Devolverlos
Monday, August 27th, 2007
La primera vocación que creí tener fue la sociología. Me inscribí en un año desafortunado, 1976, y ya he relatado en alguna oportunidad la sórdida experiencia que fueron esos pocos meses, tratando de saber qué materias uno estaba cursando o quién era el profesor titular: eso sucedía mientras las Fuerzas Armadas tomaban las primeras medidas, que incluían la desaparición de gran parte del cuerpo docente de esa carrera.
De todos modos, yo ya había descubierto que algo insoportable se interponía entre la sociología y yo: las estadísticas. Sintetizando, a mí la única parte que realmente me interesaba de lo que la sociología podía ofrecerme era la cualitativa. Podía comprender racionalmente el valor de lo cuantitativo, pero, ¿estudiar eso? (more…)
En la contratapa del sábado 11, “María en el bosque”, escribí sobre los trastornos alimentarios de mi hija de quince años, acompañando, creo, un interés de ella por testimoniar públicamente sobre este nuevo tipo de dolor que ataca a las adolescentes. Hasta ahora mi trabajo como periodista me había puesto muchas otras veces frente a personas de todas las edades que querían testimoniar sobre sus diversos tipos de dolor. Hablar es una manera de descargar, y en este caso de vomitar, pero con un mundo simbólico ya acolchando el síntoma, con el Yo a salvo entre los símbolos que ordenan nuestra relación con el mundo y los demás.
La vi como nunca la había visto ni me imaginé que la vería. Esa tarde en que abrí la puerta de su cuarto ya intranquila porque no contestaba a mis llamados, la vi arrodillada al lado de una palangana. Estaba con el pelo atado y comía un tostado de jamón y queso que sostenía con las dos manos. Iba a comerlo y a vomitarlo. No pude decir nada. Cerré muy despacio la puerta del cuarto y bajé la escalera sintiendo que los escalones eran las ramas de un árbol.
Es el mejor amigo del hombre, e incluso de la mujer, pero así y todo, el perro es un tema. Posiblemente dentro de poco me compre uno, porque he llegado a una etapa en la que necesito que alguien me reciba contento cuando llego a casa. Tengo una hija adolescente.