Doce años
Saturday, September 20th, 2008
Una pregunta puede ser formulada de muchas maneras. Una respuesta es siempre vaga si no se sabe a qué pregunta responde. Uno puede decir que sí o que no a muchas cosas, a una cantidad increíble de cosas, pero hay sólo un puñado de cuestiones a las que diciéndoles que sí o que no, uno es quien es.
Todos, tres o cuatro veces en la vida, hemos dicho que sí o que no frente a algunos dilemas, y esas respuestas hoy nos hacen los que somos. Por eso es tan importante, en esos momentos clave de la vida, tener la suficiente lucidez como para plantearnos de un modo honesto e inteligente esos dilemas. Son las encrucijadas de la vida. Las hay siempre y las enfrentamos todos, nos guste o no, en algún momento. No ver las encrucijadas con claridad es una de las maneras más comunes de estropearnos el futuro, o la identidad. (more…)
Discípulo de Billy Graham, encontró un nicho envidiable, el de predicarles a los hispanos de EE.UU. ese evangelismo de la prosperidad capitalista, el del ascenso espiritual y material. Sus festivales en el Obelisco permitieron observar en funcionamiento a sus “células” de “doce siervos” y el espectacular merchandising.
La escena me quedó en la memoria. Una pareja divorciada y con una hija de doce años en común se encontró en la Costa. El ex marido y padre de la niña pasó una noche porque no quería dejar de verla un mes entero. La ex mujer estaba recientemente casada en segundas nupcias: era entonces la mujer de otro hombre. El padre no pasó por la casa para buscar a la niña y llevarla a cenar con él. Tal vez ésa haya sido la idea, pero la ex mujer y su actual marido organizaron un asado para recibirlo y hospedarlo esa noche. Me invitaron al asado. Cuando llegué, las mujeres tomaban unos tragos en la cocina, y el actual marido y el ex marido de la mujer charlaban amigablemente mientras se ocupaban de la parrilla. Fue entonces cuando conocí el desapasionamiento en el sentido más positivo posible. No había ningún nudo de reproches o irritación entre los ex cónyuges. Seguían siendo el padre y la madre de la niña. Y lejos de tolerarse, se tenían mutuo respeto. ¿Un colmo de civilización? ¿Existen, en esta materia, colmos de civilización?
Lo vi hace poco, en el Teatro Alvear. Con Boy Olmi estábamos conduciendo la entrega de los premios Cultura Nación, que distinguió este primer año la trayectoria de veinte grandes nombres de la música y las artes plásticas. Antes de que se abriera el telón los premiados posaban para los fotógrafos. Era una fotografía fuerte. No voy a dar la lista porque es antinarrativo, pero diré: entre ellos estaba León Ferrari.