Publicaciones archivadas

Guardar y tirar

Creo que era Carmen la que estaba hablando sobre un texto, decía algo sobre raspar el fondo de la olla, y ahí saltó Rodolfo, que tiene 22 años y ya es sociólogo, y gritó: “¡Sí, eso cambió! ¡Nosotros no soportamos los culitos de las botellas de Coca!”. Lo que siguió fue una sucesión de asociaciones entre todos, como si algo se nos hubiese revelado, y eso pasa cuando se descubre algo que es percibido colateralmente y no ha sido nombrado. Continuar leyendo…

Amar y flirtear

El amor en general es maltratado en los medios de comunicación masiva. El amor es el tema insoslayable de los folletines, de las canciones melódicas y las canciones pop, de las películas de Hollywood y de muchos best sellers de autoayuda. El amor también es un tema de culto, como saben los fanáticos de algunos directores coreanos que nos vienen a decir, desde latitudes y ritos muy distintos a los nuestros, sus puntos de vista sobre ese sentimiento. El amor es un tema de la ópera. Y de la narrativa, por supuesto. Pero muy pocos llegan a leer esos cuentos y novelas, o a presenciar una ópera, o a ver cine coreano, como hace unas décadas los jóvenes veían cine francés. Continuar leyendo…

A la derecha con Moria

En la final de “Bailando por un sueño”, Moria Casán dijo que el resultado de la votación del público entre Paula Robles y Celina Rucci le importaba a la gente mucho más que el resultado de las elecciones. Yo no vi la final, pero ese fragmento fue repetido en varios programas. Subrayado, entonces, por el recorte en seco que provoca la repetición de ese momento, me asaltó una indignación atroz, un ataque de ovarios contra esa mujer que cuando yo era adolescente, encarnaba en las ficciones con Olmedo y Porcel –-ella y Susana Giménez fueron las dos grandes sex symbols de los años de plomo– una picaresca reaccionaria, acorde con la época. Continuar leyendo…

El sinsentido

No es algo sobre lo que uno se ponga frecuentemente a pensar. Uno no piensa en el sinsentido. Mientras se busca el sentido de las cosas, al sinsentido se lo padece o se lo goza. A uno no puede serle indiferente el sinsentido. Desde el primer instante del despertar, como personas sueltas y como especie mamífera con conciencia de su finitud, no hacemos otra cosa que intentar darle un sentido especialmente a lo imprevisto, a lo accidental, a lo doloroso. Necesitamos algo que justifique o explique lo que nos da tanto miedo. Continuar leyendo…



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