Santuario

Tengo que hablar con mi diariero, porque este sábado, sin que nadie se lo pidiera, tiró abajo de mi puerta La Nación y me amargó la mañana. De no haber sido por eso, me hubiese ahorrado leer, en la página 18, un título increíble: “La gente transformó la casa de Cobos en un virtual santuario”. La bajada decía: “Como a un ídolo, le dejan regalos, le tocan el timbre y lo acosan por teléfono”. Eso es lo que hace “la gente”. Abajo, pequeña, muy pequeña, otra nota: “Ruidosa protesta kirchnerista”, cuya bajada indicaba: “Un grupo oficialista hizo pintadas y le pidió que renunciara”. Los kirchneristas no son gente, sino parte, supongo, del zoológico al que hizo mención Llambías la semana pasada, sin que ningún analista de los diarios de mayor circulación ni de los programas periodísticos del cable considerara esa expresión racista, al menos, de poco feliz. Cobos tampoco. Su corazón parece que no le dictó nada al respecto.

Esto de hablar de “santuario” es, además de exagerado, una muestra del destino que prevén para el mendocino esos medios que hoy articulan la política argentina de acuerdo a sus propios intereses. Si la libertad de prensa puede ser excusa para estas operaciones es una cuestión que merece un debate abierto que implique a toda la sociedad.

Mientras tanto, un par de consideraciones. Que el hombre haya complacido a los factores de poder pisando fuera del plato del gobierno con el que adquirió un compromiso, es una cosa. Pero eso es algo en todo caso más humano que divino, y eso que, como decía Bertrand Russell, en este caso “divino” puede asociarse con Dios pero también con Júpiter o Isis, cuya inexistencia es tan indemostrable como la existencia de otros dioses. Qué cosa, Dios. Dijo Carrió que Cobos fue Su Instrumento en la madrugada del último jueves, cuando la iniciativa del Gobierno fue derrotada en el Senado. Será un Dios que no echa a los fariseos del templo, sino algún Otro, que se complace en que los ricos pasen cómodamente por la cerradura y detenten el poder. Y qué pena para Carrió, que su Dios le impidió a ella congratularse en el escenario, junto a Miguens y Llambías, en su caso no por la vía abierta a la renta extraordinaria, sino por el debilitamiento de un Gobierno que le inspira un odio que, vaya, ¿aprobará Dios?

El punto es que Cobos está siendo endiosado por quienes a Cobos le importan. La misma nota lo explicitaba: firmada por Juan Pablo Morales, decía que “Cobos vivió ayer el día de máximo esplendor mediático de su carrera política”. Qué ingenuo sería creer que dejándose llevar por su corazón su voto le deparara el estrellato que de otro modo nunca había experimentado. Sería una fenomenal coincidencia que un vicepresidente que sólo escucha a su corazón y vota contra su propio gobierno recogiera las mieles del aplauso y la consideración de los factores de poder así, sin haberlo previsto, sin haber especulado, sin hacer cálculos políticos, en fin, siendo sencillamente fiel a su conciencia, aunque infiel a otro buen número de cosas.

Cuando Cobos habló de pasar el problema al Congreso, y la presidenta lo escuchó, parecía todavía que el hombre quería aportar lo suyo bienintencionadamente. Pero cuando un par de días más tarde el vicepresidente convocó por su cuenta a los gobernadores sin consultar con su jefa política –que dicho sea de paso es quien ganó las elecciones–, pues bien, era el momento, entonces sí, de hablar de la intención de un “doble comando”. Qué extraño que a ningún periodista de los grandes medios esto se le pasara por la cabeza. Así, la crítica principal a la resolución 125 era que fue “inconsulta”. Pero qué bien le cayó a la derecha, política y periodística, un vicepresidente que actuó inconsultamente con la principal autoridad del Poder Ejecutivo.

Cobos, que imposta un bajo perfil pero desborda de ambición política, ya se puso a hablar de que se debe a su público, o más bien, a “sus votantes”. “Tuve los mismos votos que la Presidenta”, dijo textual para detener lo que el sentido común indicaba y el honor sugería, la renuncia. Nadie votó un cogobierno. Que haya dicho eso hace prever que Cobos tiene en mente un doble comando que esta vez sí sería perverso, imposible, degenerado e ilegítimo. No se vota a una presidenta y a un vicepresidente para que una y otro actúen “de acuerdo a sus corazones”, sino para poner en marcha un proyecto político. Si Cobos no entendió cuál era el modelo que país que impulsaría Cristina Fernández y que consecuentemente ha defendido, debería irse sin esperar que nadie se lo pida. Si espera a que se lo pidan, y nada hace pensar que el Gobierno caerá tan pronto en otra trampa cazabobos, lo que espera es una crisis que lo deje en el lugar que no le corresponde y para el que nadie lo votó. Nadie. Una fórmula con Cobos a la cabeza hubiese tenido menos votos que la de Vilma Ripoll.

Ya antes había sido celebrado y cebado, cuando declaró que había que buscar consenso y no votos. Los que lo celebraron y lo cebaron son hipócritas que dicen defender el “consenso” cuando en realidad defienden otras cosas. La política que se desmarca del “sí, bwana” ante cada uno de los factores de poder debe presuponer conflictos, porque no hay cambio importante sin conflicto, y esto lo sabe cualquier trabajador que pelea por su aumento de sueldo.

Pero como viene sucediendo, ahora el “doble comando” será celebrado, impulsado, festejado, porque no se critica lo que se dice criticar ni se defiende lo que se dice defender. Son eufemismos, máscaras. Nunca molestó realmente lo del “doble comando” entre la Presidenta y su marido, a la sazón presidente del partido de gobierno: lo que irritan son las ideas de ambos. Lo que irrita fue, es y seguirá siendo que el zoológico queda tan cerca de casa, ¿viste?

Las ideas de Cobos no irritarán a las señoras gordas porque Cobos tiene aptitud para dejar tranquilas a las señoras gordas. ¿Cuánto falta para que lo invite a comer Mirtha Legrand? Pero la gloria en estos términos no es gratis. Sobre esa conciencia límpida que dice exhibir Cobos pesará para siempre la herida abierta en el corazón y los sueños de muchos argentinos y argentinas que evalúan su conducta como una clara traición a la boleta que pusieron en las urnas de octubre.

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