ningún juego de poder. Qué bella manera de descansar.