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mayo 2007

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Estábamos parados en la plaza, justo enfrente de una de las entradas principales de Constitución. Donde están las paradas de los colectivos. Donde hay todavía quioscos de diarios y puestos en los que vendían pochoclo, chupetines, maníes y café. Veíamos desde allí cómo flameaba la bandera argentina sobre el cartel que decía Estación Constitución. Esa cacofonía y la bandera que nosotros cuatro odiábamos nos hizo detenernos y mirar hacia arriba. Eramos raros en aquella época. Lectores del Expreso Imaginario y de Ungaretti, rockeros pelilargos, artesanos en ébano y marfil, adolescentes con secundario completo y un futuro inimaginable.

La vida es amable y fácil sólo para los demás. Cuando se trata de uno, las cosas suelen ser bastante complicadas. Los demás, algunos de los demás, disfrutan. Uno los ve en la calle, en el barrio o en las revistas. Disfrutan del auto nuevo si es que se han comprado uno, o de un amor imprevisto, si es que se han enamorado y son correspondidos, o de una buena sopa casera charlando con la pareja, mientras los niños alborotan la casa. Este último ejemplo, este último verbo, mejor dicho, ilustra perfectamente lo que quiero decir: los niños de algunos de los demás alborotan la casa, mientras los hijos de uno hinchan las pelotas. Perdón por el término, pero no es reemplazable.

“Nos separamos hace tiempo porque la convivencia se tornó imposible”, fue el título elegido por el diario chileno Ultimas Noticias para la entrevista en la que el ex presidente argentino se decidió a blanquear su situación conyugal. Lo forzaron a ello las tetas de Cecilia Bolocco al aire en un hotel lujoso de Miami, en el que tomaba sol junto al empresario italiano Luciano Marocchino: la verdad incontrastable de que a Cecilia ya no le alcanza con conducir festivales de la canción vestida con transparencias excesivamente transparentes para una señora fina. Ni darse piquitos con los invitados a su programa. La chica que arde por empezar una nueva etapa de su vida, que consiste en resexuarse, ahora que entró en la cuarentena y queda poco tiempo para curtir su costado Miss Mundo.

En ese programa hay gordos que quieren bajar de peso y adelgazan televisados: para muchos, ésa es una situación estimulante. La vida televisada suele ser estimulante para quienes ya están expuestos a sus radiaciones. Uno podría dividir a la gente entre los que concursarían en un programa de televisión y los que no. Me imagino ya mismo una de aquellas ArqueTipas que escribía en las contratapas de Las/12, esos dialoguitos telefónicos entre mujeres que estaban desconcertadas:

–¡Hola! ¡Si estás durmiendo, despertate!

–¿Qué pasa?

Una marca de desodorantes femeninos se avivó: el romanticismo está en crisis. Esa misma marca tenía una legendaria campaña, que duró años, según la cual una mujer que se ponía alguna de esas fragancias podía prepararse para ser objeto de impulsos románticos masculinos. La estela de perfume que dejaba ella al pasar a su lado provocaba en un hombre el deseo de regalarle flores. La marca de desodorantes ahora plantea un llamamiento a los varones: en uno de sus spots, él, con quien ella ya tiene una relación amorosa, le da una cajita como las que en las películas contienen los anillos de compromiso. Pero en su interior ella encuentra una llave, que no es la de la felicidad, y ni siquiera la de la casa de él. Es la llave de abajo, para que ella se vaya sola a la madrugada, y él pueda seguir durmiendo.