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agosto 2010

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En 2001 solía escucharse que algo no terminaba de morir y algo no terminaba de nacer. Con esa expresión nos era más inteligible la tensión extrema que vivíamos. En esa encrucijada se debatía un país tan acostumbrado a las crisis que aquélla, con su tropel de desgracias colectivas y personales, tardó en mostrar su verdadera dimensión. Lo que pasó fue tan border, tan límite, que quizá todavía estemos bajo estrés postraumático.

En 2001 solía escucharse que algo no terminaba de morir y algo no terminaba de nacer. Con esa expresión nos era más inteligible la tensión extrema que vivíamos. En esa encrucijada se debatía un país tan acostumbrado a las crisis que aquélla, con su tropel de desgracias colectivas y personales, tardó en mostrar su verdadera dimensión. Lo que pasó fue tan border, tan límite, que quizá todavía estemos bajo estrés postraumático.

Que por primera vez en cinco siglos esta región está “creciendo sin desigualar”. Eso dijo la secretaria general de la Cepal en la Cumbre de San Juan esta semana, además de elogiar dentro del conjunto a la Argentina por su activa política de empleo. Uno sabe que eso no será jamás un título de diario o noticiero, porque esos títulos surgen de otro tipo de informaciones, y no necesariamente recién ahora. Es una lógica interna de los medios la que hace que la controversia sea un posible título, mientras que la buena noticia, no.

“Los gobiernos pasan, son un mero episodio, pero la tierra permanece.” Tal el sustrato del discurso del liderazgo opositor más consolidado y visible hasta el momento. El mechón rebelde de Biolcati, que flameaba mientras al anochecer él leía su pieza oratoria y política, colaboraba en la pantalla, tan colocada en el primer plano, para ubicarlo en ese papel. Un papel, según definió, histórico: él, el más poderoso del núcleo duro opositor, viene a ser el heredero de las otras grandes luchas que libró la Sociedad Rural Argentina.