Confidencialidad y tolerancia

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Todavía el conflicto entre ellos no había saltado a la luz pública, pero los integrantes de la Mesa de Enlace ya estaban al tanto de que uno de ellos, Biolcati, se había cortado solo. Al día siguiente vendría la incomodidad, que les duró apenas dos días, en este país en el que buena parte del periodismo ha renunciado inexplicablemente a la repregunta. Los grandes medios con ellos no lo practican. Se limitan a ser una burda caja de resonancia de cualquier cosa que digan. Una vez más, un desencuentro entre el Gobierno y el sector de los dueños de la tierra es exhibido con el Gobierno como responsable moral de la “falta de códigos”, y ahora Biolcati, si pecó de algo, es de “caballero ingenuo”. ¡Su mujer se lo dijo! ¿Es cierto, Biolcati, que cuando volvió a su casa su mujer lo retó? A escribir esta pavada se reduce el periodismo en los grandes medios. Ya vuelvo al día anterior al comunicado de la Federación Agraria que habló de la “operación Verbitsky-Biolcati”. Pero después de conocido y leído públicamente ese comunicado, mientras en privado la Mesa de Enlace analizaba cómo volver del bochorno y disfrazar la evidente traición, una ignota vocera de la Federación Agraria “salió a aclarar” que no habían querido decir lo que dijeron. Un cronista de TN fue un vocero más eficaz: “Repetimos, entonces. Se trató de una mala interpretación de una línea del comunicado, y de ninguna manera ése fue el título”, dijo el cronista, listo para integrar los Sucesos Argentinos de las peores épocas.

Ya estamos en una instancia en la que el campo “no es sólo el campo”, como dice Biolcati, es todo. Van por todo, como fueron siempre. Apuesto a que si les quitan las retenciones van a pedir que les levanten el ruedo de los pantalones o que les parquicen las banquinas. Los trabajadores de prensa que aceptan como loros amaestrados que Biolcati después de todo fue un caballero que respetó un código de “confidencialidad” deberían replantearse si les gusta el periodismo. No están trabajando de eso, por si no se dieron cuenta.

Con lo de la “confidencialidad” se tanteó y se pasó. Biolcati dijo que se pretendía llevar adelante conversaciones para alcanzar consensos. En ningún momento los periodistas le preguntaron si esa “confidencialidad” alcanzaba a sus socios de lucha. Los socios de lucha, por su parte, se tragaron el sapo sin respirar, porque ahora que hacen política, como cuando se juntaron, no los une ni el amor ni el espanto, como repite Buzzi, sino sus intereses.

Vuelvo al día anterior a lo que podría haber sido un escándalo y fue manipulado para terminar en escandalete. Si un sector que tiene en vilo al país tiene como representantes y negociadores a cuatro mentirosos, ya no es problema de ese sector, sino de todo el país, si mienten, cuándo y por qué. Eso incluye al periodismo.

Mario Llambías era entrevistado por Fernando Carnota en TN, y tenía mal semblante.

–¿El campo está mejor o peor que el año pasado? –le preguntó Carnota.

–Mucho peor –le contestó Llambías.

–¿Entonces por qué la Mesa de Enlace está más tolerante este año que el año pasado?

La respuesta podía ir hacia muchos lugares que dejaran a Llambías bien parado. La crisis global, los sectores más vulnerables (¡ahora también luchan contra la indigencia!), madurez, en fin. Pero Mario Llambías se crispó con una palabra, “tolerancia”.

–Yo no sé desde qué posición usted me hace esa pregunta. Yo no comparto lo que usted dice –se enojó.

La intención de Carnota no era crisparlo, como se ocupó de aclarar. Se trató de una simple pregunta que no era exactamente la que Llambías esperaba que le hicieran. Pero la palabra “tolerancia” tuvo para el ruralista una clara connotación negativa. Fue casi una acusación.

Los tipos se creen que son el subcomandante Marcos bien vestido, y siguen abogando por una revolución al revés, donde una mayoría estúpida los corone dueños, y los dejen en paz, como hasta ahora, reinando en sus campos y todo lo demás.

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