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junio 2009

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Uno se cansa. Imagina que hay muchos otros cansados de estar todo el día con la guardia alta, discutiendo, indignándose. La crispación de estos últimos días llegó a ser insoportable. Los adjetivos que se tiraron sobre la mesa fueron pesados y, sin embargo, muchas veces no llegan a designar ni todo el desprecio ni todo el enojo. En unos, en otros. Algo está salido del lenguaje en este proceso político que vivimos, y que tendrá su balance mañana.

El martes estaba en mi casa haciendo otra cosa con la tele encendida y Macri hablaba en la pantalla. ¿A quién le interesa escuchar lo que siempre dice Macri? Macri, como su socio político, no dice nunca nada. No habla de política. Uno por el desvío de la eficiencia y los equipos, y el otro ya lanzado de cabeza a la prosa poética: “¿Querés cambiar?”, pregunta, intentando asimilar el cambio de modelo de país con el cambio de pareja, auto, trabajo, detergente.

El spot televisivo propio por el que tanto sudó y luchó Felipe Solá es un poco raro. Teniendo que subrayar algo por lo que valga la pena votarlo, el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires eligió para “venderse” aquel momento de la votación de la 125. Las comillas van porque ésta de Unión-Pro es, más que ninguna campaña política que se haya visto en la Argentina hasta ahora, una campaña de producto. De un producto compuesto por tres hombres y una mujer que empezaron presentándose por sus nombres de pila, como amigos. Un producto que envasa a sus candidatos en las burbujas frescas y ligeras del jabón en polvo, que lava como ninguno. Como esos que dejan contentas a las madres: son las pequeñas cosas que hacen presuntamente feliz a la gente.