Publicaciones archivadas

El voto de las mujeres

El miércoles pasado se cumplieron diez años desde que en la Argentina se declararon nulas las leyes de impunidad y comenzaron los juicios a los responsables del terrorismo de Estado. Diez años de esa bisagra que llegó con Néstor Kirchner, precedida por dos décadas en las que los sectores ligados a los organismos de derechos humanos encarnaron a la perfección aquella frase de Fitzgerald que habla sobre la inteligencia: “Retener en la mente dos ideas opuestas y al mismo tiempo seguir conservando la capacidad de funcionar. Uno debería, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y sin embargo estar decidido a que sean de otro modo”. Continuar leyendo…

El ansiado “fin de ciclo”

El fin del ciclo kirchnerista viene siendo anunciado hace años, con una ansiedad que obnubila a los pronosticadores de esa extinción. Es un pronóstico mediático –algo así como el Dorado de Magnetto–, que la política opositora recoge también como su guante ganador. Sin embargo, lo que ellos llaman “fin de ciclo” parecería agotarse, sintetizarse o expresarse en una simple derrota electoral. Esa simplificación forma parte de las lecturas torvas o miopes sobre la fuerza política más potente que ha surgido en el último medio siglo en la Argentina, y la que hoy sigue siendo, al menos según las mediciones provisorias de las PASO, la de mayor alcance nacional. Mirándolo un poco más de cerca, nada indica que el kirchnerismo no sea capaz de revertir los resultados adversos, pero incluso si no lo hiciera, incluso si en dos años llegara al poder alguno de los bricollages opositores, es extraño que se omita que la naturaleza de la construcción política kirchnerista tiene cimientos y raíces dispuestos a acompañar la vida política argentina en las próximas décadas. Continuar leyendo…

Naranjo en flor

Corría 2002. Pese a que había estallado todo en 2001, las esquirlas del estallido llegaron tan alto que tardaron mucho tiempo en caer. La sucesión de presidentes estuvo marcada desde las calles. Ninguna agencia de publicidad necesitaba promover por Facebook las protestas –las redes sociales no existían– y, menos que menos, ningún dirigente político las alentaba, porque todos eran señalados junto a los bancos –los medios concentrados todavía estaban agazapados en esa “neutralidad” que ellos mismos montaron como pantalla– como los responsables de la sangría. Continuar leyendo…



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