Publicaciones archivadas

Generación

La frase se me vino inevitablemente a la cabeza. Me llamaban para hablar en la presentación de la revista Generación, el 11 de junio, y alguien en el teléfono me decía que en la mesa también iba a estar una docente de la Facultad de Ciencias Sociales con la que últimamente nos vemos seguido. Me reí porque hasta hace un par de meses no nos conocíamos, y ahora chocamos en las entradas o las salidas de diversos encuentros en los que se discute la crisis del “campo” o en las que se discute la ley de radiodifusión. La frase, decía, se me vino como por inercia a la cabeza: nos une el espanto. Pensar en esa frase, no ya usarla, pensarla apenas, da un poco de rechazo, como todo lo demasiado escuchado, lo demasiado repetido, lo demasiado obvio. Y sin embargo, la frase de Borges, a quien también le debemos la percepción de que el peronismo es “incorregible”, me vino a la cabeza. Esa frase que anticipa que no es el amor el motivo de una unión sino la náusea. Continuar leyendo…

No voy en tren voy en avión

Los medios de transporte argentinos también han caído bajo la oleada resemantizadora de las derechas campestre y urbana. No conviene ir en bondi a ningún lado, toda vez que el bondi en sí mismo está estigmatizado, y es, de la clase media reacia al peronismo para arriba, el medio de transporte por excelencia de los sobornados. Continuar leyendo…

La parte por el todo

Si este país fuera un pizarrón, se vería una flecha salir de la escarapela y llegar a aquello que en la dictadura se llamaba “el ser nacional”. Gracias a las Ciencias de la Comunicación, y a saberes relacionados con ellas que han tenido un extraordinario desarrollo en las últimas décadas, hoy es posible, claro (¡Acá siempre es posible casi todo!), pero mucho más difícil que un sector pretenda hacer pasar sus intereses por los de “todos”, o que se embandere impunemente con “la argentinidad”, sin que nadie pegue el grito. Continuar leyendo…

“Ver morir” y “regalar”

“Prefiero ver morir a las vacas antes que regalarlas”, dijo Alfredo De Angeli. Ya no hace ninguna falta decir quién es De Angeli ni describir sus modos. La frase es de barricada, ya que uno tiende a creer que De Angeli, como cualquier ganadero, como cualquier persona con dos dedos de frente, preferiría vender barata una vaca antes que verla morir. ¿O no? ¿Pero y si fuera cierto? ¿Qué pasa por la cabeza de una persona que de verdad, y no en forma figurada, prefiere ver morir a una vaca antes que venderla barata? En esta última pregunta fue necesario reemplazar el “regalarla” por el “venderla barata”, porque inequívocamente lo que quiso decir De Angeli fue eso. Pero el uso de “regalarlas” también merecerá, más adelante, un comentario. Continuar leyendo…

Mañanas campestres

Terminaban la reunión con Binner y se sentaban a la mesa de la conferencia de prensa con la soltura que han adquirido en estos días. Tienen tanta cámara y micrófono que hasta ya parece natural el acento afectado de Llambías, que ha sabido decir, con ese modo de hablar de innegable procedencia no campestre, “los hombres del campo estamos en huelga”. Que a un lockout se le llame paro ya es dislate, pero que un señor como ése encima “se” diga en “huelga” obliga a apantallarse del vértigo. Continuar leyendo…

Doble comando

Alguien lo soltó y de pronto anduvo. Lo del “doble comando” en el Gobierno funcionó porque evidentemente es una idea por un lado muy visual, muy puntual, que prefigura en la mente de quien la escucha dos volantes y seis pedales, y al mismo tiempo sirve de metáfora para describir una situación en la que quien ejerce el poder no lo hace solo, sino acompañado por alguien, pero no de cualquier manera: a bordo, con la mano en uno de los volantes y los pies habilitados para frenar o acelerar. Continuar leyendo…

El cuerpo y el tiempo

Hay una campaña publicitaria que veo últimamente y que no sé de qué marca es. Siempre que paso por alguna gran avenida y veo los dos afiches de esa campaña, me propongo fijarme qué publicita, pero el auto pasa rápido y la visión de las enormes fotografías vuelve a capturarme la mirada. Es que a las fotos las acompaña una leyenda, una “bajada”, y el ojo no alcanza a leer tanto. Las imágenes son dos, y de ellas sólo recuerdo textualmente una de las leyendas. La foto es la de una chica a la que no se le llega a ver bien la cara. Medio plano. Hay un mentón, y hay pelo largo, pero los rasgos de la cara no se llegan a ver. La chica tiene puesta una musculosa blanca, y no usa corpiño. Tiene unas tetas importantes, de las que está orgullosa, o por lo menos segura del efecto que provocan, porque sólo así una chica se dejaría fotografiar con musculosa ajustada, ese escote, esa transparencia un poco violenta de los pezones. La leyenda dice: “A los catorce le decían tabla de planchar”. Continuar leyendo…

La costra

Durante un año vinieron a mi taller de escritura dos vecinas de Zárate. Dos audaces. Se venían todos los jueves a la Capital por dos horas, aunque me imagino que por lo menos en la mitad de la medida disfrutaban las charlas de los viajes de ida y vuelta. Recuerdo muy bien la cara de una, la de la otra no tanto. Pero si tengo que hacer algo parecido a la memoria emotiva que hacen los actores, lo que me trae el recuerdo de aquellas dos mujeres es el de un constante estado de alerta. Continuar leyendo…



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