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julio 2007

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Junichiro Tamikazi, un ensayista y novelista que como otros grandes nombres de la literatura del Japón fundó su obra en la nostalgia de una tradición milenaria que se les estaba escapando de las manos, escribió un libro que tiene por nombre el mismo que este artículo y que es una extraordinaria reflexión sobre el papel de la sombra en la vida cotidiana de ese país. A lo largo de la historia, Occidente buscó e inventó maneras eficaces de iluminar sus escenas públicas y privadas. Oriente, por el contrario, desarrolló su cultura en la penumbra, haciendo de la luz no una constante, sino una aparición, una ráfaga.

Ella se llamaba María Marta García Belsunce y él se llama Carlos Carrascosa. Desde que a ella la mataron, el caso se conoce como “García Belsunce”, y a lo mejor ese detalle revela algo de esta historia. Mejor dicho: no de la historia en sí misma, sino en cómo ese crimen capturó la atención de la opinión pública en los últimos años, y recién pudo competir con el caso Dalmasso, en el que hay otros datos mucho más inquietantes, pero un solo apellido.