Publicaciones archivadas hombres

Unos amores difíciles

Vivimos en el tiempo de los amores efímeros, pero añoramos el flirteo. Los vínculos son fatalmente frágiles, pero el sufrimiento por amor sigue siendo algo muy duro. En su nuevo libro Amar y flirtear, Sandra Russo elaboró un contrapunto entre Adam Phillips y Zygmunt Bauman, aceptando la fatalidad de la época líquida, pero apostando aún a algunos sentimientos sólidos.

por Violeta Gorodischer

“Llorarás más de diez veces por amor, romperán más de diez veces tu corazón”, dice Leo Mattioli en una de sus canciones más conocidas, esa que todavía sigue sonando en la tele, en la radio y en más de una fiesta que se despacha a mitad de la noche con la cumbia romántica a todo volumen. Un mensaje que ya es familiar no sólo por la popularidad de la letra sino porque se multiplica también en los discursos masivos sobre el amor: desde la telenovela y el bolero, hasta las películas de Hollywood, las canciones pop, la ópera e incluso la narrativa contemporánea. Siempre, de una u otra manera, se sufre. “Quizá cierto malestar de época esté relacionado con el hecho de que no existan discursos para auxiliarnos sobre nuestras preocupaciones amorosas, o mejor dicho: los discursos circulantes provienen del folletín, del bolero, Montaner, esas cosas mejores o peores, pero que lo único que dicen es lo mismo que sabemos: el amor hace sufrir”, plantea Sandra Russo, periodista y escritora, autora del flamante libro llamado ni más ni menos que Amar y flirtear, donde se propone tomar el toro por las astas y sumergirse de lleno en los vínculos amorosos actuales. Así, con el firme propósito de llevar a cabo una reflexión profunda, Russo trata de establecer una unión (o más bien contrapunto) entre Phillips y Zigmunt Bauman, autores que supo seguir con fruición y que, según cuenta, le cambiaron los paradigmas por completo. En líneas generales, el planteo es más o menos así: si en Amor líquido Zygmunt Bauman arguye que lo que define a la modernidad son las relaciones “líquidas” de las que es fácil escurrirse, y añora los antiguos tiempos de solidez, en Flirtear-Psicoanálisis, Vida y Literatura, Adam Phillips reivindica el flirteo como forma de atracción habilitada, no sólo desde el punto de vista sentimental sino incluso con las ideas, con los mismos esquemas teóricos de una época que no deja de ofrecer opciones para todos los gustos. Entonces ambos intentan hallar respuestas que tienen que ver con las relaciones humanas. Concretamente, con el amor. “Los dos hablaban de lo mismo, pero desde diferentes verbos, esto es: con acentos teóricos diferentes. Vivimos como dice Phillips, pero en el fondo aspiramos a lo que dice Bauman”, sostiene Russo. Y partiendo de esta hipótesis, da pie al cruce entre ideas de diferentes críticos y sus propias conclusiones personales para trazar un mapa de los vínculos entre hombres y mujeres “emocionalmente frágiles” que huyen del sufrimiento. “Hay un cansancio en el aire, ganas de ir hacia una fragilidad que todavía no tiene forma. No la del sexo débil, más bien una necesidad de fragilidad andrógina que puedan compartir ambos sexos”, dice. Si en el desfile de autores citados, la elección puede resultar arbitraria (Foucault, Berger, Rosa Montero, Roxana Kreimer), la explicación es simple: “No tiene ningún eje más allá de lo que yo ya tenía leído y me iba rebotando a medida que iba escribiendo. Son cosas que guardo en el disco rígido y van saliendo a medida que escribo. Foucault, por ejemplo, para mí más que una lectura es un punto de vista. Una vez que uno lo lee empieza a usar sus textos como puntos de vista. Yo al menos los uso así: puede ser en una nota sobre política o en una reflexión sobre hombres y mujeres, son maneras de ver el poder”. Continuar leyendo…

Amar y flirtear

El amor en general es maltratado en los medios de comunicación masiva. El amor es el tema insoslayable de los folletines, de las canciones melódicas y las canciones pop, de las películas de Hollywood y de muchos best sellers de autoayuda. El amor también es un tema de culto, como saben los fanáticos de algunos directores coreanos que nos vienen a decir, desde latitudes y ritos muy distintos a los nuestros, sus puntos de vista sobre ese sentimiento. El amor es un tema de la ópera. Y de la narrativa, por supuesto. Pero muy pocos llegan a leer esos cuentos y novelas, o a presenciar una ópera, o a ver cine coreano, como hace unas décadas los jóvenes veían cine francés. Continuar leyendo…

El hombre no es como el oso

El que no se dio cuenta hasta ahora es porque se colgó. Los hombres son los objetos sexuales por excelencia en una época en la que los atributos femeninos están sobrevaluados y los masculinos yacen en un basural de paradigmas. Ahora todos queremos ser femeninos: las mujeres y los hombres, porque hemos descubierto que los hombres habrán experimentado históricamente la tenencia del poder, pero las mujeres hemos entretenido nuestras sensibilidades.

Todos los hombres quieren ser sensibles. Y hacen bien. Nuestros hombres son acolchados. Son comprensivos. Son mimosos. Son expansivos. O por lo menos les gustaría serlo. Hoy es un valor masculino la sensibilidad, y no la fuerza. Se trata de un brusco y vertiginoso cambio de rasgos de género. Continuar leyendo…

Ellas románticas, ellos calientes

Una marca de desodorantes femeninos se avivó: el romanticismo está en crisis. Esa misma marca tenía una legendaria campaña, que duró años, según la cual una mujer que se ponía alguna de esas fragancias podía prepararse para ser objeto de impulsos románticos masculinos. La estela de perfume que dejaba ella al pasar a su lado provocaba en un hombre el deseo de regalarle flores. La marca de desodorantes ahora plantea un llamamiento a los varones: en uno de sus spots, él, con quien ella ya tiene una relación amorosa, le da una cajita como las que en las películas contienen los anillos de compromiso. Pero en su interior ella encuentra una llave, que no es la de la felicidad, y ni siquiera la de la casa de él. Es la llave de abajo, para que ella se vaya sola a la madrugada, y él pueda seguir durmiendo.

Ella se decepciona; él no entiende por qué. Ella esperaba otra cosa; a él no se le ocurre que ella esperaba otra cosa. Continuar leyendo…

El falo de cristal

Ella es muy joven, bella, ingeniosa. Está por terminar letras, pero eso no le alcanza: hace cursos de filosofía y en sus ratos libres practica acrobacia y hace tai chi. Además lee bastante. Puede ponerse a defender, completamente borracha, la vigencia de Spinoza o de Henry James. Siempre que la veo está vestida como una muñequita de torta palermitana, como una falsa ingenua, porque de ingenua, Lila no tiene nada. Continuar leyendo…

Turistas con otros planes

Maya creció en un pueblo norteamericano de poco más de trescientos habitantes. A pocos kilómetros de allí creció Tom, su marido y el padre de sus cuatro hijas. Pero Maya y Tom no se conocieron en un McDonald’s ni en esas kermesses campesinas yanquis en las que se canta música country y los hombres usan sombreros y las mujeres el pelo batido. El flechazo fue en el campo, pero en Japón. Es que Maya y Tom son desde muy jóvenes ese tipo de ciudadanos globales que se están multiplicando y que deambulan sin apuro por latitudes extrañas, excéntricas, si por centro de este mundo se toma su país de origen. Continuar leyendo…

Mujeres que corren a todos

Hace ya algunos años, el libro de la norteamericana Clarissa Pinkola Estes, Mujeres que corren con lobos, causó un furor pocas veces visto entre el público lector femenino con alguna, aunque fuera mínima, conciencia de género. Fue uno de esos sucesos editoriales que surgen cuando un libro habla de algo que está en el aire y todavía no fue dicho. Mujeres… invistió y habilitó para millones de lectoras de todo el mundo la faceta guerrera femenina no como una contradicción, sino como un complemento de la feminidad profunda. Puede decirse, se me ocurre ahora, que Mujeres… fue un libro que incorporó cierta tendencia fálica como propia e inherente al género. Continuar leyendo…

Género masculino

“Hay dos clases de mujeres. La mujer-objeto, que se puede manejar, manipular y abarcar con la mirada, y que es el adorno de una vida masculina. Y la mujer-paisaje. A ésta el hombre la visita, se adentra en ella y corre el peligro de perderse. La primera es vertical, horizontal la segunda. La primera es voluble, caprichosa, reivindicativa, coqueta. La otra es taciturna, obstinada, posesiva, memoriosa, soñadora”

Michel Tournier, El Rey de los Alisos.

¿Y cuántas clases de hombres hay? Tournier no lo dice, ni le importa. Los enigmas del género masculino recién están asomando y la respuesta a esta última pregunta sobrevendrá de alguna mujer contemporánea, observadora, seguramente una mujer-paisaje en cuyo interior se habrán perdido varios a los que ella pudo catalogar y clasificar, como una entomóloga amorosa. Continuar leyendo…

El hombre verdadero

“Vivir juntos, en mundos separados.” Así se llama este año el informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas, que se da a conocer hoy en todo el mundo. Alude a hombres y mujeres, que viven juntos, pero en condiciones que los separan: esta vez, el trabajo elaborado en base a los informes que fueron recabados en las Cumbres de Población y de Mujeres (El Cairo, Beijing, Nueva York) y a los informes de seguimiento en cada país, va directamente al grano, es decir, a la discriminación por género. Hombres y mujeres no juegan el mismo juego, ni juegan con las mismas reglas. Una de las virtudes del informe es permitir una lectura a través de los diferentes cortes que se pueden hacer sobre la población mundial: hay hombres y hay mujeres, sí, pero también hay ricos y hay pobres, y hay niños y hay adultos, y hay jóvenes y hay viejos. En cualquiera de estas categorías se lleva la de perder si se es mujer. Y el gran eje sobre el que cabalgan los problemas de población mundial es el de la salud reproductiva. Si se debieran suprimir los matices, los detalles, las infinitas complejidades de cada cultura, podría rescatarse una línea del sustancioso informe de la ONU: “Un tercio de los 80 millones de embarazos que se producen anualmente en el mundo no son deseados”. De ese tercio, algo más de 26 millones de embarazos, se desprenden los veinte millones de abortos anuales realizados en malas condiciones sanitarias, las 78 mil muertes de mujeres y los miles de chicos que quedan huérfanos o sin nadie que se ocupe especialmente de ellos. Continuar leyendo…



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