Archivos por categoría: identidad

El segundo pecado original

Hubo una vez un matrimonio que formaron los escritores Sara Gallardo y Héctor A. Murena. Se encontraron y se quedaron juntos allá por el ’70, mutuamente deslumbrados por la sintonía del dolor existencial que padecían. Ella no era solamente Gallardo; era además Drago y Mitre. La generación del ’80, que dibujó la forma ingrata de

Lo latinoamericano

Alguna vez escribí una contratapa que se llamaba “El pulóver peruano”. La verdad, sé que “el pulóver peruano” fue uno de los primeros emblemas que trajo por aquí la posmodernidad, o eso que nos ingresó no sólo a otro mundo material, sino también a otro mundo mental. En ese mundo, no se incluye. Se pertenece,

Lamer el chocolatín

(texto publicado en la revista La mujer de mi vida en 2004) Cuando era chica y empezaba mi programa favorito –el Capitán Piluso-, mi mamá me daba, a veces, un chocolate Suchard de los amarillos, los que tenían cereales. Eran días especiales. Quién sabe por qué, a los seis años yo administraba mi Suchard amarillo

Mardel

¿Me parece a mí, o ya pasó esto de que la temporada marplatense comience “pasada por agua”, y que en todos los canales de televisión haya noteros enviados a La Feliz que, como llueve, no pueden ir a la playa a mostrar chicas y entonces dicen en cada entrada que Mar del Plata está “pasada

Orfandades

El huérfano en mi infancia era un personaje de Dickens, alguien de otro siglo. Un niño o niña como yo, pero despeinados, vestidos con el tweed roído de un abrigo que no alcanzaba nunca para quitarles el frío. Estaban solos en las calles, o eran rehenes de algún maldito. Tomaban sopas inmundas y soportaban todo

Mujeres que corren a todos

Hace ya algunos años, el libro de la norteamericana Clarissa Pinkola Estes, Mujeres que corren con lobos, causó un furor pocas veces visto entre el público lector femenino con alguna, aunque fuera mínima, conciencia de género. Fue uno de esos sucesos editoriales que surgen cuando un libro habla de algo que está en el aire

El otro lado de la vía

La clínica queda en Quilmes, pero del otro lado de la vía. Quilmes Oeste, cuando yo era chica, era otro mundo. Vivir del otro lado de la vía era ser diferente, tener otras costumbres, otros ritos, como ser de otro club. Mi madre lentamente fue trasladándose al otro lado de la vía. Sus confusiones empezaron

Subte D

Subte D, viernes, ocho de la noche. No mucha gente. Ya pasó la hora pico. Todos los asientos están ocupados, pero no son tantos los que van parados. Entre ellos hay un pequeño grupo de turistas norteamericanos muy jóvenes, cuatro o cinco. Hablan muy fuerte su lenguaje gomoso que parece extraído de HBO. En la