Lo nacido

En 2001 solía escucharse que algo no terminaba de morir y algo no terminaba de nacer. Con esa expresión nos era más inteligible la tensión extrema que vivíamos. En esa encrucijada se debatía un país tan acostumbrado a las crisis que aquélla, con su tropel de desgracias colectivas y personales, tardó en mostrar su verdadera dimensión. Lo que pasó fue tan border, tan límite, que quizá todavía estemos bajo estrés postraumático.

Una primera ficha bajó cuando Domingo Cavallo anunció aquella medida que, según el ex presidente De la Rúa, fue “muy bien recibida por la gente”: el corralito primero y el corralón después hicieron comprender de golpe, como una muela extraída sin anestesia, que la impiedad del neoliberalismo, aplicado sobre los sectores del trabajo durante una década, caía ya filosa y sin control, sobre las clases medias y altas. Por cierto hubo sectores que se autoprotegieron y hasta hubo los que usufructuaron aquel país en demolición. Los fondos buitre vuelven cada tanto a recordarnos que de las tragedias sociales siempre hay quien se alimenta, y en consecuencia quien las propicia.

Pasamos meses viendo gente golpear con palos y ollas las puertas de los bancos, mientras otros se peleaban en los cajeros automáticos porque se vaciaban muy rápido: todo el mundo quería retirar sus doscientos cincuenta pesos semanales. Vivíamos con nuestro propio dinero racionado, mientras asimilábamos lo inimaginable, la ruptura más bestial del contrato entre los ciudadanos, por un lado, y las empresas privadas y el Estado, por el otro. Era aquel Estado neoliberal el más intervencionista que conocimos fuera de las dictaduras. Imaginen si Perón, versionado tirano, hubiese incautado los depósitos o se hubiera robado los ahorros de millones de personas.

Quizá todavía estemos bajo estrés postraumático, porque el trauma fue grande y de una profundidad tal que no puede disiparse en diez años. Y sin embargo hay momentos, muchos, casi todos, en los que la oposición parece descontar que eso ha quedado en el pasado. Hay memorias personales en suspenso, bloqueadas, biografías de gente de mediana edad que incubaron aquella desesperación. Cuando los ahorros de la clase media fueron incautados, los golpes con palos en las rejas de los bancos o los acampes en sus puertas no adquirían la forma de la violencia: estaba muy claro que eran precisamente la única respuesta, impotente, frente a la violencia de un sistema fogoneado, alentado, propagandizado, ejecutado, disfrazado por una clase política perteneciente a los partidos tradicionales, que había hecho una transacción vergonzosa con su poder de representación. Aquel bipartidismo engamó a los dos principales partidos en un único proyecto. Aquel proyecto no sólo era aberrante por su esencia, sino también por su fracaso intrínseco, como se puede ver ahora en España o en Grecia.

No éramos vírgenes de neoliberalismo cuando Domingo Cavallo, que había sido el bisturí menemista, fue elegido como el bisturí de la Alianza. No éramos vírgenes, éramos cómplices o imbéciles. Nuestras mayorías lo eran. Consintieron. Corrompidas, confundidas o manipuladas, quién sabe, pero digerimos con pasmosa naturalidad que quien había sido la quintaesencia menemista siguiera en el Ministerio de Economía del gobierno en el que se depositaba una esperanza. Hemos administrado muy mal esa esperanza, como quien administra mal sus pasos y vuelve a tropezar con la misma piedra.

El menemato terminó como una pesadilla de las formas, como la pizza con champán, una cuestión de estilo. Se supuso que la compostura radical, que la forma presentable de lo radical remediaría la enfermedad neoliberal. Qué otra cosa fue el hechizo del Pensamiento Unico. Aquel bipartidismo lo encarnó. Las políticas no se cuestionaron. Naturalmente, los intereses hegemónicos de las corporaciones mediáticas colaboraron mucho en el estrés postraumático.

Recién ahora estamos en condiciones de preguntarnos cuánto de nuestra historia reciente, con las correspondientes ciclotimias de la opinión pública, fue manipulado, operado desde los grandes medios.

Quizá se deba al estrés postraumático que ni siquiera ahora nos espanta colectivamente hablar de ajustes. A la luz de los hechos legislativos de esta semana, conviene recordar que llegar al ajuste implica un inevitable llegar a la deuda. El neoliberalismo no es un laberinto, sino la línea recta más corta hacia el desastre, y de ese desastre, de esa ruina, de ese sentimiento general de humillación, deberíamos recuperar la memoria entera, ya liberada de las riendas que al caballo que es la historia siempre sujetaron los discursos de las posiciones dominantes.

Lo que se nos propone desde cada posición no específica ni inscripta en un modelo completo enmascara la llaga que todavía está abierta. La de nuestro fracaso.

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9 Comentarios
  1. Eva Row dijo

    Sandra, hay un estrés postraumático que sólo se manifiesta en la negación de la conciencia de los hechos. Ese tiene la llaga tapada para no verla. Posiblemente porque el individuo no estuvo en condiciones intelectuales de metabolizar los hechos y sacar una conclusión. En cambio hay otra herida que está abierta y el que la tiene la observa. También él tiene un estrés postraumático, pero condiciones intelectuales que le permiten elaborar la realidad y su estrés lo impele al combate. Yo tengo ese estrés. Pero redirigido a la esperanza del futuro, transformando la misma cantidad de energía negativa que me propone el estrés, en energía positiva que se dirige a alentar y apoyar el modelo propuesto por el gobierno. En ese escenario Sandra, sos una columna vertebral para mi esperanza.

  2. marco dijo

    Seus textos são belos, contundentes, Sandra!
    Acompanho-a desde que assisti em BsAs o excelente programa 6,7,8, no ano passado, e desde então a tenho acompanhado pela TV Publica e por Página 12.
    Mis felicitaciones por tu manera très charmant en hablar de cosas importantes y necesarias, como la politica…
    Marco

  3. raul oscar ruiz huidobro dijo

    Estimada Sandra: Hola, no soy de escribir a los medios por escribir. Hoy lo hago porque me dolió hasta el hondo del hueso un comentario tuyo. No sé si lo saco de contexto o el dolor me ciega. Cuando hablaste sobre papel prensa en 6,7,8 enfocando los conceptos por fuera de atacar a Osvaldo Papaleo y de ejercer la defensa de Lidia Papaleo, por qué ella era una víctima de los asesinos -hecho en el que estoy plenamente de acuerdo- a lo mejor quiero creer que escuche mal y no te bandeaste acusándonos de terroristas y de demonios a los que con la justa violencia del amor enfrentamos la injusta violencia del atraso, y que a consecuencia de nuestro accionar, el Estado se bandeó peor con el terrorismo de Estado. Me duele todo, hasta tu belleza me duele Sandra. Espero que quieras contestarme, porque la verdad tengo que confesarte que te quiero mucho y que quizás por eso, me duela más tu comentario.
    Acaso lleno de dolor voy a confesarte cosas que no las confesé ni en el campo de concentración donde perdí a mi hermano y sobreviví por aborto de la naturaleza. Tratando que entiendas desde donde protagonice y aún protagonizo la vida, a lo mejor se hace necesario que sepas, que alterne riqueza, miseria, juegos, pesares, alegrías, interrogantes, descubrimientos, entre el Ingenio Leales, la calle Bolivar al 500 en el microcentro tucumano y las puertas de Barrio Victoria al sur de los azahares y la miseria tucumana.
    Con el sacrificio más grande que pueda hacer una madre por su hijo, y por influencia de la familia de mi padre, ingrese tras el golpe de Onganía al colegio Nacional. El cierre de los ingenios me clavo aún más los colmillos de la violencia del atraso. Ahí, siguiendo las huellas de mi familia por parte de madre, sin proponérmelo protagonice espontáneamente algunas marchas pidiendo trabajo. Estrenando trece años, conocí sirenas, gases, y la muerte de Hilda Guerrero de Molina. Con el asesinato de esta familiar cercana de mi abuela Juana Rosa Guerrero, aprendí que también por amor se muere por otro. Esa muerte por nosotros, con una bandera como única arma, me cambió la vida.
    En un mundo y un país, donde para los pobres, el paradigma en curso, imponía una violencia injusta, cerca, pero lejos de mí, la resistencia crecía paso a paso. En este marco, con una realidad a contramano de nuestras esperanzas, junto a mi madre, cruzamos la primera situación límite. Con el dolor calándonos hasta el hondo sublime del hueso, tuvimos que sacar ilegalmente el cuerpo de mi hermanito del hospital y trasladarlo muerto en un colectivo de la línea 9. Tratando de contener el llanto para que ni el chofer ni ningún pasajero se diera cuenta de nada, maduré de pronto.
    Allí pensé en cuanta violencia caía sobre nosotros. Cuanta nueva violencia comenzaba a nacer, cuando los que casi nada tenían del barrio, acuñaron moneda tras moneda para conseguir un cajoncito de madera rústica. ¿Hasta donde la violencia injusta me deshojaría la esperanza?, ¿Hasta dónde la justa violencia de las manos y los ojos del cobre me alimentarían de esperanza? A lo mejor Sandra, porque el hombre no tiene respuestas para todas las preguntas, empecé a cruzar la línea.
    Tal vez por instinto, entonces, me brotó el odio de clase. Quizás desde el fondo animal de la especie decidí alistar los colmillos y aprontar las garras de mi rebelde puma, esperando el nuevo ataque. Por la casa transformada en fortín de la resistencia peronista por mi vieja, de la mano de dos hermanos de doble apellido- los Andina Lizarraga- mágicamente se me aparecían Perón, Evita, un tal Jhon Wiliam Cooke, los “Uturuncos” y hasta un tal Fidel, que junto a un médico argentino habían libertado Cuba. Un día cualquiera, junto a la tiza de cebo y ferrite para estampar el “lucha y vuelve” en el rancho, los conspiradores peronistas lamentaron la muerte del Ché.
    Con esa otra muerte tatuada en mi sangre, y sin saber que era la extracción de plusvalía, estaba seguro, no se podía andar agachando la cabeza ante el que gozaba de la riqueza que mi familia y todos los laburantes producían. Sin saber tampoco nada de la lucha de clases, supe que no se podía seguir soportando con resignación, el hecho de acostarse antes de las 12 para nochebuena, con los fuegos artificiales de la panza provocando estallidos de llanto y maldiciendo la miseria: Entonces, desde la inconsciencia prometí a mi abuelo, que no lloraría nunca más, para que él no llorara nunca más de impotencia.
    Por unos compañeros del colegio mayores que yo, amigos, que aprendí a conocer cuando repartían volantes en el conflicto azucarero, y por las marchas estudiantiles de 1968, empecé a salir de la violencia individual y marginal de cagarme a trompadas por cualquier situación con los changos bien vestidos del centro. Por ellos, y por sobre todo por Tirso y Nelly, me hice delegado del curso. Por obra y gracia de los ojos de la flaca Quica y la fría dulzura de Clarisa, estampe mi nombre en la primer coordinadora de estudiantes secundarios tucumanos. De esa manera, participe en los primeros enfrentamientos de autodefensa de masas.
    La nueva impronta que generaba dinámica hasta en los sectores más extraños, me llevaron a participar de la experiencia única de jugar al rugby. A través de “Facundo”, con unos compañeros, nos alistamos en Lince Rugby Club. Club que por el amor de la militancia, fue capaz de pelearle el potrero al “Semilla” que paseó su arte por Boca Juniors, y llenar de lustrabotas, canillitas, y marginales de toda especie, sus filas. En ese desembarco, la lucha de clases hizo cabecera de playa en el Central Córdoba, y a través del “Mocho aguja”, “Pupo”, “Lorino”, “Papá ganso”, los sin nada, se autoconvocaron instintivamente para luchar contra los intereses que representaban los changos del Law Tennis Club.
    Con la “imaginación al poder” y en medio del reacomodamiento de fuerzas que provocaba cambios en el mundo, confrontando el amor con la miseria, el tango y la cumbia con los Beatles; el barrio con el centro, la falta de aulas con el Nacional, el baldío con el club, la alegría con las marchas de silencio, los jazmines con los gases, el “Carusito” del primer cigarro con las molotovs, la entrega con el trabajo de base en el ingenio, y los primeros miedos lógicos de la especie en peligro con los primeros tiros arriba de la toma de Tafí Viejo, por obra y gracia de la militancia por la felicidad, antes de conocer el sublime éxtasis de mi primer acto sexual, inauguré en mi vida el orgasmo de la violencia del amor sin firma ni autoría mediática junto a Tirso, el Chato y Clarisa.
    Con los ojos impregnados del fuego liberador del “Cordobazo”, a los 15 años, tras una persecución de algunos meses comandada por Juan Sirnio y Hugo Tamagnini, donde por seguridad perdí el vínculo con los cumpas del secundario, caí preso. Me acusaron de todo, y obraron en consecuencia. Gracias a la solidaridad obrera estudiantil, y a nuevos compañeros como María Cristina, la “Turca”Ana María, el “Turco” y el “Macho”, quede en libertad. Ya nada fue igual. La furia por instinto del puma que llevaba dentro en vez de acobardarse, explotó en rebelión. De ahí en más, sacrifique todo, y empecé a militar de lleno.
    La muerte del Ché, el asesinato en la calle de Hilda, la muerte de mi hermano por encefalitis y hambre, ya me tenían convencido operando a fuerza de instinto. La tortura, me terminó de convencer. Como sea, había que cambiar la cosa. Entonces no había otra opción, había que militar al todo o nada por los cambios que necesitábamos para vivir mejor. Ahí, también supe que había que estudiar con toda la seriedad y voluntad que poseía, el por qué y el para qué de las cosas.
    En definitiva, sin pensarlo, ni razonarlo científicamente, y viendo que la corona de hambre se ceñía sobre nuestras cabezas, y todo se transformaba en un eterno vía crucis, donde el atraso nos condecoraría por siempre, y donde los canales de participación para vivir mejor no se abrirían nunca sino lo forzaríamos, decidí forzarlos. Gracias a una buena predisposición para las actividades de autodefensa, me destaque y sin saber cómo fui enfrentando a todos los que venían en contra nuestro.
    De esa manera, casi sin darme cuenta, llenándome el pecho de una nueva veta de ternura, empecé a tomar compromiso concreto con un grupo de hermanos como “Nippur”, “Mateo”, “Juanca” y la “Bruja” que con su amor a contramano del odio, me convencieron que debía bautizarme como “Ernesto” en honor al Ché. Otro mundo sin explotados ni explotadores, ni oprimidos y opresores, era posible con la justa violencia del amor, me dije y salí convencido a empuñar la lucha armada.
    Así, aunque los dueños de los medios de producción material e intelectual no lo quieran reconocer, desde el dolor que me provocaba la violencia del atraso, por amor, con el trompo suelto de la rabia pase la línea que ellos dibujaban y dibujan, y me “encuadre” sin conocimiento científico, dogma, ni lucubraciones teóricas tratando de pasar de la voluntad de intervenir políticamente por instinto, a la acción revolucionaria consciente.
    Bebiéndome las luces de los tucu – tucu endulce la sabia de mi urunday y sin querer comencé a develar incógnitas y resolver interrogantes que me perseguían desde la simpleza de la supervivencia en medio de la pobreza. De esa manera, en medio de mi amado Tucumán, donde la maloja ardiendo de la realidad imponía un “familiar” que desde el recuerdo, con sus pesadas cadenas, perseguía a los que reclamaban una situación digna, y comenzaba a clonarse en la salamanca de los cuarteles, casi sin proponérmelo empecé a hacer más consciente el ¡Basta!.
    A lo mejor Sandra, porque en mi provincia, mientras se cerraban ingenios, se perseguía, encarcelaba y mataba por reclamar trabajo, el dolor se me transformó en callo, y el callo en chispa de esperanza. Quizás, porque en el más bello jardín de la república, brotaban por doquier madres que alquilaban caricias prostituyéndose para alimentar las prolongaciones de su sangre, solamente por amor, el corazón se me endureció y como dijera el Comandante “sin perder la ternura jamás” el hueco del costado derecho de mi cintura se llenó con un arma.
    Probablemente porque en mi tierra, la tierra de los Kilmes, se imponía a nuestros padres los nuevos espejos de colores dando forma a los primeros planes trabajar; que nos llenaban de trabajo no genuino, que solo servía para cortar la lucha con cortes de yuyos, decidí seguir los pasos del maíz. Grano a grano busqué los pasos revolucionarios del cacique Juan Chalimin.
    Acaso, en la vieja cuna de la independencia, más por instinto, que por conciencia, entendí y viví la militancia política como sinónimo de confrontación de clases, saliendo a amasar las tunas de la lucha por la paz que nos negaban. Así, empecé a crecer en serio, buscando el puka inti de la segunda y definitiva independencia, razón por la cual, encaré la lucha armada como una forma de lucha para alcanzar el fin último de la felicidad. Que dicho de otra forma era lo mismo que alcanzar los objetivos políticos del proletariado, que aún no conocía.
    En ese escenario querida Sandra, esa forma de lucha – la lucha armada – fue vista por mí, como una alternativa viable a la política tradicional que provenía de los trajes parlamentarios o los uniformes militares sostenedores del modelo y sistema negador del futuro digno al que aspiraba el tata y la mama vieja de cualquiera de nosotros, y a los nuevos azahares que sin cadenas, ni gomina aspiraba como cualquier joven de mi época.
    Tal vez por eso, reafirmando el instinto, consolide la percepción de que para lograr la igualdad, la libertad y la felicidad para la prolongación de nuestra sangre y los que vendrían detrás nuestro, al poder, había que tomarlo por la fuerza.
    La lucha armada, Sandra, entonces, no era otra cosa, que un mecanismo de defensa más, con el cual podría defender a mi familia y a toda la especie en peligro. En definitiva, la lucha armada, no era nada más que un instrumento, al través del cual, podría mejorar la relación de fuerzas para alcanzar la alegría y el derecho a ser feliz con una vida por siempre digna.
    Claro, que todo no fue un poema, ni fue todo idílico, con la elección de la vía armada tuve que resignar muchas cosas. Los estudios formales, amigos, rugby, los asaltos y el cine del barrio, y hasta la posibilidad de tener mi primera novia, por ser ésta, hija de un comisario vecino. Pero, así como gane duelos, también gane nacimientos. A decir verdad, fueron más las pariciones que los entierros.
    No solo me multiplique en miles y millones de nacimientos después de sentirme vivo tras haber regresado de esquivar las amarras de las parcas en algún combate; sino, que nacía y volvía a nacer en cada gesto, entrega, y en la más alta manifestación del amor con que los cumpas se ofrecían para transformar la realidad.
    A pesar de los negadores de las risas del futuro, como subversivo de la nueva madrugada crecía militando, robando besos, buscando caricias, comiendo sándwiches de milanesa, escuchando a los Tucu Tucu, Guaraní, Los de siempre junto a Pink Floyd. Pero, a ese individualismo lógico, lo confrontaba y lo perdía constantemente con el espíritu solidario de la orga. Ahí, encontré la vida, y el lugar soñado, cuando me transforme en el terrorista de la felicidad.
    Allí, en el PRT querida Sandra, me alimente de la miel y el dulce de leche de los cambios. En la “orga” y junto a los primos, “farolitos” y los montos, a contramano del orden establecido, fui creciendo en ella. En el útero de las orgas, aunque ahora tal vez nadie pueda creerlo, se procreaba más nacimientos que muertes. En el ovario de las orgas, se fertilizaba la vida y se preparaba el “hombre nuevo” que trataba de nacer permanentemente.
    En el interior de las orgas, para mí que venía de la ausencia de todo, el mundo era una madre generosa, con delantal y ollas llenas de amor. En ese mundo nuevo de las orgas, el pan caliente de la solidaridad y la mazamorra de la entrega eran la moneda de cambio. Fuera de ellas la nada, la intemperie o la muerte. ¿Dónde debía estar entonces amiga?
    Como aprendí a conocer el amor colectivo, y me faltaba encontrar el amor de una mujer, bañado de Vieja Lavanda Fulton, tosiendo inmaduramente con los particulares sin filtro, con la clandestinidad civil a cuestas y sin matrícula, en el comedor universitario, por obra y gracia de la militancia plena, conocí al gran amor de mi vida. El tiempo, junto al nacimiento del amor y al crecimiento en conciencia, en vez de paralizarme, siguió abriendo el follaje de la lucha. Las viejas responsabilidades pasaron. Las nuevas parieron nuevos interrogantes.
    En medio de las últimas pariciones personales, tal vez por obra y gracia de las elecciones del 11 de Marzo, y sin mezclar los caminos ideológicos, con la flaca mezclamos los naipes de la sangre y le ganamos con un caballito de mar un truco a la vida. Por una acción, a la clandestinidad de la construcción, se sumo la clandestinidad por persecución directa. Tuve que cambiar de aires y de olores otra vez, cambiar el sándwich de milanesa y la sangría del Negro el 20, por el choripan y el vino de la docta, pero no de sueños. El 25 de Mayo del 73 cuando muchos cumpas creían tocar el cielo con las manos, otra vez, fiel a mis convicciones seguí deshojando azahares y jirones de la violencia del amor.
    Muchos me criticaron. Otros, simplemente no me entendieron. A lo mejor, casi nadie, asumió que mis actos fueron coherentes con lo que decía y tenía que hacer por la voluntad de poder. Pero, de cualquier forma, con tregua al gobierno popular, de por medio, seguí combatiendo contra el capitalismo y los uniformes verde oliva.
    En setiembre los efectos colaterales del Comando de Sanidad sacudieron la existencia de la roja estrella de la sangre. Entonces, otra vez, por razones obvias, tuve que perder vista mis cerros amados y emigrar. En esa ausencia, la panza de mi cumpa creció y floreció más de lo debido y el caballito de mar se transformó en un inocente varón.
    Pasado un cacho de tiempo con una especie de clandestinidad abierta volví, de ahí en más volví al jardín y mi vida se repartió en el trabajo en la OTAM, las células técnicas en función de la Compañía de Monte, huidas permanentes, exilios internos, una detención ilegal que le dicen, ni quiero que sepas lo que me hicieron en el Campo de concentración conocido “La Jefatura”.
    Con 48 kilos encima, un estallido de colores, tras un paro cardíaco que determinó un milagroso abandono del campo de concentración, y una nueva huida del ranchito tucumano en la madrugada del día del periodista de 1976 seguí combatiendo con la justa violencia del amor. A esta altura, frente a Bussi y Videla, profundizar la lucha armada como una herramienta vital para alcanzar los objetivos políticos del proletariado, era un hecho demasiado consciente, al que le puse absolutamente todo.
    Por último Sandra a lo mejor me atrevo a preguntarte si ¿Conoces alguien que tenga más amor que aquel que da hasta su vida por la causa de la clase obrera, el pueblo y hasta por vos inclusive? Sandra, tal vez para vos sea un viejo picapiedra, un eterno equivocado, o un personaje aborrecible. No importa que opines de mi, lo que sí te confieso es que de la única forma que me considere terrorista es como terrorista de la felicidad.
    Sin otra cosita, esperando que se cicatrice el agujero con que me condecoraste, me despido de ti esperando que puedas demostrarme que me equivoque y que tú no estás convencida que existen dos demonios.
    Un fuerte abrazo fraternal.

    Raúl Oscar Ruiz Huidobro
    DNI 11.065.529

  4. Marcos Bunge dijo

    Que fotito !!!

    U:.D:.M:.:

  5. Estela Alcaraz dijo

    Estimada Sandra¡¡soy una mendocina,de una provincia que me da verguenza pertenecer por que somos LA BIBLIA Y EL CALEFÒN, reconocidos por nuestros vinos y odiados por personajes como Cobos,Saenz,jueces,que se prestan a los recursos de amparos,cómplices de la dictadura,y algunos profesores que daban hasta hace un tiempo clases en la facultad de derecho, que estan y estuvieron siempre con la dictadura infame que gobernó este paìs,desde el sillòn presidencial,como las corporaciones económicas,pero tambíén me hace feliz,que siendo mujer representes a tantas mujeres que pensamos como vos y no claudicaremos,ante la efervescescia de una derecha a la que jamás le interesará nada mas que engrosar sus bolsillos,estamos en la etapa final,donde ya nada se puede ocultar, y a los cuales ya no nos venden espejitos de colores…..,todos tienen memoria,aunque no lo quieran reconocer,se vienen aires nuevos,querida Sandra¡¡¡¡,por ser una luz en tanta oscuridad….adelante¡¡¡siempre adelante¡¡¡

  6. Julio dijo

    “Recién ahora estamos en condiciones de preguntarnos cuánto de nuestra historia reciente, con las correspondientes ciclotimias de la opinión pública, fue manipulado, operado desde los grandes medios.”Subrayo tus lineas y acuerdo en que es algo que lo sabíamos de hace mucho tiempo pero nunca como ahora se me ha hecho evidente: cuando vi al pueblo, por miles, esperando hasta 6 horas para poder manifestar su reconocimiento al ¨”demonizado” Néstor. A pesar de ser un tipo de 82 años y ser un tipo politizado desde la pubertad cordobesa no tenía tan claro como se puede manipular a la gente, la opinión y al poder desde y por el monopolio audiovisal.

  7. Enrique dijo

    Sandra, sólo para decirte el inmenso respeto intelectual e ideológico que te tengo y mi admiraciòn por representar un tipo de mujer que no necesita despojarse de ropas para contener en su mirada y en todo su ser, una sensualidad que se incrementa por la inteligencia.
    Cuando en ocasiones (en esas mesas de café intrascendentes y fontanarroseanas que tenemos los argentinos)cambiamos ideas acerca de quièn representarìa mejor que nadie a la mujer argentina, menciono tu nombre. Y a pesar de la cultura “clarinesca” que prevalece en dichas mesas (y de lo cual puedo catalogarme como de honrosa excepciòn – y bueno algo de honroso tiene que tener uno no?)muchos amigos aceptan tu inclusiòn a dicha jerarquìa.
    Bueno che…no te la creas…y permitime que alguna vez te pague un cafè, en Palermo, dado que hemos estado maquinita de por medio, sin que el cholulismo que tengo hacia vos aflorara, simplemente porque fue derrotado por mi timidez…(a los sesenta y tres años imaginate…).
    Seguì luchando Sandra. Yo seguirè miràndote y admiràndote en 6-7-8 y en tus inmejorables intervenciones en Encuentro.
    Sinceramente
    Enrique
    PD. Què bien te queda ese anilla che…
    besos.

  8. Edgardo Rovira dijo

    Una pregunta puede ser formulada de muchas maneras. Una respuesta es siempre vaga si no se sabe a qué pregunta responde. Uno puede decir que sí o que no a muchas cosas, a una cantidad increíble de cosas, pero hay sólo un puñado de cuestiones a las que diciéndoles que sí o que no, uno es quien es.

    Todos, tres o cuatro veces en la vida, hemos dicho que sí o que no frente a algunos dilemas, y esas respuestas hoy nos hacen los que somos. Por eso es tan importante, en esos momentos clave de la vida, tener la suficiente lucidez como para plantearnos de un modo honesto e inteligente esos dilemas. Son las encrucijadas de la vida. Las hay siempre y las enfrentamos todos, nos guste o no, en algún momento. No ver las encrucijadas con claridad es una de las maneras más comunes de estropearnos el futuro, o la identidad.

    En el 2001, en Argentina, solía escucharse que algo no terminaba de morir y algo no terminaba de nacer. Con esa expresión nos era más inteligible la tensión extrema que vivíamos. En esa encrucijada se debatía un país tan acostumbrado a las crisis que aquélla, con su tropel de desgracias colectivas y personales, tardó en mostrar su verdadera dimensión. Lo que pasó fue tan border, tan límite, que quizá todavía estemos bajo estrés postraumático.
    El neoliberalismo no es un laberinto, sino la línea recta más corta hacia el desastre, y de ese desastre, de esa ruina, de ese sentimiento general de humillación, deberíamos recuperar la memoria entera, ya liberada de las riendas que al caballo que es la historia siempre sujetaron los discursos de las posiciones dominantes.
    Lo que se nos propone desde cada posición no específica ni inscripta en un modelo completo enmascara la llaga que todavía está abierta. La de nuestro fracaso.

    Reconocer el problema permite comenzar a buscar una solución. No dejes que el “presente” te ahogue. Las dificultades están y si vos te dejas llevar por la corriente de apatía, estas perdido. Lucha desde la acción, la palabra y la alegría. No está muerto quien pelea y mientras puedas pelear habrá una salida.

    Sumen voluntades… sumen debate, mucho debate. Las calles y las instituciones están para que el Pueblo pueda expresarse libremente.

    Mi solidaridad y mi fuerza para con ustedes.

    Un afectuoso saludo.

    Edgardo
    HologramaBlanco

  9. alberto dijo

    Sandra. ES MI PARECER QUE MUCHAS COSAS NOS SON RECURRENTES POR EL DESCONOCIMIENTO DE ALGUNOS ASPECTO DE NUESTRA PROPIA HISTORIA. ALGUIEN DIJO MUY BIEN ALGO COMO QUE EL QUE NO CONOCE SUS RAICES VA ATENER PROBLEMAS CON SU FUTURO…YA TENIAMOS LUCHADORES TORTURADOS, MUERTOS O DESAPARECIDOS ANTES QUE PERON NACIERA Y LOS ENEMIGOS SIEMPRE FUERON LOS MISMOS, LA PATRIA FINACIERA, BANCOS, “EL CAMPO” DE LAS 200 GRANDES FAMILIAS QUE SE UFANAN DEL GLORIOSO PAÍS EUROPEO QUE ERAMOS EN 1910, LA IGLESIA Y SU APARATO MILITAR/POLICIAL QUE LOS SOSTUVO A PUNTA DE BAYONETA. SIN REMONTARNOS MUCHO ATRÁS BASTARÍA REPASAR LOS ESCRITOS DE LAS LUCHAS DEL DIPUTADO ALFREDO PALACIOS (1904), LISANDRO DE LA TORRE, ALICIA MOREAU DE JUSTO, ETC. COMO PARA RECONOCER UN ENEMIGO QUE SOLO MIMETIZA, Y AVECES MUY MAL,SU RANCIA ESTIRPE DE DERECHA NEOFASCISTA CLERICAL.¿POR DELANTE QUE NOS QUEDA COMO PARA HACER? Y CON NO MUCHAS OPCIONES… CASI TODO. CONTRUIR PODER,ORGANIZAR LAS BASES,FORMAR LOS CUADROS,AUNAR CRITERIOS DIVERGENTES…Y CASI NADA..PONER UN PAIS EN MARCHA EN DONDE PARECIERA QUE MUCHOS NO HACEN MAS QUE COLGARSE DE TUS ESPALDAS, TRAICIONARTE O PONERTE PALOS EN LAS RUEDAS…Y OJO QUE LA RATA ESTA DESESPERADA Y TIENE MIEDO. COMO MUCHOS HE VISTO Y ANDADO PUÉS SOY DE UNA FAMILIA EN LA QUE EL QUE SUSCRIBE LA PRESENTE ES LA TERCER GENERACION DE LUCHADORES COMPROMETIDOS CON LAS BANDERAS DE UN PROYECTO NACIONAL, LATINOAMERICANO Y DE LIBERACION INCLUSION SOCIAL…CUMPLO AÑOS EL MISMO DÍA Y AÑO QUE CRISTINA Y COMO ELLA NO HE ARRIADO MIS BANDERAS (NI LO HARÉ)…SOLO TE DIGO QUE AHORA ES NUESTRO MOMENTO OPORTUNO PARA… “VOLVER Y SER MILLONES”COMO DIJERA OTRA MUJER DESDE LOS BALCONES DE LA CASA ROSADA..AUNQUE NO SOY PERONISTA CONSIDERO QUE ESTE ES EL MOMENTO DE TODO ARGENTINO BIENAVENIDO QUE TENGA UN REAL INTERES SOCIAL Y POR EL FUTURO DE QUIEN LO RODEA.¿¿¿ES LA ERA “K” ESE INSTRUMENTO..?? NO DEPENDE DE CRISTINA, SINO DE NOSOTROS. UN VIEJO COMPAÑERO DE LUCHAS YA DESAPARECIDO ESGRIMIA UNA MULETILLA QUE A TODO NOVEL CAMARADA EXPONIA,DECIA,PIBE… ORGANIZACIÓN Y PLANIFICACIÓN,TIEMPO PERENTORIO PARA CUMPLIRLA,IGUAL, RESULTADOS… CRISTINA ,COMO TANTOS OTROS, ES UN EXELENTE CUADRO POR DEMÁS LLAMATIVO…POR NO TIENE REPUESTO,AÚN.A NO DORMIRSE EN LOS LAURELES PORQUE LOS QUE TENEMOS LA MIRADA PUESTA EN LA HISTORIA, SABEMOS COMO “APAGAN FAROLES” LOS FASCISTAS. ELLOS ORGANIZAN PLANIFICAN, TIENEN EL DINERO Y APOYO EXTERIOR COMO PARA “ACCIDENTAR” A CUALQUIERA… POR OTRO LADO, TIENEN CONCIENCIA DE CLASE Y NO DIVIDEN SUS INTERESES,,HACE 200 AÑOS QUE SON LO MISMO…LA IZQUIERDA… HAY VECES QUE SIENDO DOS,SE DIVIDEN EN CUATRO..PERO, COMO DECIA MI NONO… REVOLUCIONARIO NO ES EL QUE MEJOR DISPARA, SINO EL QUE MÁS UNE… CUANDO TODAS LAS CABEZAS PIENSAN COMO UNA ,PASAN LAS GRANDES COSAS,Y A LO MEJOR..SAN MARTIN VUELVE A CRUZAR LOS ANDES. UN FUERTE ABRAZO… PD.SIGO MUCHISIMO LO TUYO Y LO DE TUS COMPAÑERAS DE GENERO EN 678…ME DIJE… ¿COMO, LA MUJER NO ES LA BARBY QUE LA TV. YANKY ME MUESTRA..?..ES BROMA, YA LO SABIA,YO TAMPOCO SOY HOMERO SIMPSON ¡EEEH!

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