Assange, un compañero

Cómo todas las luchas por la verdad se entrelazan

Ayer leí y compartí una frase atribuida a Julian Assange: «Nuestro principal enemigo es la ignorancia. Tenemos que saber en qué mundo vivimos». El mismo fue el artífice de la mayor vertiente de información en más de un siglo. Gracias a Wikileaks, que tras su detención ha liberado sus archivos completos, desde hace ocho años el mundo conoce el bajo fondo del poder global con epicentro en Estados Unidos. Espionaje ilegal sobre otros gobiernos, planificación de guerras, de desestabilizaciones, de saqueos. Pasadas apenas horas ya sabemos que Macri se pasó durante la década pasada pidiéndole al gobierno de EEUU un endurecimiento con Argentina, porque según el actual presidente Néstor Kirchner «estaba loco». Lo pidió tantas veces que terminó resultado un pesado.
Assange, como los otros topos o ex funcionarios de la gran banca que estando tan cerca de mentiras insoportables decidieron sacarlas a la luz pública, reemplaza algo de lo que antes estaba localizado en el periodismo (en la época del Watergate), ahora que los medios ya no controlan al poder sino que forman parte de él bajo la lógica corporativa. Y tiene razón: ninguna realidad nacional hoy se despega de la situación general del mundo, carcomido por un sistema que es viejo pero que ha perdido todo límite y en cambio ha aumentado su velocidad destructiva. Assange es lo más parecido a un héroe global que se conoce.

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