Archive for November, 2006

Fantasmas y absolución

Tuesday, November 28th, 2006

El hecho en sí mismo, recortado, en este caso casi decapitado de su contexto, suena horrible, es revulsivo, no mueve a compasión. Pero recortar este hecho, decapitarlo de su contexto, equivaldría a una injusticia, y es bueno celebrar cuando la justicia es justa.

Una joven madre que mata a su bebé no puede sino enrarecer el aire a su alrededor. Pero el aire alrededor de esa chica, María Elizabeth Díaz, estuvo siempre enrarecido. Es posible, muy posible, que cada noche en la que de pequeña era abusada esa chica no haya tenido conciencia ni del abuso ni de la injusticia que se estaba cometiendo en su contra. Cuando se nace mercancía y no persona, se soporta ese destino. Conciencia de persona tienen los otros, no los que desde chicos habitan un mundo en el que hay fuertes que los aplastan cotidianamente bajo la mirada de tantos. Hay testigos, pero no parecen reaccionar como si se estuviera ante crimen alguno: en esos feudos, en esos nichos de poderosos de los que dependen familias enteras, ¿una mujer abusada reacciona? ¿Y una niña? ¿Cómo reacciona una niña que es esclavizada sexualmente y que crece junto con una clara noción del poder, la debilidad, la resignación, la imposibilidad de escapatoria? (more…)

La llave de López

Saturday, November 25th, 2006

A lo largo de estos dos meses, desde este mismo espacio, me pregunté varias veces, y desde diferentes perspectivas, por qué el secuestro de Jorge Julio López estaba siendo minimizado colectivamente. Hubo semanas enteras en las que el tema redundó: desapareció. Eso en sí mismo merece atención.

Veámoslo así: en un determinado país una dictadura militar se impone con el consenso de una opinión pública formateada por la clase dominante, el mismo formateo cerebral que luego hará que esa opinión pública acepte su propia domesticación. Había que implantar un régimen totalitario. Para ello, fue necesario aniquilar a una generación. Prisioneros sin juicio ni consecuentes acusaciones precisas fueron exterminados en campos clandestinos. La opinión pública no acusaba recibo ni de los operativos nocturnos que había en cada cuadra ni de los hijos de los amigos de los cuñados de los vecinos, que desaparecían. (more…)

Estado casting

Friday, November 17th, 2006

A pesar de que es una palabra prestada por otra lengua y, a pesar incluso de que aún no hemos logrado que todos los habitantes del suelo argentino dominen correctamente la nuestra, casi nadie ignora qué es un casting. Es más: esa palabra no sólo designa a esta altura esa ceremonia de ribetes perversos en la que un grupo de personas debe demostrar delante de un jurado examinador que cada una de ellas es la más apta de todas, sino además un sinnúmero de situaciones cotidianas en las que se repite ese mecanismo tan enchastrado (estoy luchando con mi barra de herramientas, que insiste en cambiarme “enchastrado” por “encastrado”: ¿será un acto fallido virtual?), me obstino: ese mecanismo tan enchastrado de la ley de mercado. El casting es una forma de vida bajo la ley del mercado. Muchos candidatos/as para un solo lugar.

Presencié algunos castings y juro que son tenebrosos. Y eso que en todos ellos yo estaba del lado del jurado. No quiero imaginarme (digo esto porque me lo imagino bastante bien) qué se debe sentir del lado del aspirante. (more…)

Turistas con otros planes

Saturday, November 11th, 2006

Maya creció en un pueblo norteamericano de poco más de trescientos habitantes. A pocos kilómetros de allí creció Tom, su marido y el padre de sus cuatro hijas. Pero Maya y Tom no se conocieron en un McDonald’s ni en esas kermesses campesinas yanquis en las que se canta música country y los hombres usan sombreros y las mujeres el pelo batido. El flechazo fue en el campo, pero en Japón. Es que Maya y Tom son desde muy jóvenes ese tipo de ciudadanos globales que se están multiplicando y que deambulan sin apuro por latitudes extrañas, excéntricas, si por centro de este mundo se toma su país de origen.

Desde hace algunos años Maya está en Buenos Aires, como tantos otros extranjeros que llegaron a ver qué pintaba por el Sur y se colgaron de eso que visto de afuera es tan atractivo y visto de adentro es agotador: todo lo que pasa. La realidad de los países centrales les parece, a esos extranjeros, una naturaleza muerta comparada con el frenesí político y cultural de los países emergentes por los que ellos se pasean. Y Buenos Aires, opinan, está que arde. En los bares de Palermo o de San Telmo es corriente ver al rubio o a la rubia sentados con un nativo –un porteño de esos que no desaprovechan oportunidades– enseñándoles castellano. Muchos de los extranjeros que llegan se quedan pegados: quieren aprender el idioma y bailar tango, por supuesto. Pero van por más. Han venido a buscar al compadrito que las vuelva locas. Creen que Buenos Aires es un reservorio de un tipo de masculinidad que en el Norte se extingue, acechada por la metrosexualidad. (more…)

Mujeres que corren a todos

Friday, November 3rd, 2006

Hace ya algunos años, el libro de la norteamericana Clarissa Pinkola Estes, Mujeres que corren con lobos, causó un furor pocas veces visto entre el público lector femenino con alguna, aunque fuera mínima, conciencia de género. Fue uno de esos sucesos editoriales que surgen cuando un libro habla de algo que está en el aire y todavía no fue dicho. Mujeres… invistió y habilitó para millones de lectoras de todo el mundo la faceta guerrera femenina no como una contradicción, sino como un complemento de la feminidad profunda. Puede decirse, se me ocurre ahora, que Mujeres… fue un libro que incorporó cierta tendencia fálica como propia e inherente al género.

Su éxito dice entre otras cosas que eso estaba sucediendo en la realidad y que no estaba todavía conceptualizado. Hace algunos años, se usaba la palabra “fálica” como una acusación. (more…)

Todos duermen

Wednesday, November 1st, 2006

(del libro Perdonen nuestros placeres)

Nos despertamos y qué rabia, es tan temprano. Hacemos cuentas en duermevela: podríamos dormir una o dos horas más. Pero no hay caso. Y sigilosas, salimos de la cama. Todos duermen. Hacemos magia con los picaportes, las escaleras, las celosías. Somos mimos que se desplazan por la casa con los movimientos más ligeros y leves. Ya no importa estar despiertas. O mejor dicho: qué dicha ver por la ventana el espectáculo anaranjado del amanecer. Miramos la cafetera, que descansa sobre el fuego. El silencio es tan intenso que hasta esa llama tan pequeña se puede oír. Ya con la taza de café en las manos aspiramos el perfume de la vigilia.