Archivos por categoría: mujeres

La insatisfecha

–¿Qué tal? –Nada. –¿Cómo nada? –Ni bien ni mal. Nada. –Un mal día. –No, no, igual que todos los días. –Che, qué bajón que tenés. –¿Yo? No, no, me da lo mismo. –¿Qué te da lo mismo? –Todo. –¡Estás rayada, Rita! –No, no, estoy igual que siempre. –¿Con Carlos bien? –Sí, sí, no tenemos ningún

La ocupada

–¿Claudia? –Ay, sí, uf, qué hacés. –¿Estás ocupada? –Uf, ay, sí, ¿qué hacés? –¿Te llamo en otro momento? –Sí, no, no, contame. –No, no tengo nada para contarte. –Ah, ¿y entonces? –¿Y entonces qué? –No sé, qué sé yo, qué hacés. –Claudia, estás agitada. –Sí, sí, no, lo que pasa es que estaba concentrada. –¿En

Lencería

–Te tengo que pasar un dato bárbaro. –¿Sí? –Encontré un lugar donde venden segunda selección de lencería de encaje. Me compré unos conjuntos a-lu-ci-nan-tes. –¿Sí? –Me compré un conjunto negro con el corpiño push up y la bombachita calada que no sabés lo que es. –Qué lindo. –Y me compré otro… ¡rojo! No pude resistirme.

La infiel

–Pensá bien lo que vas a hacer. Es un buen hombre. –Parecés Delfy de Ortega en “El amor tiene cara de mujer”. –¿Quién? –Pensá bien lo que vas a hacer. Es un buen hombre. Te quiere, te respeta, no te hace faltar nada, usa escarapela en las fiestas patrias… –¿Sos tarada, vos? ¿Solamente hay que

Ir o no ir

–¿Y entonces? ¿Qué le vas a contestar? –¡Ay, no sé! –Pero algo le tenés que contestar. –Bueno, me puedo tomar unos días para pensarlo, ¿no? –Florencia, no te ofreció un trabajo. Te invitó a cenar. –Bueno, pero igual lo puedo pensar, ¿o no? –¿Cómo le vas a decir que te vas a tomar unos días

Tango

–Estoy como nueva. –¿Fuiste a la peluquería? –No, es en serio. –¿Conociste a alguien? –Sí, pero no es lo que vos creés. –¿Son solamente amigos? –¿No te digo? Tenés la idea fija. –¿Yo tengo la idea fija? ¡Si sos vos la que me llama todas las noches llorando porque jamás encuentra la tapa de su

El caballero

–¿Y? –Un caballero. –¿Viste? –Estuvo perfecto. –Te dije. –Después de cenar, fuimos a tomar un helado y después a tomar un café. –¿Y después? –Después me dijo: te llevo a tu casa. No me lo preguntó, lo dijo así: te llevo a tu casa. –Con carácter. –Eso. Bien masculino. –¿Y? –Y me llevó a mi

El regalo

–¿Volviste a hablar con Luis? –¡¡No!! –¿Tan mal quedaron? –Mirá: hay que cortar por lo sano. Cuando algo no funciona, no funciona. –¿Y cómo estás? –… Bien. Me la estoy bancando bien. Ya soy grande. Lo que no va, no va. –Así que hace como un mes que nada. –Nada. Nada de nada. O la

Las uñas

–¿A ver esas manos? ¿Uñas amarillas? –Ah, ¿te gusta? –Qué raro, amarillas. –Sí, ¿te gusta? –Amarillo amarillo. Amarillo huevo. –No te gusta. –No, sí. –Me cansé del rojo. Me compré esmalte amarillo y esmalte verde. –¿No es muy de pendeja? –¿Y qué tiene? Todavía no cumplí cincuenta. –¿A ver tus uñas? Dame la mano. –¿Qué

Las 12, ¿un año escrito solamente por mujeres?

Hace poco mas de un año, en las primeras reuniones de edición del entonces futuro suplemento de mujeres de Página/12, se discutían acaloradamente varias cuestiones y se olfateaba, como es norma en este diario, que todo aquello que despierta el debate encendido entre directores, editores y redactores, tiene jugo. Se había echado una hojeada a