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octubre 2007

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Resulta casi imposible separar la biografía de la nueva presidenta de la de su marido, el actual. Algo que no debería sorprender si se tiene en cuenta la construcción que llevó del 22 por ciento alcanzado por Kirchner a lo logrado por ella ayer. Desde los lejanos y gloriosos días de La Plata a la larga estadía en la Quinta de Olivos, pasando por ese inhóspito paraje llamado Santa Cruz. Historia de una mujer que no se deja encasillar solo como mujer.

Lo vi hace poco, en el Teatro Alvear. Con Boy Olmi estábamos conduciendo la entrega de los premios Cultura Nación, que distinguió este primer año la trayectoria de veinte grandes nombres de la música y las artes plásticas. Antes de que se abriera el telón los premiados posaban para los fotógrafos. Era una fotografía fuerte. No voy a dar la lista porque es antinarrativo, pero diré: entre ellos estaba León Ferrari.

Cuando un militar, cualquiera fuera su rango, desmentía que el Proceso de Reorganización Nacional estaba en realidad reorganizando el país a través de la eliminación sistemática de los opositores, mentía. Obviamente mentía. Desmentir la verdad es mentir. Pero que en este caso no fuera un militar sino un cura hace de esa mentira algo todavía más ruin. Como diría Pessoa, “vil en el sentido exacto de la vileza”.