Publicaciones archivadas

Las cirugías mentales

En lo que llevamos de democracia hubo, creo, tres momentos como éste. La Semana Santa de las Felices Pascuas, la renuncia de Chacho Alvarez y el 2001. Momentos que históricamente son como un caldito de ésos que uno le pone a lo que cocina para darle sabor. Sustancia altamente concentrada. Momentos que fueron puntualmente el lugar en el que los caminos se bifurcan. Continuar leyendo…

Dolor País

Son las ocho menos cinco de la noche. Escribo en Palermo y cuando abrí el Word por la ventana se escuchaban los cacerolazos que acaban de terminar. Empezaron cuando terminó de hablar Cristina, y duraron diez minutos. Fueron, yo diría, como una reacción intestinal. Continuar leyendo…

La plaza de las Trillizas

Hace rato que el campo seduce a la ciudad, tanto como la ciudad seduce al campo. “Yo estoy con el campo”, se leía ayer en las pancartas cuadraditas que exhibían jóvenes de look Cardon, una marca que, dicho sea de paso, tiene en Palermo su “torre rural”. Parece una bizarrada argentina, y acaso lo sea, pero en el sitio web de la marca que impuso la ropa de estancia entre jóvenes y adultos que de estancieros tienen poco, se indica que sus emprendimientos inmobiliarios se originaron en el deseo de que la gente del campo “se sienta en la ciudad como en su casa”. Continuar leyendo…

El segundo pecado original

Hubo una vez un matrimonio que formaron los escritores Sara Gallardo y Héctor A. Murena. Se encontraron y se quedaron juntos allá por el ’70, mutuamente deslumbrados por la sintonía del dolor existencial que padecían. Continuar leyendo…

¿Quién quiere ser una perra?

Acabo de escribir el título, y me quedé mirándolo. Nunca escribo los títulos antes que las columnas. Las perras me estuvieron persiguiendo durante este último tiempo, en varias de sus versiones. Perras como Gema, la chihuahua de mi hija, que pertenece a un reino semántico derivado de la película Legalmente rubia y sobre el que podría escribir un texto entero. Esa película, que mandó al reino de las mejor-pagas-de-Hollywood a Reese Whiterspoon, ídola de las púberes, dejó un tendal en materia de tendencia y estética chihuahua. Hay que agregar que Kate Moss tiene una. Las chicas tienen hembritas. Son, digamos, perras de belleza interior, que saben apreciar adolescentes contrariadas por los parámetros normales de belleza. O perras, como algunas mujeres que hacen guachadas propias de mujeres, otro tema que viene asomando a destajo de la conciencia de género, pero por propia conciencia de género ya se puede ir ventilando: hemos reivindicado la solidaridad de género como bandera política y emocional femenina. Pero a medida que las mujeres van llegando a lugares de poder, en toda la escala social, hemos comprobado muchas veces que hay mujeres dominadas por un sentimiento equivalente a la misoginia, y que yo llamaría “hostilidad hacia el propio género”. Mujeres que guardan en sí resabios de prejuicios patriarcales, sumados a esa dinamita que es la envidia femenina. El resultado, amigos, es letal. Continuar leyendo…

Ser siervos y prosperar

Discípulo de Billy Graham, encontró un nicho envidiable, el de predicarles a los hispanos de EE.UU. ese evangelismo de la prosperidad capitalista, el del ascenso espiritual y material. Sus festivales en el Obelisco permitieron observar en funcionamiento a sus “células” de “doce siervos” y el espectacular merchandising.

El sol todavía cae en picada sobre el enorme escenario montado en la 9 de Julio cuando Luis Palau, un rato antes de lo anunciado y con apenas una cuadra y media de audiencia acalorada, sale al escenario a hablarle al público infantil. Como todo el mundo sabe, el público infantil es más difícil de conquistar que el adulto. “¿Quién es el rey más superpoderoso de todo el mundo?”, pregunta Palau ante un auditorio que parece preferir seguir viendo payasos y bailarines y que no vitoreó su salida escénica. “¿Quién es el rey más todopoderoso de todo el mundo?”, repite. Si hay algo de lo que Luis Palau no se cansa, es de repetir las cosas. El público infantil y hasta los padres del público infantil titubean ante la pregunta. “Jesús”, dicen algunos. “Dios”, dicen otros. “¡Muy bien! ¡Muy bien! ¡Es Dios!” despliega su técnica el predicador. “¿A ver, los varones? ¡Dios! ¿A ver las nenas? ¡Dios!” No hay mucho entusiasmo. Es que al entusiasmo de Palau cuesta empardarlo. Parece conectado a un motor de energía permanente, autoseducido por sus dotes de orador multitudinario. Continuar leyendo…

Me dejaron pensando

Hola, queridos.

Es la primera vez que escribo algo especialmente destinado a este blog, que hasta ahora se ha limitado a reunir sólo artículos ya publicados. La ocasión lo merece.

Ustedes saben que canal 7 levantó Dejámelo pensar, el programa que conducíamos diariamente desde hace un año y medio con Boy Olmi (un sueño de persona, un encanto hecho hombre).

Me duele, me duele, no puedo evitarlo. Me duele que me hayan engañado, psicopateado, jodido. No tengo naturalizado este estado de indefensión y de indignidad al que mucha buena gente que me conoce y me quiere llama “la tele”, “es la tele”, “así es la tele”. Yo les pregunto: “¿Pero así también es la tele pública?”, y ellos contestan. “La tele y la guita, la tele y el poder, así es la tele”.

Te quiero mucho Claudio, te quiero mucho Ernesto, te quiero mucho Hugo, pero no veo por qué debo masticar un atropello meciéndome con ese latiguillo, “así es la tele”, cuando tengo miles de motivos personales para no hacerlo. Para empezar a levantarme no el programa sino el ánimo, diré que escribo esto con la mayor de las ventajas, y en realidad sólo lo hago alumbrada por esa misma ventaja: no busco nada y no espero nada, en lo personal, de la política de medios de este gobierno, cuyos funcionarios me han maltratado. Continuar leyendo…

La guerra y la paz

En Miss Simpatía, Sandra Bullock era una agente de policía que tenía que infiltrarse en un concurso de belleza para descubrir no sé qué cosa. Las candidatas a reina eran estereotipos de mujeres unineuronales, rubias taradas de pueblitos sureños norteamericanos de ésos en los que el día más interesante del año es Halloween. Chicas bobas pero sin maldad. Y sin ni un poco de morbo propiamente dicho. El morbo norteamericano, para el gran público, es la estupidez. Continuar leyendo…

Unos amores difíciles

Vivimos en el tiempo de los amores efímeros, pero añoramos el flirteo. Los vínculos son fatalmente frágiles, pero el sufrimiento por amor sigue siendo algo muy duro. En su nuevo libro Amar y flirtear, Sandra Russo elaboró un contrapunto entre Adam Phillips y Zygmunt Bauman, aceptando la fatalidad de la época líquida, pero apostando aún a algunos sentimientos sólidos.

por Violeta Gorodischer

“Llorarás más de diez veces por amor, romperán más de diez veces tu corazón”, dice Leo Mattioli en una de sus canciones más conocidas, esa que todavía sigue sonando en la tele, en la radio y en más de una fiesta que se despacha a mitad de la noche con la cumbia romántica a todo volumen. Un mensaje que ya es familiar no sólo por la popularidad de la letra sino porque se multiplica también en los discursos masivos sobre el amor: desde la telenovela y el bolero, hasta las películas de Hollywood, las canciones pop, la ópera e incluso la narrativa contemporánea. Siempre, de una u otra manera, se sufre. “Quizá cierto malestar de época esté relacionado con el hecho de que no existan discursos para auxiliarnos sobre nuestras preocupaciones amorosas, o mejor dicho: los discursos circulantes provienen del folletín, del bolero, Montaner, esas cosas mejores o peores, pero que lo único que dicen es lo mismo que sabemos: el amor hace sufrir”, plantea Sandra Russo, periodista y escritora, autora del flamante libro llamado ni más ni menos que Amar y flirtear, donde se propone tomar el toro por las astas y sumergirse de lleno en los vínculos amorosos actuales. Así, con el firme propósito de llevar a cabo una reflexión profunda, Russo trata de establecer una unión (o más bien contrapunto) entre Phillips y Zigmunt Bauman, autores que supo seguir con fruición y que, según cuenta, le cambiaron los paradigmas por completo. En líneas generales, el planteo es más o menos así: si en Amor líquido Zygmunt Bauman arguye que lo que define a la modernidad son las relaciones “líquidas” de las que es fácil escurrirse, y añora los antiguos tiempos de solidez, en Flirtear-Psicoanálisis, Vida y Literatura, Adam Phillips reivindica el flirteo como forma de atracción habilitada, no sólo desde el punto de vista sentimental sino incluso con las ideas, con los mismos esquemas teóricos de una época que no deja de ofrecer opciones para todos los gustos. Entonces ambos intentan hallar respuestas que tienen que ver con las relaciones humanas. Concretamente, con el amor. “Los dos hablaban de lo mismo, pero desde diferentes verbos, esto es: con acentos teóricos diferentes. Vivimos como dice Phillips, pero en el fondo aspiramos a lo que dice Bauman”, sostiene Russo. Y partiendo de esta hipótesis, da pie al cruce entre ideas de diferentes críticos y sus propias conclusiones personales para trazar un mapa de los vínculos entre hombres y mujeres “emocionalmente frágiles” que huyen del sufrimiento. “Hay un cansancio en el aire, ganas de ir hacia una fragilidad que todavía no tiene forma. No la del sexo débil, más bien una necesidad de fragilidad andrógina que puedan compartir ambos sexos”, dice. Si en el desfile de autores citados, la elección puede resultar arbitraria (Foucault, Berger, Rosa Montero, Roxana Kreimer), la explicación es simple: “No tiene ningún eje más allá de lo que yo ya tenía leído y me iba rebotando a medida que iba escribiendo. Son cosas que guardo en el disco rígido y van saliendo a medida que escribo. Foucault, por ejemplo, para mí más que una lectura es un punto de vista. Una vez que uno lo lee empieza a usar sus textos como puntos de vista. Yo al menos los uso así: puede ser en una nota sobre política o en una reflexión sobre hombres y mujeres, son maneras de ver el poder”. Continuar leyendo…



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