Publicaciones archivadas

Okupas del lenguaje

A Hugo Moyano lo acompañaban, sentados a su diestra y su siniestra –que no es sólo un modo de decir a su derecha y a su izquierda, sino también una primera pista de que en el lenguaje “común y corriente” late pimpante una ideología– Luis Barrionuevo y Pablo Micheli. Era la conferencia de prensa posterior al paro general del 10 de abril. El líder camionero, ante una pregunta sobre la peculiaridad –por decirlo así– del espectro político que había aglutinado, hizo una especie de chiste sobre “qué es la izquierda, qué es la derecha”, encogido de hombros, como si de verdad no fueran nada, como un Fukuyama con quince años de atraso. Hay algo que uno ha aprendido con el tiempo, pero se puede aprender de otras maneras: cuando se niega la existencia de la izquierda y la derecha, la batuta la tiene la derecha. Continuar leyendo…

El buen nombre de David Moreira

Gracias a La Garganta Poderosa, que de estas cosas –de víctimas que nunca son visualizadas como tales, ni por las instituciones ni por los medios– sabe más que muchos, se pudo oír la voz de la madre de David Moreira, el chico señalado como un ladrón y asesinado a patadas en el barrio Azcuénaga de Rosario, donde tampoco eran nuevas esas confusiones: dos semanas antes, otros dos jóvenes que andaban en moto fueron también confundidos con ladrones por un grupo de remiseros, que los persiguieron a tiros. Los de la moto creían que los perseguían para robarles la moto, hasta que se cayeron y a uno de ellos lo molieron a palos, sin enterarse y a esa altura sin que tuviera importancia si eran ellos los culpables de algo o eran otros. Es necesario retener en la memoria el peso del asesinato de David, porque aunque él hubiese sido el verdadero ladrón de carteras, su asesinato seguiría siendo un homicidio. Pero su familia y sus amigos dicen que David no era un ladrón. Eso reclamó enseguida su familia: salvar su buen nombre. No se podrá esclarecer ese caso, porque David ya fue declarado culpable y escarmentado hasta la muerte en el medio de la calle. Las crónicas sobre su muerte fueron el disparador de otras similares aunque no tan extremas. El nombre de David quedó sepultado entre otros sin nombre. La cosificación de los pobres, en las oleadas de mano dura, es lo primero que sucede. Continuar leyendo…



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