Publicaciones archivadas

Represión y magnacidio

Desde hace tres meses es posible seguir con algún detalle la situación en Honduras sólo con la ayuda de Internet. Prácticamente no hemos tenido crónicas desde la resistencia. Ese prolongado, persistente e increíble gesto colectivo de nunca, ni por instante, dar “por hecho” el golpe, o resignarse. Ese gesto de millones es ahora un gesto heroico. En América latina hemos tenido muchos golpes de Estado, pero pocas veces o ninguna un pueblo reaccionó con la decisión del hondureño. En 2002, los venezolanos pudieron revertir el golpe con mucha más rapidez, ya con unas fuerzas armadas en parte seducidas con el acople a un nuevo orden político. Continuar leyendo…

Una invitación

Acabo de recibir en mi correo electrónico una invitación. Dice así:

“Si no te animás y preferís que te sigan: robando, mintiéndote, burlándote, pisoteándote, riéndose de vos, maltratándote, violando tus derechos, privándote de educación, seguridad, etc., quedate en tu casa tranquilo. Pero por favor enviá este mail a todos los que puedas. Seguramente hay mucha gente que se cansó de vivir a diario todo esto y quiere que se la escuche!!! ‘Para que el mal triunfe, basta con que los hombres de bien se queden de brazos cruzados’. Edmund Burke. CACEROLAZO… Para que los Kirchner escuchen de una vez el ruido de las urnas que con temeridad desobedecen (de eso se trata la democracia)”. Continuar leyendo…

Escrúpulos

Cuando empecé a trabajar en periodismo, no se hablaba de comunicación. Hace de esto tantos años que no quiero ni contarlos, pero diré que empecé a trabajar en periodismo en plena dictadura. Había salido del secundario con la firme idea de ser socióloga; ser periodista ni se me ocurría. No podía ocurrírseme. El periodismo era en ese entonces básicamente gráfico y terrible. Lo más vistoso que había era la Editorial Atlántida. La de la Gente de “Nos equivocamos” y la de Para Ti que instaba a sus lectoras a mandar a Europa las postales de “somos derechos y humanos”. Continuar leyendo…

No me bombardeen el casamiento

Nos casábamos ese día, 3 de diciembre, a las dos de la tarde. Nos despertamos temprano, por los nervios. Vivíamos en la Boca y nos casábamos en el Registro Civil de la calle Rincón. No encendimos la radio hasta media mañana. El sol ya estaba a pleno, pero queríamos saber cuánto calor iba a hacer ese día. Fue entonces que nos enteramos. Continuar leyendo…



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