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pelota de trapo

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La idea hace rato que está en danza, y reaparece en distintos lugares y en diferentes circunstancias que, en realidad, no son tan diferentes: cuando arrecian las quejas de vecinos por menores que delinquen o simplemente deambulan, como ocurrió ya en Mendoza y La Pampa, a alguien se le ocurre enviar a la respectiva Legislatura un proyecto de ley que sancione a los padres de los menores con multas o prisión. En este caso, la idea fue reflotada en San Luis, provincia cinematográfica y aparentemente, según sus esporádicos y carísimos spots publicitarios, de pleno empleo. Sin embargo, con una minoridad amenazante. El gobierno puntano elaboró un proyecto según el cual los padres de un menor que cometa un delito que ellos podrían haber evitado serán arrestados y deberán cumplir una pena de hasta 120 días de prisión. La aprobación del proyecto implicaría modificar el Código Contravencional local.

Un adolescente de apenas 14 años dormía en una casilla precaria en Plottier, Neuquén, y murió asfixiado ayer a la madrugada del 4 de diciembre como consecuencia de un incendio que se habría desatado en el techo de la vivienda. El chico estaba solo en la casa cuando se desencadenó el fuego, y dormido, no pudo advertir el riesgo.

Que en muchos casos no inscriben a los niños guaraníes en los registros civiles hasta que tengan un año, para que no quede registrado el altísimo nivel de mortalidad infantil: lo deslizó a principios de septiembre Hebe de Bonafini, en un reportaje que le hizo en Radio Nacional a Alberto Morlachetti. Los datos encastran en una lamentable perfección con los dichos de Bonafini. La etnia mbya guaraní de Misiones es en sí misma un nicho de esos que se le escapan a la antropología y deberían ser objetos de estudio y preocupación también de la sociología y la economía, hasta llegar a las ciencias políticas.

Los vecinos de Fiorito, en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, le dicen “la bolsa negra” porque se parece a las bolsas de basura. Pero “la bolsa negra” contiene alimentos. Los que son tratados como basura son los pobres que la reciben. Y son más de 300 familias que están alarmadas porque el contenido de “la bolsa negra” fue mermando, y en la diferencia entre lo que contenía y lo que contiene ahora, desde hace unos tres meses, se juega nada menos que la supervivencia de los integrantes de esas familias. Es el caso de Matías.

Tiene cuatro años, no camina, sus miembros estás atrofiados. Vive en Santa Elena, Entre Ríos. El chiquito no nació con problemas de discapacidad. Puede hablarse en este caso de una discapacidad adquirida en la pobreza. El, junto a dos hermanitos bebés, fue hallado por la terapista ocupacional Miriam Walter, en una familia de esa localidad sumida en las más extremas carencias. Fue el hambre, la desnutrición la que provocó ese estado de discapacidad.

El juzgado de Segunda Nominación de Santiago del Estero y el Penal de Menores tuvieron trabajo en los últimos días de junio. Es que el personal de turno del juzgado tuvo que ocuparse de “devolver” a dos chicos a sus padres y el del Penal de recibir a un detenido más después de que fueran detenidos por personal de seguridad de un conocido supermercado del centro de la ciudad, nada menos que con unos cuantos calditos en los bolsillos.

Detrás del club Santa Catalina, en Luis Guillón, partido de Esteban Echeverría, hay un manojo de casas de papel. O cartón o chapa, o madera o junco, o cualquier cosa: esas casas se han ido construyendo con las sobras de otros. Ahí, a la vera del club Santa Catalina, gente con nombre y apellido como Marcelo Sánchez o Javier Quintana o Juan Ferreira venían pidiendo a la municipalidad que les sacara literalmente de encima unos eucaliptos centenarios que amagaban con venirse abajo, poniendo en peligro a sus familias. El municipio no contestaba, y no es difícil deducir por qué: a los árboles centenarios hay que cuidarlos, hay consenso generalizado, a esta altura, sobre el valor ecológico de un árbol centenario. Un árbol que tarda tanto en crecer, un árbol testigo de un siglo. A los niños se les enseña en las escuelas el valor de los árboles, sobre todo de los árboles centenarios. Hay que respetar a la naturaleza. Amarla como a una diosa madre tantas veces vulnerada. Pero esos eucaliptos que se agitaban amenazantes con los vientos no dejaban dormir tranquilos a los jefes de esas familias, que vivían en casas precarias pero no eran familias precarias. ¿Cuántas veces se confunden una cosa y la otra? ¿Cuántas veces todos creemos que en casas sólidas viven familias sólidas y en casas prefabricadas familias prefabricadas? Un día Juan Ferreira se hartó de temerles a los árboles, y a machetazos se deshizo de uno. El municipio lo multó. Esa gente. Cuenta la leyenda que cuando les dieron parquet lo levantaron para hacerse un asado. Ahora talan los árboles centenarios. No entienden, no entienden.

A quince kilómetros de Catamarca está el Departamento de Fray Mamerto Esquiú. En el Departamento de Fray Mamerto Esquiú hay un pueblo que se llama La Falda y una posta en la que los vecinos reciben la única ayuda oficial: algunas cajas de leche. Más de la mitad de los chicos que las reciben están desnutridos. Padecen hambre crónica. Sus padres y madres también fueron niños desnutridos. La médica Mercedes Chalave, a cargo del centro asistencial de Fray Mamerto Esquiú, declara al diario El Ancasti, no se sabe si con más resignación que indignación o viceversa, que “la desnutrición siempre existió, al menos en los últimos veinte años en los que trabajé en la posta de San Antonio”. ¿Qué significa que alguien diga que “la desnutrición siempre existió”? ¿Que está haciendo una denuncia o que está describiendo un estado inmodificable de las cosas?