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septiembre 2006

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Las palabras monstruo y mostrar tienen una raíz común. Hay algo en el monstruo que exige ser visto, exhibido o imaginado. El monstruo existe para que los demás sepan que existe. Aunque permanezca oculto, la entidad del monstruo requiere ser completada por alguien que le tema, por alguien que huya de él, y que lo constituya. Para eso durante los ’70 hubo hombres como el ex comisario general Miguel Etchecolatz, cuyo solo nombre, en la provincia de Buenos Aires, provocaba escalofríos.

La revelación de que Juan José Alvarez fue agente de la SIDE durante la dictadura, y que fue incorporado a ese organismo recomendado por el ex general Albano Harguindeguy, sigue rebotando de un modo curioso en la clase política. Absorbidos por su propio juego electoral, se limitan a traducir los hechos a una sola lengua, a un solo dialecto, el único que parecen entender: se saltean a Alvarez-agente de la SIDE y avanzan directamente sobre el mecanismo que hizo que esa verdad saltara a la luz pública.

Los peces banana tienen debilidad por las bananas. No es una forma de decir. Las bananas hacen salir a flote toda la debilidad de los peces banana. Se lo pasan rastreando pozos en los que haya bananas. Cuando encuentran uno, se aproximan a él como si fueran peces comunes. Pero una vez que entraron, se comportan como cochinos. Se ha escuchado de peces banana que fueron capaces de comerse, en su ataque de gula, setenta y ocho bananas. Lo que ellos ignoran mientras están en pleno festín es que mientras comen, engordan. Y tanto, que cuando quieren salir del pozo ya no pueden. Contraen fiebre bananífera y mueren.

[Miguel FitzGerald fue el primer argentino en volar a las islas y plantar la Bandera nacional. Lo hizo en 1964, piloteando un Cessna, el día de su cumpleaños. Dejó una proclama y regresó.]

En la casa de Miguel FitzGerald hay mucho movimiento, porque le festejan sus 80 años. Y él, hijo de padre y de madre irlandeses, acomoda su cuerpo alto y flaco en un sillón del living para relatar la hazaña de su vida. Es su propio festejo. Quizá Miguel no lo sabe. Al menos por la forma en que lo cuenta, pareciera que aterrizar en las islas Malvinas en l964, difundir una proclama y plantar una bandera argentina en ese suelo fue una ocurrencia que tuvo. Va desgranando paso a paso esa historia tan familiarizada con él, que una primera impresión puede hacerle a uno pensar que Miguel no le da demasiada importancia, que hizo algo que creía que debía hacerse, y ya. Pero Miguel llevó a cabo, hace 42 años, un sueño que tuvo, y su Cessna quedó estampado en ese año que lo tuvo por protagonista.

Nadie se imaginaba que cuando Maradona se hizo una escapadita a Italia mientras todavía era el conductor de La Noche del Diez, íbamos a estar condenados este año a la réplica local de aquel programa italiano. La viveza tinellesca puso en carpeta a esos famosos bailando por el sueño de algún anónimo que a su vez había pasado por un casting de baile. El mix aseguraba un show de baile aceptable (por favor, por favor, quiero pasar un día entero sin escuchar que alguien pronuncie la palabra “coach”), y prensa garantizada por la rivalidad entre famosos, todo condimentado por un jurado con roles establecidos entre los que hay un malo y una buena.

Los vecinos de Fiorito, en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, le dicen “la bolsa negra” porque se parece a las bolsas de basura. Pero “la bolsa negra” contiene alimentos. Los que son tratados como basura son los pobres que la reciben. Y son más de 300 familias que están alarmadas porque el contenido de “la bolsa negra” fue mermando, y en la diferencia entre lo que contenía y lo que contiene ahora, desde hace unos tres meses, se juega nada menos que la supervivencia de los integrantes de esas familias. Es el caso de Matías.

Los argentinos de mediana edad nos pasamos media vida escuchando hablar de la seguridad. La seguridad nacional y su doctrina era la vacuna que necesitaba este país, decían ellos cuando éramos muy jóvenes, para expulsar de sí lo que no les era propio. Porque también decían que no les eran propias a este país algunas ideas, y había que eliminar a quienes las sostuvieran. En aquella época, en la que la censura era censura y los dictadores, dictadores, ellos eligieron la palabra seguridad para elaborar una estrategia de venta ideológica del modelo que habían decidido aplicar.

[El arzobispo de Buenos Aires dio misa en la Iglesia de San Ramón Nonato. Pero con Blumberg entre la feligresía, más que del aborto habló de la necesidad de conmoverse por lo que le pasa al prójimo.]

La espléndida mañana acompañó las fiesta patronales de San Ramón Nonato. Una iglesia sencilla, allí donde termina Floresta, era ayer el centro de atención del barrio, porque desde temprano estaba en la sacristía el cardenal Jorge Bergoglio, para dar misa de diez. Entre las decenas de mujeres embarazadas que poblaban las naves y los asientos, una figura distrajo durante la hora de misa los flashes de los fotógrafos. Juan Carlos Blumberg hizo acto de presencia, acaso esperando una presencia recíproca por la tarde. Pero cuando la misa terminó, la puerta de la sacristía fue celosamente cerrada y Bergoglio prefirió evitar el saludo personal. No obstante, el cardenal instó a conmoverse con lo que le pasa al prójimo, especialmente al prójimo que ha sido víctima de la delincuencia, y abandonar el “no te metás”.