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marzo 2016

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De repente estalló la piñata y volvió a caer la lluvia de argumentos con los que durante veinte años nos negaron la movilidad social ascendente. Con el reendeudamiento que ahora es tapizado con necesidad y con urgencia, con la insólita gentileza política de dirigentes que hasta ayer nomás defendían un modelo de país inclusivo y ahora pegan un volantazo que es bien mirado y elogiado en los grandes medios, lo que se le está negando al pueblo argentino básicamente es la posibilidad de la movilidad social ascendente.

Esta semana compartí en Facebook un posteo muy breve, apenas una frase: “Quiero que me devuelvan mi país”. Esas seis palabras rebotaron intensamente en mi interior, en una zona que no es ni muy personal ni muy original: creo que es una zona compartida con millones. Queremos que nos devuelvan nuestro país, lo cual no significa ni ignorar el resultado de las elecciones –en aquel país se podían perder las elecciones–, ni nada desestabilizador, como se estila decir ahora ante la crítica política. Los burócratas en funciones se han ocupado de que las voces opositoras callen, dejando un mínimo cupo para cumplir con presuntos buenos modales por los que tanto reclamaban y de los que hace tres meses demuestran que carecen por completo. Que son, como insisto desde hace algunas contratapas, neo bárbaros, gente emocionalmente tosca, moldeada al uso de esos artefactos que creó el dinero para multiplicarse por generación espontánea y se llaman corporaciones y buitres. Nos va quedando en claro que corporaciones y buitres comparten estrategia.