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enero 2016

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En la semana se viralizó una presunta nota que salió en TN, aunque no conozco a nadie que la haya visto en la pantalla. Apareció en las redes sociales decenas de veces, pero lo que aparecía era la transcripción de un diálogo entre una ignota notera de TN y una mujer de la Tupac Amaru que estaba haciendo el acampe en la plaza Belgrano de San Salvador. La notera preguntaba: “¿Por qué está usted aquí, acampando hace más de un mes?”, y la mujer contestaba: “Estoy aquí con la Milagro porque no quiero que mi hija termine siendo sirvienta suya, señorita”.

¿Quiénes somos, compañeros? –le pregunta Milagro a la multitud desde un pequeño escenario. Los que la escuchan son cabecitas negras en el más literal sentido de la expresión. Son los cabecitas negras y ojos quechuas de lo que entonces, cuando ese acto fue filmado, era un territorio de los que diez años antes, en los ‘90, habían sido declarados territorios inviables por las políticas neoliberales de Menem y Cavallo. El documental Milagro en Jujuy es de principios de la década pasada, y fue dirigido, las vueltas de la vida, por quien acaba de ser nombrado al frente de Canal 7, Miguel Pereira, director, antes, de La deuda interna. Por ese entonces, mientras este país estallaba, en Jujuy había una organización que ya tenía diez años de vida, y de vida agitada, convulsionada, de pelea y lucha permanente. Desde el primer día Milagro había estado al frente.

El gobierno de Macri logra que uno se sienta un ingenuo retroactivo. Me acordaba esta semana, que fue peor que la anterior y así sucesivamente desde que una anomalía judicial le recortó –Macri debutó empujando– doce horas de mandato a la ex Presidenta, de uno de los últimos spots de la campaña del FpV antes del ballottage. Ese que se parecía mucho a un spot opositor a Dilma Rousseff: el de las máscaras. Mostraba a Macri sacándose la careta.