Publicaciones archivadas contratapa

Argentinidades

Ultimamente veo choques de paradigmas por todos lados, como si esta época nos regalara la indetenible experiencia de los cambios. Esos choques son múltiples y globales, escarban en nuestras sociedades, las interpelan y las reagrupan, como se puede ver en el tablero mundial, donde la porción emergente del mundo ya es tan grande que esa porción parece considerar defender en bloque sus intereses. Pero esos choques de paradigmas, empujados por la historia, no se dan sólo en la política y en la economía. Se dan en lo subjetivo y, por supuesto, en la cultura. Continuar leyendo…

El sol del juez

Rancas no era un pueblo cualquiera. Era, en los ’50, un caserío quechua como tantos otros, incrustado en los Andes Centrales, pero su peculiaridad era que, aunque pocos lo recordaban, Rancas había entrado en la historia el 2 de agosto de 1824. Ese día, en la plaza del caserío, el general Simón Bolívar hacía aprestos militares y se preparaba para la victoria del ejército independentista en la batalla de Junín, que tuvo lugar muy pocos días después. Aquel 2 de agosto, Bolívar contaba con 7900 soldados de infantería, 1000 de caballería, 6 piezas de artillería. Eso era todo. El ejército realista estaba diezmado, pero aún era mucho más fuerte, y dominaba el Alto Perú. En Rancas, Bolívar pronunció su última arenga antes de la gran batalla, la definitiva. Continuar leyendo…

Thelma

Empezó el Mundial y, como cada cuatro años, las agendas locales bajan un escaño para darle lugar al Entretenimiento Perfecto que atraviesa transversalmente a la población global. La oportunidad sirve para apreciar en su verdadera dimensión qué significa una agenda periodística. “Subir” o “bajar” temas no implica que la relevancia de esos temas sea menor o mayor, sino que es el resultado de decisiones editoriales que a su vez “suben” o “bajan” la información sobre diversos acontecimientos sobre los que después se habla en la calle, en las casas, en los ascensores, en las oficinas, en fin, en la vida real de la gente común y corriente, que se entera de “lo que pasa” a través de los medios de comunicación. Continuar leyendo…

El rescate mitológico

Mientras este miércoles veía cómo los mineros chilenos iban saliendo de la cápsula Fénix después de ascender por el ducto que atravesaba la montaña, pensaba que el impacto mundial que estaban teniendo esas imágenes seguramente deparará a la expresión “salir por el ducto” un destino en el lenguaje global. Continuar leyendo…

Posiciones tomadas

En la televisión se registran algunos memorables diálogos entre periodistas y alumnos secundarios porteños. Exhiben la desinformación de algunos periodistas sobre un tema sobre el que, sin embargo, tienen posición tomada. Porque las posiciones se toman, igual que las escuelas. Continuar leyendo…

Lo nacido

En 2001 solía escucharse que algo no terminaba de morir y algo no terminaba de nacer. Con esa expresión nos era más inteligible la tensión extrema que vivíamos. En esa encrucijada se debatía un país tan acostumbrado a las crisis que aquélla, con su tropel de desgracias colectivas y personales, tardó en mostrar su verdadera dimensión. Lo que pasó fue tan border, tan límite, que quizá todavía estemos bajo estrés postraumático. Continuar leyendo…

Curiosidades argentinas

El miércoles estaba entrando a un restaurante porteño con algunos miembros de la organización barrial Túpac Amaru. Milagro Sala venía media cuadra más atrás, con su marido y otros compañeros. Cuando estábamos por entrar, un policía federal que estaba con otro en la puerta del restaurante de enfrente me miró y me hizo una seña. Nos detuvimos. El policía, un hombre de mediana edad, cruzó la calle y vino directo hacia mí. Yo debo haber retrocedido un poco y la cara se me debe haber puesto involuntariamente tensa: el policía estiraba su mano, iba a agarrarme el brazo. Continuar leyendo…

Chile y Bolivia

Ya hacía unos años que a la Argentina había vuelto la democracia, y apenas un par que este diario existía. Me tocó en suerte una cobertura inolvidable: ir a Chile a cubrir las elecciones con las que Augusto Pinochet se despedía. No se despedía del todo, porque había hecho una Constitución a su medida y quedaba como senador vitalicio. Continuar leyendo…

Marubos y Mayorubas

Repaso mi cuaderno de notas y encuentro el mapa que hizo Débora Arisi, brasileña, antropóloga, ojos bien abiertos y celestes. A un costado de la carpa donde mujeres indígenas hacían un homenaje a la tierra ofreciéndole semillas, estábamos conversando con Jorge (léase yogyi) y Waki, jefes marubo y mayoruba, respectivamente. Son dos de las comunidades más grandes de la Amazonia, donde viven casi 300 etnias distintas. Un rato antes, yo estaba sentada en una de las gradas, con un aparatinho, así decía el locutor, del que “salían las voces de las traductoras”. El mío no andaba, y es que fallan muchas veces. Una mujer joven, con la cara limpia, se paró delante de mí para leer mi credencial, que decía “Imprensa”. Mi nombre y mi medio habían estado escritos con birome roja, que se fue destiñendo lluvia tras lluvia.

–¿Prensa? –me preguntó, sin saber mi idioma.

–¿Cómo? –yo estaba distraída con el aparatinho.

La mujer rubia sonrió, me agarró la mano y la estrechó con fuerza. Una manera cordial de obligarme a acercarme, porque el sonido ambiente obligaba a gritar.

–Soy Débora Arisi, soy antropóloga. Yo vivo con los marubo, de la zona del Javarí. Están en problemas, graves problemas. ¿Puedes hacerles una nota? Continuar leyendo…

Setentismo

Después de todo cada vez que se habla de “setentismo” de lo que se habla es de un falso setentismo; ni siquiera de un falso recuerdo, sino más bien de una abstracción generada en la lengua a través de una operación de poder. Continuar leyendo…

Doce años

Una pregunta puede ser formulada de muchas maneras. Una respuesta es siempre vaga si no se sabe a qué pregunta responde. Uno puede decir que sí o que no a muchas cosas, a una cantidad increíble de cosas, pero hay sólo un puñado de cuestiones a las que diciéndoles que sí o que no, uno es quien es. Continuar leyendo…

El tren

“No hay nada más triste que un tren inmóvil bajo la lluvia.” Ese micropoema de Neruda siempre se me quedó adherido a la memoria, quizá porque la imagen que trae a la cabeza es lo que golpea el recuerdo. Igual que este otro, que no es un micropoema, sino una microescena, que me tocó vivir en mi adolescencia, cuando los trenes eran del Estado, pero el Estado era de las Fuerzas Armadas. En un vagón solitario del Roca, viajando de la Capital a Quilmes, de noche, sentada y leyendo rompiéndome los ojos con esa media luz que iluminaba los vagones de esa época. Me distrajo un pibe que se paró en el pasillo a la altura de mi asiento. El pibe sacó una navaja de su bolsillo, abrió y comenzó a hacer unos cortes en la cuerina del asiento. No tuve tiempo ni para asustarme, como veo, ahora que lo escribo, que debería haber hecho. “Qué hacés”, le dije. El se encogió de hombros. Yo no me animé a decir más nada. No sabía qué decir en realidad. No tenía muy claro por qué estaba mal cortajear esos trenes de mierda a los que había que esperar horas, y en los que había que esperar horas cuando todos los días se paraban en algún tramo del recorrido. Eran los trenes a los que se subía el Ejército todas las mañanas para requisar a los estudiantes que viajaban en dirección a La Plata. Nadie los quería. Continuar leyendo…

El patio de los Campanelli

Cuando los que hoy andamos por la mediana edad éramos chicos, viajar en avión era una iniciación que a veces se postergaba más que todas las otras. Todavía no existía siquiera la palabra globalización, y lo que quedaba lejos quedaba lejos del todo. De los aviones llegaban imágenes fascinantes, como las de los pilotos y las azafatas, que parecían seres en tránsito permanente y además conseguían perfumes y cigarrillos importados. Ser azafata o piloto de avión era una de las primeras cosas que se nos ocurrían cuando nos preguntaban qué queríamos ser cuando fuésemos grandes. Las azafatas con sus uniformes y sus valijitas con ruedas nos parecían, desde la mirada de los diez o doce años, mujeres un poco mundanas y al mismo tiempo respetables, con sus polleras por la rodilla y sus pañuelos de seda atados con gracia al cuello o despuntando del bolsillo del blazer. No eran mujeres, en todo caso, cuya mayor preocupación era qué hacer de cenar. En aquel imaginario prepúber, esas mujeres siempre sonrientes dormían una noche en París y la siguiente en Nueva York, en hoteles lindos y pagados por la compañía. Hablaban inglés y estaban siempre maquilladas. Así como en la Edad Media ser monja era un buen recurso para no casarse, en nuestras preadolescencias ser azafata parecía un buen recurso para viajar. Continuar leyendo…

El hogar del oso Pando

“¡Yo puedo no estar de acuerdo con un periodista, pero no me voy a ir a las manos!”, decía Cecilia Pando, promediando el 2006, en una entrevista concedida a Para Ti, después de que en el acto organizado por la Comisión Permanente de Homenaje a los Muertos por la Subversión en Plaza San Martín, un grupito de adherentes moliera a golpes a un cronista del canal América. La nota se titulaba “El señor Pando”, en referencia al mayor retirado Pedro Mercado, su marido y el padre de sus siete hijos. Lo que tiene Para Ti es que logra meterse allí donde uno jamás podría. En este caso, el hogar Pando-Mercado, un “luminoso departamento de cuatro habitaciones ubicado en Belgrano”, donde esa linda familia numerosa pasa sus días, en ese barullo delicioso de peluches y cuadernos que suponen tantos críos. Después de todo, y en los antípodas de la familia numerosa light que habilita a Maru Botana a hacer la publicidad de yogures que refuerzan las defensas, los Pando-Mercado vienen a ser una familia numerosa con muchas calorías, pero que a tono con la época permite que la señora de casa se realice como activista y no se prive de expresarse públicamente. Continuar leyendo…

La yegua y el montañista

En el banco, frente a las ventanillas, había tres colas y ninguna era muy larga, pero la de la izquierda estaba casi desierta. Era la que estaba disponible para los clientes VIP. Llegué y leí los tres letreros: VIP, Personas y Empresas. Hice un rápido repaso mental sobre mi propia condición y me paré en la de Personas. Delante de mí, último en esa fila, acababa de ubicarse un hombre alto, apenas canoso pero de aspecto juvenil, vestido con jeans y campera de montañista. Colgaba de su espalda una mochila de una marca muy cara, que le daba un aire de turista o extranjero; supuse que era un hombre de paso por ese microcentro atestado de mediodía. Ni tuve tiempo de pararme con todo el peso en una de mis piernas, que es lo que uno hace cuando se autoacomoda en una cola de banco atrás de una docena de personas. Llegó otro hombre, más viejo y trajeado, que sobre mi oído preguntó:

–¿Las tres colas son iguales? ¿Por qué en ésta no hay nadie? Continuar leyendo…

El cuentito

Barack Obama fue caricaturizado agresivamente por The New Yorker y tanto demócratas como republicanos pusieron el grito en el cielo. The New Yorker se sintió en la obligación de aclarar el espíritu de la caricatura, a modo de disculpa. El turbante musulmán de Obama y el fusil que cargaba su esposa revolvieron el estómago norteamericano. Ese estómago será imperial pero, en materia de política interna, funciona con reglas claras. A las bananas las dejan crecer prolijamente fuera de su territorio. A nadie se le pasó por la cabeza que la crítica a una caricatura semejante sobre un candidato presidencial rozara la libertad de prensa. Hubiese sido ridículo. Tan ridículo como fue que aquí sí se hablara, en estos meses, de atentados a la libertad de prensa. Desde que comenzó este conflicto, los grandes medios no sólo han caricaturizado agresivamente a la Presidenta –y no me refiero sólo a aquella casi anecdótica caricatura de Sábat sino también a clips presuntamente chistosos que siguieron entreteniendo a la audiencia–, limando la institucionalidad del lugar que ocupa legítimamente. Confunden la libertad de prensa con el derecho al agravio. Los grandes medios han funcionado prácticamente como órganos de prensa y difusión de los sectores del campo afectados por las retenciones móviles. En ese sentido, esos medios han violado sistemáticamente el derecho a la información de los ciudadanos. Lamentablemente, y por su parte, la televisión pública se comportó como la televisión pública de cualquier otro país, menos de éste. Fue revulsivo ver esa pantalla el último sábado, cuando en un homenaje a Favaloro se exhibió en primer plano, atendiendo teléfonos, a Noemí Alan, cuya foto más recordada fue tomada en la ESMA, brindando con el Tigre Acosta. Continuar leyendo…

Banderas

Hace algún tiempo comenté una idea del escritor británico John Berger que leí en una entrevista. Decía que él descree de la palabra “amor”, porque supone un desenlace feliz. Y agregaba que él prefiere esos momentos en los que, a solas con otra persona o colectivamente, está pasando algo que todavía no puede ser conceptualizado pero se vive, se siente, se entra de lleno en ellos. Lo individual se disuelve y se abre el túnel que nos separa de los otros. Hay comunión. Son momentos de contacto pleno. Todo esto último es interpretación mía de lo que desde ese momento llamo “Momentos Berger”. Sí recuerdo perfectamente que él terminaba ese párrafo diciendo: “Probablemente sean los únicos momentos por los que vale la pena vivir”. Continuar leyendo…

El vestido de terciopelo

Leía esta semana, en el blog El boomerang, una nota de Marcelo Figueras en la que mencionaba “Las Ménades”, el cuento de Cortázar en el que un grupo de mujeres escucha un concierto de música clásica que las desborda de emoción, embargadas por un goce artístico “bestial”, desmesurado. O quizá no se trate sólo de público que disfruta “bestialmente” de la Alta Cultura, sino de mujeres que se identifican, aunque “bestialmente”, con la delicadeza, la profundidad y la armonía de la música. Buena lectura en estos días en los que con actitudes bestiales se habla de democracia y se pechea. Continuar leyendo…

Moverse

El martes, en la librería Gandhi, se presentó la Carta Abierta 3, firmada por el colectivo de personas ligadas a la universidad, la cultura, el arte, el feminismo y la literatura que se autoconvocan en la Biblioteca Nacional. La primera Carta Abierta tuvo por eje el “clima destituyente” que luego comenzó a hacerse cada día más palpable. La segunda, la necesidad democrática de contar con una nueva ley de radiodifusión. La tercera Carta Abierta reza sobre “La nueva derecha en la Argentina”. En la conferencia de prensa del martes hubo muy pocos medios de comunicación presentes. Casi ninguno. No les interesa a los grandes medios lo que surja de ese colectivo de pensamiento. No garpa el pensamiento como garpa De Angeli hablando de “tiranía”. Continuar leyendo…

Generación

La frase se me vino inevitablemente a la cabeza. Me llamaban para hablar en la presentación de la revista Generación, el 11 de junio, y alguien en el teléfono me decía que en la mesa también iba a estar una docente de la Facultad de Ciencias Sociales con la que últimamente nos vemos seguido. Me reí porque hasta hace un par de meses no nos conocíamos, y ahora chocamos en las entradas o las salidas de diversos encuentros en los que se discute la crisis del “campo” o en las que se discute la ley de radiodifusión. La frase, decía, se me vino como por inercia a la cabeza: nos une el espanto. Pensar en esa frase, no ya usarla, pensarla apenas, da un poco de rechazo, como todo lo demasiado escuchado, lo demasiado repetido, lo demasiado obvio. Y sin embargo, la frase de Borges, a quien también le debemos la percepción de que el peronismo es “incorregible”, me vino a la cabeza. Esa frase que anticipa que no es el amor el motivo de una unión sino la náusea. Continuar leyendo…



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