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	<title>Sandra Russo</title>
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	<pubDate>Tue, 01 Jul 2008 19:53:35 +0000</pubDate>
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		<title>Taller virtual de escritura breve</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jun 2008 07:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[En julio empezamos con el taller virtual de texto breve, para los que viven lejos y no pueden acceder al presencial. Más información acá. Para los que viven cerca, reabrimos la inscripción en los talleres presenciales, más información acá.
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En julio empezamos con el taller virtual de texto breve, para los que viven lejos y no pueden acceder al presencial. Más información <a href="http://www.sandrarusso.com.ar/taller-virtual-de-escritura-breve/">acá</a>. Para los que viven cerca, reabrimos la inscripción en los talleres presenciales, más información <a href="http://www.sandrarusso.com.ar/taller-de-texto-breve/">acá</a>.</p>
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		<title>El abrazo</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jun 2008 06:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[mitologías]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo vieron todos, porque lo pasaron hasta el cansancio: cuando terminó su discurso, CFK fue abrazar a su marido, que a la sazón es el presidente del Partido Justicialista, y él quedó de frente, con los ojos cerrados, y se leía en los labios que le dijo “te amo mucho”, dos veces.
Antes, la Presidenta había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo vieron todos, porque lo pasaron hasta el cansancio: cuando terminó su discurso, CFK fue abrazar a su marido, que a la sazón es el presidente del Partido Justicialista, y él quedó de frente, con los ojos cerrados, y se leía en los labios que le dijo “te amo mucho”, dos veces.</p>
<p>Antes, la Presidenta había dicho, en algún momento del discurso, que ésa era “la plaza del amor”, y en la conferencia de prensa que dio esta semana Néstor Kirchner creo haberle escuchado también esa palabra, “amor”. Cuando la escuché me hizo ruido, y me causó un poco de gracia, porque Kirchner tiene algo hippie. Le encantó, en su momento, ser criticado por su forma de vestirse. Los mocasines, el traje cruzado abierto, todo eso. La palabra “amor” hizo ruido porque no forma parte del vocabulario político K, o no lo hacía hasta ahora. Quien haya ido a la plaza quizá podrá comprender de qué se trata, a qué lazos colectivos puede corresponderle esa palabra, que sale al cruce de otras palabras que se dicen, se sugieren o se gritan.</p>
<p>Antes de las elecciones, cuando se postulaba Cristina y el que dejaba un gobierno tan exitoso que hubiese podido volver a postularse y ganar era él, este escenario que ahora es descrito con ánimo de denuncia constante era perfectamente previsible. Kirchner dejaba la presidencia pero no la política, estaba claro. Cristina se postulaba y ganaba por los méritos de la presidencia de Kirchner, pero era en sí misma y por sí misma, a todas luces, el mejor cuadro de esta nueva etapa del peronismo. Por eso en los correos que manda “el campo” dicen que “está loca”: no pueden decir que es estúpida, como dijeron de Isabel, que es lo que necesitan para hacer encajar a Kirchner con López Rega. Están intentando hacer cuajar esa imagen, que por cierto se descompondrá rápidamente, vista su precariedad maliciosa.</p>
<p>Pero el abrazo. Esa noche para respirar un poco de las noticias puse RSM, el programa de Mariana Fabbiani. Pasaron el abrazo, en un contexto de conductora y panelistas partiendo de la base de que el abrazo estaba preparado. Mariana Fabianni, que jamás termina una nota a favor o en contra de alguien sin mandarle un beso a esa persona y sin decirle “te quiero mucho”, dijo que las demostraciones de afecto entre personas adultas “hay que cuidarlas”, que no le caen muy bien. En el contenido del programa se juntaban entonces dos ejes: el abrazo fue una puesta en escena y la exposición pública del “amor” entre la Presidenta y su marido causaba rechazo.</p>
<p>Veo muy seguido RSM y Mariana Fabbiani casi nunca resulta irritante. Sin embargo, ese día en el que se estaba al borde del desabastecimiento, ese día en el que la fricción civil llegó a su punto más álgido, vi que en ese programa estaban dando por sentado que el abrazo no fue sincero, y que por añadidura, se daba por sentada la insinceridad del Gobierno. Gabriel Rolón, que no sé muy bien qué hace ahí, intentó meter su cucharada de sensatez, diciendo que cuando uno termina de hacer algo que le cuesta mucho necesita el abrazo de un ser querido. Mientras escribo todo esto siento un poco de vergüenza ajena, pero así es la televisión en estos días.</p>
<p>Un porcentaje altísimo de las críticas que recibe el Gobierno proviene de que ella sea la esposa de él. Lo que votó la mayoría de la gente, el resto no lo digiere. Ahora los legisladores de la oposición están montados también en eso. En que ella es la esposa de él. Pero eso se sabía, eso se votó. Así es este proceso. Podría ser de otro modo, pero es así. Y era obvio que ella gobernaría y él seguiría haciendo política. Y acá va decantando: que lo que no les gusta es la política.</p>
<p>Ninguna pareja presidencial, es cierto, ofreció hasta ahora una imagen de afecto tan demostrativa como la que se vio en ese abrazo. Desde que volvió la democracia, en materia de parejas presidenciales lo que hubo fue una primera dama escondida en Chascomús, otra primera dama expulsada por la fuerza de la quinta de Olivos, otra primera dama de acento zona norte emparentada con militares y de convicciones muy religiosas, y otra primera dama, Chiche Duhalde, que también es por sí misma un cuadro político, que también respalda con lealtad ciega a su marido, y viceversa; pero ninguna de esas parejas exhibió un abrazo como el de los Kirchner. El discurso hegemónico vigente invita a desconfiar, también, de que se quieran. El resultado es una operación según la cual no importa lo que digan o hagan, mientras se ejerza aplicadamente la desconfianza. En programas políticos, y mientras uno se entretiene.</p>
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		<title>¿Provocación a quién?</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jun 2008 06:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[política]]></category>

		<category><![CDATA[página 12]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://static.pagina12.com.ar/fotos/20080619/notas/na03fo01.jpg" align="left" />Solamente merced al desmadre social, político e informativo de las últimas semanas se puede entender que hasta el lunes no una, sino muchas voces tildaran el acto de ayer como una “provocación”. Solamente en una coyuntura delirante se puede creer que después de 90 días de no saber si se puede circular libremente por la mayoría de las rutas argentinas, con canales de noticias emitiendo ininterrumpidamente imágenes de góndolas vacías por el desabastecimiento e interminables colas de vehículos en estaciones de servicio, se puede creer que un acto en defensa del gobierno elegido democráticamente hace siete meses puede ser una “provocación”. El acto no fue la provocación, ya sin comillas. La provocación fue y sigue siendo que un gobierno democrático, como ninguno hasta ahora, pretenda redelinear este país, en una escena de excepcional perspectiva de riqueza, para que el Estado pueda redirigir una parte de la renta en beneficio de aquellos que debe proteger prioritariamente cualquier Estado decente: los más débiles.</p>
<p>Es allí donde los admiradores de los Estados modernos se ponen medievales. O bananeros, que es lo mismo. Es allí donde quienes no se cansan de señalar los defectos de este gobierno, jamás se preguntan por la excelencia de la oposición. Por la calidad política de la oposición. Les alcanza con que se trate de oposición. Si se trata de criticar al Gobierno, que hoy es lo más cómodo y fácil, no se ahorran adjetivos ni centímetros del pecho: lo sacan, como si fuera valiente repetir argumentos trillados, capaces de encarnar en golpes de cacerolas.</p>
<p>Están diciendo ahora mismo, por televisión, que todavía la plaza no se ha desconcentrado y que todavía “hay temor entre la gente”. ¿Qué gente? ¿Y cuál es el temor, si ayer sólo se concentró la gente que quería verse las caras, porque ante tanto vacío de contenidos por parte de los grandes medios, se sentía sola, angustiada, desconcertada en sus expectativas y necesitada de expresarse? ¿En qué se basan para reivindicar el derecho a la renta a cualquier costo y para adjetivar como “provocación” un acto de apoyo al gobierno democrático, con una lógica mayoría peronista?</p>
<p>Si de lo que se trata es de agregarle democracia a la democracia, y parece que es el único camino moralmente transitable, también habría que agregar más democracia en las relaciones entre todos. Cuando sube la estatura del adversario, es porque también sube la propia. Hay una larga lista de reproches que hacerle a este gobierno, que ni siquiera insinuaré porque no tengo que estar posando de equidistante. Pero la invitación está hecha, y por esa sola invitación merece ser defendido. El gobierno democrático nos devolvió la política en su término grave, en su amplitud más ancha. Es un gobierno peronista, claro, y trae consigo sus bombos metafísicos y sus tristes fantasmas. Pero ey, amigo, no somos holandeses. En la Argentina hay peronismo, y al menos hasta que no haya otra fuerza capaz de desandarlo, los matices deberán postergarse en beneficio de los grandes consensos.</p>
<p>En esa dimensión amplia de la política es donde la oposición debería hacer eje, si de verdad aspira a otra cosa, y tiene otras alternativas, y buenos argumentos para defenderlas. Estaría muy bien que de nuevo vuelva a haber partidos políticos con lealtades y solidaridades transparentes, en lugar de este embrollo de dirigentes que saltan de agrupación en agrupación y de silla cuando ven una vacía. Estaría muy bien que de esta crisis, que padecemos pero de la que también estamos obligados a aprender cosas, nos brotaran tanto mejores funcionarios como mejores opositores.</p>
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		<title>La mujer peronista</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jun 2008 06:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[mitologías]]></category>

		<category><![CDATA[mujeres]]></category>

		<category><![CDATA[política]]></category>

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		<description><![CDATA[Recibí por correo electrónico una “carta de una ciudadana a CFK”, que alguien que no conozco me mandó, supongo que para esclarecerme. La carta está completamente exenta de cualquier argumento interesante o sostenible más allá de un rechazo visceral, pero está sostenida en un aparente “de mujer a mujer”. Y es así, “de mujer a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recibí por correo electrónico una “carta de una ciudadana a CFK”, que alguien que no conozco me mandó, supongo que para esclarecerme. La carta está completamente exenta de cualquier argumento interesante o sostenible más allá de un rechazo visceral, pero está sostenida en un aparente “de mujer a mujer”. Y es así, “de mujer a mujer”, que en estos días aflora la más descarnada misoginia.</p>
<p>La carta en cuestión es apenas un ingrediente más en este festival de conchudez (perdón por el término, pero es el más preciso que se me ocurre). No es el eje, no es el centro ni el núcleo de este conflicto, pero sí es un rasgo importante el hecho de que en el amplio espectro opositor sean mujeres las que se “descarguen” contra la Presidenta con diversos argumentos y en diferentes tonos, con diversos grados de inteligencia y propiedad. Hay algo en la feminidad de la Presidenta que irrita sobremanera a otras mujeres, mucho más que a los hombres.</p>
<p>En esta carta, la ciudadana en cuestión afirmaba que “Señora: estamos en el año 2008, hace casi una década que hemos comenzado el nuevo milenio, ya ninguna mujer occidental, profesional y dirigente se siente discriminada por ser mujer”. Qué loco, pienso, si todavía ni siquiera se ha rozado la primera y básica reivindicación de género, que es a igual trabajo, igual salario. Las mujeres seguimos ganando menos dinero por el mismo trabajo que hace un hombre. ¿Que “ninguna” mujer “occidental, profesional o dirigente” se siente ya discriminada por su género? Primero, eso no es cierto. Y segundo, la mayoría de las mujeres argentinas serán occidentales por la fuerza, pero no son ni profesionales ni dirigentes. ¿Y ellas? Que se queden allí, en la invisibilidad, y que no jodan.</p>
<p>No voy a transcribir párrafos de esa carta porque finalmente es solamente una carta de una mujer con nombre y apellido, difundida por otras mujeres con nombre y apellido que se sienten identificadas con su contenido. Pero sí me gustaría subrayar que esta operación de odio y resentimiento repta como una serpiente en los interiores de muchas mujeres que no discuten ideología ni política: discuten género. Esto es lo inconcebible. Porque es una patraña. El género, naturalmente, es el caramelito que les ofrece a esas mujeres el pensamiento conservador y patriarcal para roer la realidad desde sus más bajos instintos.</p>
<p>Hemos trabajado y defendido la perspectiva de género desde hace muchos años, pero estos días renuevan el interés en este extraño fenómeno de mujeres que detestan a la Presidenta porque está en un lugar que les parece inmerecido e inapropiado. En la carta, la airada ciudadana hasta le niega a la Presidenta el derecho de reivindicarse como la primera mujer en ser electa para ese cargo. La homologa con Isabel (bueno, Carrió también lo hace cuando la dejan: compara a Cristina con Isabel, por un lado; y se abandona a toda su capacidad de resentimiento, por el otro). Y con Evita. “No nos engaña&#8230; es un viejo símbolo del peronismo ortodoxo ‘la mujer peronista’ al lado de su pueblo y de su hombre, que le posibilita la vanidad del poder.”</p>
<p>¿Qué hay con esa mujer peronista al lado de su pueblo y de su hombre? ¿Qué hay con haber llegado al lugar con el que se soñó? ¿Qué hay con ejercer el poder, qué problema intrínseco, profundo y necio hay con ejercer el poder, que a una mujer sólo le está permitido acercarse a él a través de “la vanidad”?</p>
<p>Las mujeres hemos peleado mucho por alcanzar lugares que están fuera del control de nuestros hombres. Es más: hemos peleado también por tener un nombre propio que nos designe y por ser quienes somos más allá del hombre que tengamos al lado. Pero hemos de concluir, al menos provisoriamente, que en nuestras peleas de género no hemos dimensionado en toda su espantosa y falsa naturaleza esa mirada turbia, envidiosa y capaz de todo que sale disparada de ojos con rimel y corazones de hielo.</p>
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		<title>Moverse</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jun 2008 06:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[contratapa]]></category>

		<category><![CDATA[política]]></category>

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		<description><![CDATA[El martes, en la librería Gandhi, se presentó la Carta Abierta 3, firmada por el colectivo de personas ligadas a la universidad, la cultura, el arte, el feminismo y la literatura que se autoconvocan en la Biblioteca Nacional. La primera Carta Abierta tuvo por eje el “clima destituyente” que luego comenzó a hacerse cada día [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://static.pagina12.com.ar/fotos/20080614/notas/na40fo01.jpg" align="left" />El martes, en la librería Gandhi, se presentó la Carta Abierta 3, firmada por el colectivo de personas ligadas a la universidad, la cultura, el arte, el feminismo y la literatura que se autoconvocan en la Biblioteca Nacional. La primera Carta Abierta tuvo por eje el “clima destituyente” que luego comenzó a hacerse cada día más palpable. La segunda, la necesidad democrática de contar con una nueva ley de radiodifusión. La tercera Carta Abierta reza sobre “La nueva derecha en la Argentina”. En la conferencia de prensa del martes hubo muy pocos medios de comunicación presentes. Casi ninguno. No les interesa a los grandes medios lo que surja de ese colectivo de pensamiento. No garpa el pensamiento como garpa De Angeli hablando de “tiranía”.</p>
<p>Está a la luz, dicho y escrito que ese enorme conjunto de personas se agrupa en la defensa de la sustentabilidad democrática, pese a que en su seno también arrecian las críticas, formuladas en voz alta, no sólo sobre cómo manejó y maneja el Gobierno esta crisis de proporciones inéditas, sino además sobre cómo se pliega sobre sí mismo, impidiendo la comprensión, la difusión y la comunicación de sus políticas. Esto es: cómo prende su suerte a estándares que ya no sirven (por ejemplo, que aquellos sectores beneficiados con sus políticas lo apoyarán), y cómo, al no haber abierto compuertas, tendido puentes y elaborado estrategias de contacto, queda a merced de esa nueva derecha que infecta el relato de la crisis con exageraciones, distorsiones, adjetivos y enunciados retrógrados (a propósito, el jueves Nelson Castro editorializó sobre “un gobierno de privilegios” porque Charly García está internado en la suite presidencial del Argerich. Hay que tener la mirada por lo menos negada a lo popular para poner allí, en la internación de un artista como García, el objeto de crítica al Gobierno y para ponerse a hablar de “privilegios”; un colmo más en estos días de gente sacada de eje).</p>
<p>He escrito “estrategias de contacto” en lugar de “movilización”, porque, como nos han enseñado muchos, entre ellos George Orwell, en momentos críticos uno debe pelear por su lenguaje y debe ser guardián del sentido de sus dichos, toda vez que lo primero que se deglute la derecha es el sentido de las palabras que se le oponen. Y una vez más habremos de dar vuelta ese guante enfangado de los términos que usamos cotidianamente. No se les puede regalar la antinomia de oficialista-opositor así como así, por esa inercia del lenguaje que incluso a muchos comunicadores les hace creer que el pensamiento crítico debe sostenerse siempre en contra de un gobierno y nunca en contra de otro poder real, destituyente, mentiroso, especulador y antipopular.</p>
<p>El guante enfangado dado vuelta nos hace preguntarnos hoy dónde está el poder, al menos una parte de él: ¿es éste un Estado fuerte? ¿Es ésta una democracia fuerte? ¿Dónde está lo blindado de ese poder que “dicen” que Kirchner habría acumulado? ¿Se desblindó, se enfermó de una osteoporosis discursiva que hoy lo demoniza, igual que a la Presidenta?</p>
<p>Como en una kermesse de barrio, con payasos sórdidos y juegos destartalados, allí están también algunos ex periodistas sanamente molestos que saltaron la cerca y hoy se integran, al sencillo modo que supo describir Umberto Eco, al coro de señoras y señores respetables tan irritados siempre con todo lo que huela a peronismo.</p>
<p>Uno de los problemas del peronismo es que trae consigo un relato y un contrarrelato que no han sido zanjados por la historia argentina. El contrarrelato victorioso tras la Libertadora, que no se llamó así por casualidad e inauguró décadas de proscripción y persecución política, que se propuso negarles el derecho a la política a los pobres, reza que el peronismo es un nido de vagos llevados en micros a todas partes, un amontonamiento de truhanes que buscan ganar elecciones solamente para abultar sus propias cuentas bancarias. Mi propia madre, que en su juventud era empleada en un comercio, me contaba cómo la habían llevado “por la fuerza”, una vez, a la Plaza de Mayo, y cómo por ese atropello, que debe haber sido cierto, supongo, toda su vida odió al peronismo. Pero también pude observar, como hija de mi madre, que le repelían los cabezas, los negros, los pobres cuando se organizaban. El pobre suelto, el que tocaba a su puerta para pedirle pan, era bienvenido para que ella ejerciera sus actos caritativos. El pobre junto al pobre, buscando salir de su pobreza, organizado, era para ella un exceso insoportable. Conocí muchas mujeres como ella, las sigo viendo, las leo cuando me mandan cartas en las que vomitan resentimiento.</p>
<p>La cultura expandida del contrarrelato de la Revolución Libertadora se quedó allí anidada, en esas capas medias que se ofrecieron en sacrificio al menemato, y canjearon dos viajes a Miami por el futuro de sus hijos y nietos. El menemato, que jamás provocó una oleada de odio como la que genera este gobierno –y no porque no robara, y no porque no acometiera una canallada tras otra–, se vengó de ellos con el peor fantasma: condenó a las capas medias a abandonar la conciencia de sí; las dejó sin trabajo, sin salud pública, sin educación pública, sin servicios esenciales públicos, sin Estado. Generó pobres nuevos, nuevos de toda novedad, y los arrimó al asentamiento, al barrio obrero sin obreros, a la villa. Pero esas capas medias amaron a Menem precisamente por lo que no tenía de peronista.</p>
<p>El contrarrelato tiene aguante de burro y premia sin pudor la traición al peronismo. O quizás, es el contrarrelato el que necesita peronistas como Menem o Barrionuevo o De la Sota, para mantenerse vívido en los millones de mentes operadas.</p>
<p>En la conferencia de prensa no hubo prensa pero hubo, sí, debate. Alguien dijo que esta derecha no es nueva, que es la misma de siempre, y que no había que regalarle la palabra “nueva”. No es un regalo, me quedé pensando. Lo Nuevo y el Cambio son dos latiguillos a los que siempre apelan derechas e izquierdas, clichés políticos. La Nueva Fuerza, Tiempo Nuevo, Movimiento para el Cambio, en fin, las siglas y los nombres de los programas de televisión deambulan cerca, necesariamente, de lo Nuevo y del Cambio. Es el sentido común de la derecha el que pretende lo Nuevo y el Cambio en la chapa, para conservar lo Viejo, u ocultarlo.</p>
<p>Otra persona relató, el martes, que estaba en una pizzería cuando la Presidenta pronunció su último discurso, y que nadie de los presentes quiso subir el volumen del televisor para saber qué decía. Rescato esta escena clave. No querer saber lo que dice. No estar interesado en lo que dice. Dar por supuesto lo que dice. Juzgar de antemano lo que dice. Estar en contra de lo que dice sin escuchar. No escuchar. Entregarse como ganado manso al analista de turno que se ocupará, esta noche o mañana, de destripar el discurso, de falsear un análisis, de manipular los dichos, de hacer preguntas falaces sin ningún derecho a réplica, de interpretar a su gusto y antojo cualquier cosa que se diga.</p>
<p>La nueva derecha asalta cuerpos y voces que dicen defender cierta transparencia que ellos mismos no practican. La nueva derecha repele el pensamiento que pueda darles una interpretación a los hechos diferente de la que ella ya tiene en la cabeza, y también en el corazón.</p>
<p>No sabemos qué tan sanguinaria ha de ser esta nueva derecha bacteriana que ha calado el ánimo argentino. El desastroso paisaje civil al que nos ha llevado esta crisis con los sectores de empresarios agropecuarios, regada por la condescendencia de los grandes medios y la cobertura acrítica de sus brutales medidas de fuerza –que habrían sido discursivamente aniquiladas si hubiesen sido protestas de trabajadores–, preanuncia que ya no es posible para nadie la inmovilidad.</p>
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		<title>Leche</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jun 2008 06:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La imagen se abrió paso brutalmente: el camión abrió sus compuertas traseras y por allí comenzó a salir el chorro. La leche se derramó sobre el pasto. Litros de leche, o mejor dicho: leche desfigurada en su abundancia, para ojos de espectadores acostumbrados a mirarla por litro. Se la veía salir airada, materia inerte pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La imagen se abrió paso brutalmente: el camión abrió sus compuertas traseras y por allí comenzó a salir el chorro. La leche se derramó sobre el pasto. Litros de leche, o mejor dicho: leche desfigurada en su abundancia, para ojos de espectadores acostumbrados a mirarla por litro. Se la veía salir airada, materia inerte pero todavía viva, sustancia vital para tantos niños argentinos, destinada a morir allí, en el cuadro de la lente, televisada, hecha símbolo. Otro símbolo violento.</p>
<p>Este conflicto de intereses ha sido y sigue siendo pródigo en símbolos, y se agota la hora de los símbolos. Banderas, escarapelas, consignas, frases hechas, lugares comunes, duelos verbales, fechas patrias convertidas en medidas de falos, bravuconadas, consignismos, estupideces dichas con aire combativo, delirios de dueños de cosas, campos, camiones, industrias, espacios en los medios. Los símbolos tienen una medida de virtud y bondad. Los símbolos patrios se miden por la unificación que son capaces de lograr. Pasada esa medida, cuando en lugar de aunar desunen, por el modo o la oportunidad en la que se los convoca, los símbolos son porquerías como cualquier otra cosa usada con mala leche.</p>
<p>La leche tiene múltiples significados y sentidos. Pero aquí y ahora la leche derramada reemplaza a la sangre. Quien ha visto ese magma blanco derramarse sobre el pasto tuvo la visión ambigua entre el blanco y el rojo. O colorado, como le dicen los finos. La sangre nunca ha sido colorada. La sangre siempre es roja. Los finos no se manchan con sangre o se cuidan de hacerlo. En la historia argentina, la sangre ha sido camuflada con símbolos. Otros símbolos. Y una vez más: hay veces que los símbolos no sirven para nada.</p>
<p>En los debates que se televisan hay muchas voces que siguen acalladas. Se invita a los debates a los que garpan. Debe ser gente de lengua afilada y si en el aire la lengua se afila más, mejor. Así De Angeli ha trepado al rol de referente social de choque, y el choque les ha garpado a los grandes medios, que recién ahora están midiéndose, después de tres meses de andar desbocados, tan irresponsables como los dirigentes empresarios que aunque defiendan a los pequeños productores no dejan de ser racistas ni discriminadores. El mismo De Angeli se negó a las retenciones con el argumento de que no es justo que le saquen “al que trabaja” para calmar a “la vagancia”.</p>
<p>La leche de las vacas, la leche de los hombres, la leche que equivale a la suerte, la leche retenida que equivale al deseo postergado, la leche que viene en copa y que es cedida por el Estado los niños cuyos padres no pueden alimentarlos, la leche que no se puede comprar y que desvela al pobre nuevo, al que no está preparado para no poder darles leche a sus hijos, la leche que fortalece al bebé, la leche ahora derramada sobre el pasto.</p>
<p>Las proporciones de este conflicto sólo puede explicarse porque es un conflicto de dueños de cosas. Los conflictos de los que no son dueños de nada duran menos y nunca llegan a tal grado de sadismo social. Estos dueños de cosas llevan internalizado el hecho de no ceder ni dialogar como dicen que quieren. No quieren. Está visto. El que no tiene nada no presiona con algo tan pesado como la leche. La leche pesa. Es un símbolo denso, agresivo, tan pero tan agresivo que la imagen de la leche cayendo sobre el pasto duele en los ojos del espectador que no ha comprado la versión oficial del conflicto, y que esta vez no es la del Estado. Los términos están invertidos. La versión oficial del conflicto no es la del Gobierno. Es la de los grandes medios, que insisten en dar por hecho y aceptar por cierto que “una parte”, el Estado, “no cede”. Puede que los dirigentes empresarios del campo den por válida esa versión, que es la que difunden y con la que machacan. Pero, ¿y los medios? Compran. Compran por lote los argumentos falaces de cualquiera que se declare en rebeldía contra el gobierno democrático. Y difunden. Y confunden. Y haciéndolo, mienten.</p>
<p>Acá ya no hacen falta símbolos, le digo a D’Elía que se propone no sé qué en el Monumento a la Bandera. Que se guarden la bandera, que no es esa bandera la que importa. La bandera real es la leche. El alimento. La línea que separa la vida de la muerte. La línea que separa la expectativa de vida de la nada. La línea que separa la dignidad de la bajeza. Quien derrama la leche y quien contribuye a que la leche se derrame no derrama sangre pero se asocia con ese gesto de pura mierda argentina.</p>
<p>Lo que hay en el aire es eso, pura mierda argentina. Una falta de respeto abismal, inenarrable por la vida de tantos niños que no pueden hacer demostraciones de la fuerza que no tienen. Un pecado original que nunca les será perdonado. Hay cosas que no se pueden perdonar. No creo en el perdón por sí mismo. Que se lo guarden los católicos o los evangelistas o los creyentes en la salvación de sus almas. No hay alma que se salve si no se ocupa de salvar una vida.</p>
<p>La leche seminal, la leche masculina, la leche materna, la leche envasada, la leche en sachet, la leche descremada, la leche enriquecida con hierro y vitaminas, la copa de leche de los pobres pibes que no tienen ni padres ni madres que puedan ofrecérsela en sus casas, la leche social que se distribuye como paliativo cuando un país no es capaz de darle la oportunidad a cada padre o madre de sentarse en la mesa a ver beber a sus hijos la proteína indispensable.</p>
<p>Todo lo demás es carroña. Intereses. Bolsillo. Especulación. Más mierda. Este no es un gran país ni mucho menos. Es todavía, a la luz de los hechos, un territorio habitado por desesperados. Unos, por hambre. Otros, por ambición.</p>
<p>La leche es un símbolo mucho más poderoso, por sus implicancias reales, que una bandera argentina. Que se guarden la bandera argentina. Celeste y blanca, ha flameado en acontecimientos vergonzantes y ha sido utilizada por gente de mala leche.</p>
<p>La leche derramada es un colmo inaceptable, un límite increíble traspasado para demostrar poder. Ni hombres ni mujeres ni animales ni criaturas humanas con reservas de mínima moral pueden tolerar ese espectáculo que implica que lo que necesitan tantos para sobrevivir sea derramado sobre el pasto. El campo está lleno de pasto y de muerte diferida, de muerte ignorada y naturalizada. Serán buenos vecinos los que sostengan esos símbolos, pero que se los guarden. El mundo está lleno de buenos vecinos que se cagan rotundamente en el prójimo.</p>
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		<title>Tolerancia</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jun 2008 06:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Sábado por la mañana. Me despierto antes que todos. Bajo y busco los diarios, Clarín y PáginaI12. Anoche vimos Leonera. Me dormí con esas imágenes en la cabeza, los niños que nacen y se crían en la cárcel. Me dormí con el sonido de esa canción, el coro de voces infantiles latinoamericanas, la imparable alegría de esas voces era como la de los niños que nacen en las cárceles. Pablo Trapero ha logrado esta vez, además de una intensa película, ser director también de todos los sonidos de su obra, incluidas las canciones. Salud a él y a quien haya musicalizado Leonera.</p>
<p>Anoche, además, hasta último momento antes de salir de casa estuve viendo en TN las repercusiones de los arrestos de ruralistas y las imputaciones judiciales a dirigentes opositores. Ahora miro las fotos en los diarios. Tengo la música de Leonera en la cabeza. Esto es amargo. Las noticias de ayer fueron amargas. Obviamente leo en Clarín, firmada por Fernando González (un periodista con quien nunca coincido), “la sospecha de que la ley es flexible cuando se trata de amigos”. Esta vez comparto su opinión. Pienso en los hechos de ayer, y también, claro, en los amparos contra las retenciones aceptados que se conocieron el jueves.</p>
<p>Escribo ahora, que es temprano, para desahogar la sensación de que se ha llegado a un límite insoportable, más allá del cual todo es horrible, incluso las posiciones del Gobierno. Me gustaría saber qué piensa Néstor Kirchner al respecto. A veces se necesita escuchar a los dirigentes en los que se ha creído; no alcanza con lo que declaran a los medios los miembros del PJ que está citando y entrevistando. Creo oportuno decirle por este medio a Néstor Kirchner que si no hay pliegues en su estrategia de fortalecer y encolumnar al PJ, un partido en el que las viscosidades no han sido erradicadas sino apenas desinflamadas por la personalidad de Kirchner, por este camino se quedará solo muy pronto.</p>
<p>Lo que hay en los diarios de hoy son reflejos del límite al que repugnan esas viscosidades. Margarita Stolbizer y María del Carmen Alarcón con los dedos marcados, los ruralistas empujados por los agentes de la Prefectura, esos chalecos naranja, la palpación de armas en San Nicolás, el anuncio de la Sociedad Rural de las próximas “carpas”, la solicitada de Ctera defendiendo su capital simbólico, como hace días lo hicieron las Madres de Plaza de Mayo de Rosario, desentendiéndose de cualquier apoyo al acto del 25, como intentó manipular Buzzi. No hay más hilo. Si se sigue tirando, nada habrá servido para nada.</p>
<p>Me detengo en la tapa de este diario, veo la foto del presidente de la Sociedad Rural de San Pedro, Raúl Victores, empujado por la Prefectura. Y bajo la vista y leo, línea por línea, palabra por palabra, letra por letra, el pirulo de tapa, con las declaraciones de Daniel Barenboim el viernes, al ser declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires: “No se tolera a alguien por admiración o cariño. La palabra tolerancia es negativa, significa no querer aceptar ni entender lo que el otro está diciendo. Tolerancia no es lo que necesitamos. Se necesita conocimiento para la aceptación de los derechos que los demás pueden tener”.</p>
<p>Esta es una mañana de necesidad de voces, y de muchos sonidos. Barenboim es el ejemplo de quien, ante la muerte de un lenguaje (no un idioma, un lenguaje) que pueda propiciar el entendimiento y la aceptación entre dos pueblos que hace décadas que se vienen matando, advirtió en la música la expresión de un límite. Los músicos israelíes y palestinos que integran su orquesta son antes que eso personas que han reconocido un límite y no han querido, por convicción ética y moral, ir más allá. De esa negación ética de entregarse al vacío de lenguaje y en consecuencia seguir por la vía de la sangre, es que Barenboim ha logrado construir una estética.</p>
<p>La frase de Barenboim es un guante dado vuelta. Pasa de largo por lo que para nosotros todavía es corrección política. Sabe más y mejor que nosotros lo que pasa cuando no hay suficiente cantidad de gente, de un lado y del otro, para decir basta, más de acá no paso.</p>
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		<title>Generación</title>
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		<pubDate>Sat, 31 May 2008 06:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La frase se me vino inevitablemente a la cabeza. Me llamaban para hablar en la presentación de la revista Generación, el 11 de junio, y alguien en el teléfono me decía que en la mesa también iba a estar una docente de la Facultad de Ciencias Sociales con la que últimamente nos vemos seguido. Me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://static.pagina12.com.ar/fotos/20080531/notas/nac36.jpg" align="left" />La frase se me vino inevitablemente a la cabeza. Me llamaban para hablar en la presentación de la revista Generación, el 11 de junio, y alguien en el teléfono me decía que en la mesa también iba a estar una docente de la Facultad de Ciencias Sociales con la que últimamente nos vemos seguido. Me reí porque hasta hace un par de meses no nos conocíamos, y ahora chocamos en las entradas o las salidas de diversos encuentros en los que se discute la crisis del “campo” o en las que se discute la ley de radiodifusión. La frase, decía, se me vino como por inercia a la cabeza: nos une el espanto. Pensar en esa frase, no ya usarla, pensarla apenas, da un poco de rechazo, como todo lo demasiado escuchado, lo demasiado repetido, lo demasiado obvio. Y sin embargo, la frase de Borges, a quien también le debemos la percepción de que el peronismo es “incorregible”, me vino a la cabeza. Esa frase que anticipa que no es el amor el motivo de una unión sino la náusea.</p>
<p>Habiendo sido editora muchos años, sé que hay dos frases que muy a menudo acuden a la cabeza de quienes titulan diarios o revistas, y que después uno tacha, porque han sido tan transitadas que ya son lugares comunes. “No nos une el amor”, que implica espanto, y “Nos habíamos amado tanto”, el título de esa maravillosa película de Ettore Scola que hablaba de un grupo de amigos que compartió sueños y que después dejó de compartirlos. Unos siguieron pensando en ellos con otros, y otros siguieron pensando en ellos mismos. Compañeros de ruta, compañeros de generación que (otra vez Borges, otra vez el perceptor de esencias) llegados al punto en el que los caminos se abrían, se abrieron. Abrirse es otra manera particular de señalar alejamiento político o emocional. Abrirse connota libertad de acción. Es curioso, porque de alguna manera se opone a “cerrar filas”, o “encolumnarse”, que tienen connotaciones negativas. “Abriéndose”, se pretende salvaguardar la perspectiva individual. Hemos sobrevalorado, instados por las inercias de la época, la perspectiva de los “abiertos”.</p>
<p>A pesar de que me reí cuando rechacé mentalmente la frase, después me pregunté qué tienen en común esas dos expresiones que sirvieron en los últimos años tantas veces para titular diversas situaciones de la política argentina. Haberse constituido no por ellas mismas ni por su origen, sino por el uso dado, en lugares comunes, hace pensar en realidades también repetidas, también recurrentes. Que no nos una el amor sino el espanto. Que nos hayamos amado tanto: la frase tomada de Scola implica también una segunda parte no dicha: que ya no nos amamos. El tiempo verbal deja caer su letanía melancólica: todavía duele el amor ya inexistente. Inevitable también, viene otra frase, la estrofa de un tango, “Los mareados”, que argentiniza la sensación de vacío cuando cierta clase de amor se desgasta: “Mirá lo que quedó”.</p>
<p>Somos un país de cuya entraña brota la diferencia mal llevada. Quizá por eso nos brotan realidades que auspician estas maneras de decir. A muchos que ha unido el espanto, les ha sido negado el amor. No estoy siendo víctima del síndrome Paluch, ni poniéndome autoayuda, que justamente la autoayuda es uno de los conceptos que trajeron consigo los ’90 y que hicieron estragos en la percepción del otro. Es necesaria la aclaración por un desvío de tópicos pertinentes para hablar de cuestiones colectivas. Hablo de un amor en sentido amplio, hablo de la órbita de los afectos. Me pregunto cómo quedan, cómo juegan, cómo se mueven en esta triste historia. Y me pregunto también por qué será que tan pocas veces se habla de la dimensión afectiva de la política. De la pasión.</p>
<p>Los argentinos somos un pueblo pasional, pero el espanto es una pasión más popular que el amor. Hemos visto muchas más veces gente juntarse para odiar a otro que agrupándose por sus propias afinidades. No es así en todas partes. No es una ley de la condición humana. Es más bien, creo, el rasgo de una idiosincrasia que pretendió siempre ser portadora del estandarte del crisol de razas, pero en cuyos intestinos sigue anidando la bacteria del racismo. Este conflicto, además de tantas otras cosas, invisibilizó a millones de argentinos. Sobrevuela el prejuicio de que los peronistas son los vagos o los sobornados. Al “cabecita” alcanza con verle el color de pelo y de piel: no importa lo que piensa. El prejuicio indica que ni siquiera piensa: se deja llevar, se deja comprar por poca cosa.</p>
<p>También hay mucha gente que se quiso y que ya no se quiere. O que navegó en el mismo bote y ahora nada separada. Gente que anduvo junta y dejó de hacerlo, pero al modo argentino. Con dolor. “Nos habíamos amado tanto” cumple los requisitos para hablarnos de esos afectos que cubrieron con su potencia una época de la vida, y también de la separación traumática a la que parecemos destinados. Como si no tuviéramos previstas maneras honrosas de separación. “Nos habíamos amado tanto” suena casi como una copla o como un haiku lastimoso. No lo dice, no lo explicita, pero sugiere una traición.</p>
<p>Si para unos y para otros la Argentina lleva en sí alguna cuerda, una sola, que emita un sonido, uno solo, en este momento deberíamos escucharlo. Si para unos y para otros la patria vale la pena, esta pena de hoy habrá que digerirla y elaborarla, pero ya basta de roer insultos, subestimaciones, campeonatos de lucidez y falos de proporciones. La pulseada que presenciamos y padecemos es bizarra, pueril y machista. Va de suyo que quien dialoga cede algo para ganar al otro como interlocutor. Partiendo de esa base, las modificaciones anunciadas unilateralmente por el Gobierno implican que el diálogo no ha sido posible, pero también que hubo errores que se rectificaron o que se intentan rectificar. Al mejor modo argentino, “el campo” y el Gobierno deberían ahora sentarse por espanto, que nadie les pide amor. Pero sentarse.</p>
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		<title>No voy en tren voy en avión</title>
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		<pubDate>Fri, 30 May 2008 06:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Los medios de transporte argentinos también han caído bajo la oleada resemantizadora de las derechas campestre y urbana. No conviene ir en bondi a ningún lado, toda vez que el bondi en sí mismo está estigmatizado, y es, de la clase media reacia al peronismo para arriba, el medio de transporte por excelencia de los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los medios de transporte argentinos también han caído bajo la oleada resemantizadora de las derechas campestre y urbana. No conviene ir en bondi a ningún lado, toda vez que el bondi en sí mismo está estigmatizado, y es, de la clase media reacia al peronismo para arriba, el medio de transporte por excelencia de los sobornados.</p>
<p>Antes de cada acto peronista o gubernamental, ahora los grandes medios, que no quieren retacear ninguna información que importe a sus lectores, indican cuántos micros se esperan. El anuncio de la cantidad de micros funciona como un aguafiestas por anticipado, como un desautorizador de presencias, como un prejuicio hecho juicio. Desde la publicación del dato, el dato mismo comienza su recorrido por bocas opositoras que, agarradas con uñas y dientes a la idea de que si el Gobierno tiene apoyo es porque paga, machacan con la representatividad de “los sueltos”.</p>
<p>El micro es el emblema del acto de afirmación comprado a fuerza de viático y chori. Los representantes de las entidades de propietarios campestres se ufanan muy seguido de que “su gente” es la que va gratis a todas partes. Vaya paradoja, cuando “su gente” y ellos mismos han desatado este vendaval institucional de proporciones para impedirle al Estado que regule la renta. Irán a los actos gratis, pero por todo lo demás vienen cobrando y mucho desde hace tiempo. Es más: podría decirse que se constituyeron en quienes son gracias a unas ganancias con las que ni sueñan ni soñaron nunca ni los desarrapados que antes cortaban rutas y para quienes se pedía represión (recuerdo un entredicho público con Joaquín Morales Solá, en tiempos del Puente Pueyrredón cortado, a raíz de su pedido de “orden” desde La Nación; un “orden” que sólo podía implicar en ese entonces represión).</p>
<p>Uno no va a negar el modo clientelista de gobierno, típicamente peronista de derecha, pero de ahí a extender la idea de que Los Micros, esos vehículos fantasmáticos que transportan aluviones zoológicos, son el único apoyo en el que se respalda el gobierno democrático, hay por lo menos varios errores de evaluación e interpretación. El Micro, enviado por el sindicato o el puntero, es señalado hoy como la prueba de que de un lado están los que enarbolan sentimientos y del otro los muertos de hambre.</p>
<p>Tiremos de esa sospecha, tiremos del hilo que nos dice que Los Micros llevan gente que no vale la pena de ser tenida en cuenta, y nos encontraremos muy pronto con aquellos que no hace mucho volvían a soñar con el voto calificado.</p>
<p>Cuando Buzzi dijo que el obstáculo en la Argentina son los Kirchner, lo hizo con la brutalidad de quien decide obviar una victoria electoral o lo hace descansar en el voto comprado, en el voto vacío de contenido porque el que votó K lo hizo apurado para no perderse el choripán correspondiente. Sólo esa lectura de la realidad, subestimadora en un grado inefable de la voluntad popular, guiada por la idea de la vanguardia iluminada que no sólo derrotará al Gobierno, sino que también, después, derrotará a la Sociedad Rural y a todo escollo que se interponga entre “los gringos” y su paraíso de soja liberada, puede explicar un dislate semejante. Ayer pidió disculpas; es de esperar que sean sinceras, no porque de repente tenga mejor opinión de la Presidenta, que eso no se le pide, sino por un elemental respeto institucional.</p>
<p>Pero los muchachos del “campo” actúan como si este gobierno no hubiera tenido votos, apoyo, cariño, confianza. Como si no los tuviera. Actúan como si estuvieran solos en un país, y alguien osara regularles algo. No cualquiera. Los regularon, los apretaron, los hicieron pelota, pero los muchachos fueron mansos en el menemato. El menemato tenía a la clase media de su lado, acaso porque los que más pagaron sus políticas fueron los débiles. Si Menem fue alguna vez rubio y de ojos celestes para muchos, esos muchos eran los que, como siempre, desde el principio de esta historia argentina, no tenían nada que agregar cuando los aplastados eran de tez mate.</p>
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		<title>La parte por el todo</title>
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		<pubDate>Mon, 26 May 2008 06:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[mitologías]]></category>

		<category><![CDATA[política]]></category>

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		<description><![CDATA[Si este país fuera un pizarrón, se vería una flecha salir de la escarapela y llegar a aquello que en la dictadura se llamaba “el ser nacional”. Gracias a las Ciencias de la Comunicación, y a saberes relacionados con ellas que han tenido un extraordinario desarrollo en las últimas décadas, hoy es posible, claro (¡Acá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si este país fuera un pizarrón, se vería una flecha salir de la escarapela y llegar a aquello que en la dictadura se llamaba “el ser nacional”. Gracias a las Ciencias de la Comunicación, y a saberes relacionados con ellas que han tenido un extraordinario desarrollo en las últimas décadas, hoy es posible, claro (¡Acá siempre es posible casi todo!), pero mucho más difícil que un sector pretenda hacer pasar sus intereses por los de “todos”, o que se embandere impunemente con “la argentinidad”, sin que nadie pegue el grito.</p>
<p>Ha pasado. Ha pasado y no se gritaba. Los sectores financiero y militar hicieron en su momento un atroz merchandising con los colores patrios, hicieron de la escarapela un packaging del argentino modelo, o del argentino tipo, o del argentino promedio: quiero decir, de alguien que no existe. No importaba. O mejor dicho: invocando al que no existía, hicieron y deshicieron biografías de gente real, de carne y hueso, con nombre y apellido. Usaron los símbolos para tragarse a los opositores.</p>
<p>Pero es como el truco de un mago que uno ya conoce. El espectador no se concentra en la paloma que sale del sombrero: deja fijos los ojos en la manga del mago. A propósito, hace ya un tiempo hubo un reality show que no llegó a prosperar por la protesta, precisamente, de los magos. Sin el secreto del truco, su oficio no tiene chance. Un reality que expusiera en detalle cada truco era pura ganancia para el reality, y un pasaporte a la muerte para el oficio del mago. Los magos se defendieron. Se dio por válido el razonamiento.</p>
<p>Hay saberes vinculados a la Comunicación, como la Semiología, por ejemplo, cuya esencia radica en mostrar los trucos del lenguaje. Desarticularlos. Antes no los había. Antes estábamos inermes. Vestir una ciudad de celeste y blanco o repartir escarapelas es un ardid más bien sencillo y burdo, toda vez que no es el patriotismo lo que impulsa esos actos, sino una pretensión de representación inexacta, desproporcionada, voraz, falaz, cretina.</p>
<p>Varias generaciones fueron rehenes del truco montado ya a principios del siglo pasado, cuando se estableció que algunos eran más argentinos que otros, y cuando se decidió que algunos iban a formatear la idiosincrasia nacional sin la participación del pueblo. Así, resultó que el modo de vida “occidental y cristiano” era el inequívocamente argentino, y dentro de ese modo de vida tabulado, pautado, controlado, la política era basura.</p>
<p>Hoy que los chacareros le han tomado el gusto a la política, enhorabuena si se agrupan y dan forma a un partido político que pueda competir en elecciones. Pero no es ésa la ruta que avizoran por el momento, ya que hasta ahora persisten, sus representantes, en pretender representar más que los intereses de su sector. En una nota que pasó TVR hace una semana, un ruralista, al principio del conflicto, era interpelado por un cronista. “Bajan las retenciones o se van”, decía el hombre, refiriéndose al Gobierno. Los presidentes de las entidades agropecuarias han recurrido, desde que la crisis se les fue de las manos y desde que comprobaron que no era tan fácil como a ellos les parecía hacer retroceder al gobierno que lidera una mujer, al otro viejo truco: “Las bases nos desbordan”.</p>
<p>Bueno, aquí y en todas partes cuando algo álgido estalla, las bases desbordan. “Las bases”, aisladas en su microclima, enamoradas de su propia épica, tienden a creer que la pelea por sus ganancias es una “patriada”. Pero esos presidentes de entidades sectarias deberían revisar de qué modo y con qué argumentos fogonearon durante todo el conflicto a “sus bases”. Cómo les calentaron las orejas. Cómo dibujaron, hacia afuera pero también hacia adentro, un poder de maniobra que necesariamente es acotado, y está bien y es democrático que así sea, ya que acá nunca hubo, como rezó cierto relato “pro-campo”, dos partes en conflicto. Hay un Estado nacional que actúa y regula, y un sector que reacciona y se defiende. Pero incluso en esa presentación del panorama, heredamos del pasado teorías dípticas y simplistas, teorías mentirosas, que prefieren suprimir diferenciaciones sustanciales y, haciéndolo, avivan los fuegos.</p>
<p>Ni la bandera ni la escarapela son de nadie y ni la bandera ni la escarapela hacen más argentino a nadie, ni mejor, ni más honesto, ni más sincero. ¿Insistirán mucho más con este tipo de trucos desgastados? ¿Seguirán mezclando soja con nobleza, tractor con fuerza de voluntad, pollo con valentía y lácteos con coraje?</p>
<p>Probablemente las cosas tendrían una solución más rápida y más sencilla si dejaran los símbolos en el lugar que les corresponde, que es un lugar colectivo, y se abocaran a ver cómo siguen trabajando dignamente en un país en el que hay muchos otros que aspiran a lo mismo.</p>
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