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	<title>Sandra Russo</title>
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	<pubDate>Fri, 23 Jul 2010 20:35:42 +0000</pubDate>
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		<title>Talleres 2010</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 09:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Hola a todos, 
seguimos dictando taller en forma virtual, para todos los interesados, tanto en la capital, como en el interior o el exterior. Lamentablemente, como Sandra está trabajando en el diario, en radio y televisión, no tiene horarios disponibles para ofrecer talleres presenciales. La información sobre el taller virtual está acá. 
Abrazos a todos,
Sandra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola a todos, </p>
<p>seguimos dictando taller en forma virtual, para todos los interesados, tanto en la capital, como en el interior o el exterior. Lamentablemente, como Sandra está trabajando en el diario, en radio y televisión, no tiene horarios disponibles para ofrecer talleres presenciales. La información sobre el taller virtual está <a href="http://www.sandrarusso.com.ar/taller-virtual-de-escritura-breve/">acá</a>. </p>
<p>Abrazos a todos,<br />
Sandra y Xtian</p>
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		<title>Curiosidades argentinas</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Feb 2010 21:10:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[contratapa]]></category>

		<category><![CDATA[página 12]]></category>

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		<description><![CDATA[El miércoles estaba entrando a un restaurante porteño con algunos miembros de la organización barrial Túpac Amaru. Milagro Sala venía media cuadra más atrás, con su marido y otros compañeros. Cuando estábamos por entrar, un policía federal que estaba con otro en la puerta del restaurante de enfrente me miró y me hizo una seña. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El miércoles estaba entrando a un restaurante porteño con algunos miembros de la organización barrial Túpac Amaru. Milagro Sala venía media cuadra más atrás, con su marido y otros compañeros. Cuando estábamos por entrar, un policía federal que estaba con otro en la puerta del restaurante de enfrente me miró y me hizo una seña. Nos detuvimos. El policía, un hombre de mediana edad, cruzó la calle y vino directo hacia mí. Yo debo haber retrocedido un poco y la cara se me debe haber puesto involuntariamente tensa: el policía estiraba su mano, iba a agarrarme el brazo.</p>
<p>–No te asustés que estoy emocionado, boluda –me dijo él riéndose, y entonces le vi el brillo en los ojos. Pero era raro. ¿Por qué un policía habría de emocionarse al verme? Nunca me había pasado y no pensé que alguna vez me pasara que un policía federal me abrazara en la calle y me felicitara por mi trabajo. El se separó de mí y me mostró su placa. Leí en un voz alta su apellido, porque él me estaba sugiriendo que en su nombre estaba la explicación de esa emoción. No me lo dijo, pero bien me hubiese podido repetir: “Boluda”. Lo que dijo fue:</p>
<p>–El apellido no. Las iniciales.</p>
<p>Las leí también en voz alta:</p>
<p>–J. D.</p>
<p>Hubo un instante de silencio.</p>
<p>–¡Juan Domingo! –grité.</p>
<p>El pegó una carcajada, asintiendo. Nos reímos mucho todos. En eso llegó Milagro, y para el tipo ya fue el colmo esa sorpresa. La hundió en sus brazos –ella es muy menudita–, y se largó a llorar en su hombro. Un peronista de cuna peronista, con padres que decidieron ponerle Juan Domingo. Un policía federal.</p>
<p>Milagro también es peronista desde niña. Su madre adoptiva, de quien estuvo distanciada muchos años pero a quien siempre amó mucho, y sigue haciéndolo, le escribió una vez una carta a Evita y tuvo respuesta. Le llegó una de aquellas máquinas de coser de las que habla la leyenda. A Jujuy llegó aquella Singer. A Jujuy nunca había llegado nada.</p>
<p>El peronismo está marcado con ese bautismo de reconocimiento de ciudadanía que obtuvieron en los ’40 y ’50 millones de argentinos que hasta ese momento no figuraban ni siquiera en las preocupaciones electorales de los políticos argentinos. Cuando Perón llegó a la Secretaría de Trabajo, lo que se estilaba en este país era el fraude. Era más fácil para los partidos tradicionales y para los ocasionales arribistas al poder gestar un engaño o un golpe que incluir a los oscuros y a los desharrapados como objeto de satisfacción política. Eso que ahora llaman “clientelismo” indiscriminadamente cuando se trata de pobres, no era ni siquiera necesario antes de Perón. El “clientelismo”, aun indiscriminadamente, supone un canje de satisfacción. Un canje tramposo y antidemocrático, es cierto, pero los que le reprochan al peronismo su “clientelismo” son los que también hablan de “populismo”. Las clases dominantes argentinas eran predemocráticas cuando nació el peronismo. No querían ni siquiera comprar a los pobres. Simplemente los explotaban a destajo, sin considerar el poder como algo distinto a su propiedad privada.</p>
<p>Hasta Perón, este país fue un ágora cocoliche, un vip berreta, una careta con un tajo racial marcado en el medio. Nunca lo revisamos ni lo admitimos, pero este país creó su ilusión de identidad con un feroz gesto de racismo. La ciudadanía era hasta entonces más que una condición, una aptitud. Se era apto si se era blanco, porque si se era blanco se había comido en la infancia y se había ido a la escuela. Posiblemente con sacrificios, por supuesto, incluso hasta con pobreza. Esa primera exclusión histórica fue racial.</p>
<p>Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero algunas no han cambiado nada. Ya escribí alguna vez que ese sentimiento de pertenencia que expresa el peronismo me es ajeno y que sólo puedo percibirlo, empatizar con él, rendirme ante su evidencia. Pero aunque no puedo afirmarme en esa identidad, porque no la reconozco en mí, tampoco puedo dejar de comprenderla en toda su contradictoria y magnífica dimensión movimientista.</p>
<p>Le toca ahora encarnar al peronismo disidente la versión del peronismo que no negó ni siquiera Perón. Es cierto que no es menos peronista ese peronismo. Eso lo refleja con maestría la película de Juan José Campanella, El secreto de sus ojos. Un personaje como ese violador incluido en la trama siniestra en la que derivó alguna vez el peronismo de derecha funde la historia particular en la general. Esta es la contradicción no resuelta del peronismo, pero quizá no se trate ya de una contradicción, sino de dos dicciones totalmente diferentes, dos fuerzas condenadas a competir por un nombre y una identidad. Me temo que nunca ninguna será más peronista que la otra. El contradictorio era Perón y cada fuerza refleja una parte de ese hombre que amplió fenomenalmente las bases de la política argentina.</p>
<p>El antiperonismo, en cambio, no es tan contradictorio. Es lineal en su asco a los males modales, en su selectividad estética y en su abyecto lamento por los privilegios perdidos. Y en los sectores medios, es un lamento peor: como dijo inmejorablemente Carlos Barragán, “si los negros viven como uno, uno siente que tiene una vida de negro”.</p>
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		<title>¿Somos cínicos o somos idiotas?</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 21:11:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[política]]></category>

		<category><![CDATA[página 12]]></category>

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		<description><![CDATA[Decía la prestigiosa socióloga Norma Giarracca, en una nota publicada el martes pasado en este diario en respuesta a una nota mía, “Lo destituyente”, que le costaba debatir con alguien que, presume, tiene sus mismas buenas intenciones. Se agradece el respeto, que es recíproco, pero también se aprovecha la ocasión. Es un buen momento para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Decía la prestigiosa socióloga Norma Giarracca, en una nota publicada el martes pasado en este diario en respuesta a una nota mía, “Lo destituyente”, que le costaba debatir con alguien que, presume, tiene sus mismas buenas intenciones. Se agradece el respeto, que es recíproco, pero también se aprovecha la ocasión. Es un buen momento para debatir entre quienes no queremos comernos los ojos. Finalmente, ésos son los debates que sirven, los intelectualmente honestos, ya que hay demasiado falso debate alrededor, demasiada cáscara de banana que encubre dinamita y no banana. Hay demasiadas poses periodísticas que encubren operaciones políticas, y hay algo que me angustia y sé que angustia a millones: estamos viviendo un altísimo grado de inseguridad informativa. Los medios concentrados están dando una batalla sucia, y del periodismo queda el decorado. Estamos siendo operados continuamente, ahogados en un clima de desánimo que todo argentino con memoria reconoce. Es el que montan para preceder la “defensa de las instituciones” acabando con ellas.</p>
<p>Yo planteaba en esa nota un tema que en cierto modo es tabú en el progresismo, y vuelvo a eso: hay un sector de centroizquierda, al que no le sustraigo ni un milímetro de su buena fe, que hace una lectura del kirchnerismo que es la que me parece oportuno cuestionar, en un ir más allá de los clichés y los slogans, pero también en la afirmación de otras lecturas que, en mi caso, no provienen de la estructura partidaria ni, desde luego, del interés económico.</p>
<p>Hace más de treinta años que trabajo en medios y a lo largo de esos años defendí siempre las mismas banderas. No son muy distintas de las que defiende Norma Giarracca en su artículo. Los derechos humanos, la equidad social, los derechos de los pueblos originarios, la soberanía medioambiental. Si me pongo a pensar si el kirchnerismo implica una victoria sobre cada uno de esos aspectos, creo que en algunos sí, inequívocamente, como los derechos humanos, y en otros no. Al kirchnerismo no le atribuyo victorias, sino más bien ánimo de pelea. Desde que yo me acuerdo, en lo que viví y no en lo que soñé, éste es el período con más ánimo de pelea justa que recuerde. Lo digo, lo afirmo, lo firmo. No me quiero arrepentir de no haberlo hecho.</p>
<p>Y si me pregunto si el kirchnerismo puede asimilarse con un gobierno de índole neoliberal, como afirma Giarracca y les he escuchado sostener también a dirigentes de ese sector de centroizquierda, me contesto que no, que de ninguna manera, que el perfil económico que leo no tiene nada que ver con el ajuste neoliberal con el que sí amenaza una derecha vigorosa que demoniza a este gobierno, con los medios concentrados de su lado. Esos medios se complacen ahora en hacerles notas a los dirigentes de ese centroizquierda para que completen la demonización de “lo K” por el otro lado. Para acorralar. Si ganan, esos dirigentes, ese discurso tan límpido que ahora propugna no pagar la deuda se esfumará de las pantallas, como se han esfumado uno por uno los intelectuales y los dirigentes que no llegan a los medios con su correspondiente y obligada dosis de antikirchnerismo.</p>
<p>Yo no creo que defendiendo la democracia y, en consecuencia, defendiendo la gobernabilidad ahora se defienda al neoliberalismo, contra el que llevo años escribiendo, gritando, marchando y militando. Es más: finalmente, en este contexto latinoamericano, entiendo al periodismo esencialmente como una herramienta de militancia antineoliberal, y por eso esta respuesta. Porque de la nota de Norma Giarracca queda colgando la posibilidad de que quienes defendemos otras posturas que no demonizan “lo K”lo que estemos haciendo sea precisamente eso. O somos cínicos o somos idiotas. Y ni una cosa, ni la otra.</p>
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		<title>Chile y Bolivia</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2010 21:13:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Ya hacía unos años que a la Argentina había vuelto la democracia, y apenas un par que este diario existía. Me tocó en suerte una cobertura inolvidable: ir a Chile a cubrir las elecciones con las que Augusto Pinochet se despedía. No se despedía del todo, porque había hecho una Constitución a su medida y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya hacía unos años que a la Argentina había vuelto la democracia, y apenas un par que este diario existía. Me tocó en suerte una cobertura inolvidable: ir a Chile a cubrir las elecciones con las que Augusto Pinochet se despedía. No se despedía del todo, porque había hecho una Constitución a su medida y quedaba como senador vitalicio. Pero aquel Chile fue una fiesta. En el acto de cierre de la Concertación, en el que hablaba Patricio Aylwin, quien sería el presidente electo, miles y miles de personas se apiñaban haciendo flamear sus banderas. Esas y otras banderas habían estado guardadas durante los años de dictadura. Chile, esas dos sílabas, ese nombre comprimido y rítmico, significaba entonces muchas cosas. Sobre todo significaba todavía Salvador Allende, significaba el Estadio Nacional, en consecuencia significaba Víctor Jara. Chile era llorar por los ausentes, y se lloraba de pena y de alegría al mismo tiempo esos días.</p>
<p>Las democracias latinoamericanas fueron llegando como pudieron. Fueron oportunidades arrancadas al enorme y monstruoso ballet de una generación más de militares que se aceptaron a sí mismos como el brazo armado de un orden de cosas que quisieron instaurar como el orden natural de las cosas. En cada país hubo pequeños grupos de civiles que buscaron y obtuvieron su propia representación en las fuerzas armadas. Tenemos esa clase de burguesías. Bananeras. La chilena, aunque camuflada en la circunspección idiosincrática y el recato religioso, fue tan bananera como la que más. Por bananera entiendo haber rifado sin titubeos una de las democracias más sólidas del continente para sacarse de encima, con estado de sitio, asesinatos y encarcelamiento de opositores, a un gobierno legítimo que estaba orientado hacia los débiles.</p>
<p>Ese sigue siendo nuestro problema en la región. Cómo pueden sostenerse los gobiernos que no se inclinen en el gesto de aceptación acrítica a lo que les exijan los países más poderosos.</p>
<p>Chile en aquel tiempo también significaba Ariel Dorfman y Armand Mattelart, y su Para leer al Pato Donald. Aquellas generaciones de latinoamericanos estaban descubriendo algunos mecanismos de colonización mental, algunos ardides a través de los cuales nuestros pueblos seguían viendo bello al rubio y feo al negro, confiable al blanco y ladino al indio. La aparatología cultural, puro artificio de comunicación de masas, no tenía todavía oponente. No había Ciencias de la Comunicación ni teorías que nos explicaran por qué y cómo la gente votaba contra sí misma, en una ensoñación programada para vulnerar hasta lo indecible a las mayorías.</p>
<p>Teníamos bases de ciudadanía extremadamente acotadas y selectivas. Se daba por bueno lo extranjero y malo lo nacional, como en esa propaganda de la silla que describió hace poco la Presidenta y que muchos hemos vuelto a ver con ojos azorados. Un hombre que se sienta en una silla hecha en la Argentina, y se cae porque la silla está mal hecha, no resiste su peso. Se exhibían entonces muchas otras sillas importadas, en las que cualquiera podía sentarse con confianza.</p>
<p>Lo ingenuo, lo falaz, lo antipatriótico y lo antipolítico de esa propaganda hoy la haría imposible. Sobre todo porque nos hemos sentado en infinidad de sillas importadas que se cayeron, y porque hasta el más desentendido entenderá al menos como un problema la desocupación de los trabajadores que hacen sillas y la quiebra de las fábricas de sillas. Pero en aquella época, en aquella edad del pavo mental que vivimos como continente y que terminó con los peores crímenes que puedan imaginarse, los ciudadanos eran niños leyendo al Pato Donald. Con fuerzas armadas instruyéndose en la Escuela de las Américas. Con burguesías y oligarquías aliadas en la saña que siempre pretendió ser moral o ideológica y siempre mintió, porque era económica. Algunos pocos generaron o preservaron negocios gracias a convencer a muchos de que había un estado de cosas que era el orden natural de las cosas.</p>
<p>Nunca nada tuvo por qué ser como fue. Lo que pasó fue la historia, con sus móviles, sus protagonistas, sus responsables, sus ganadores, sus firmantes. Tanto dolor, tanta muerte, tanto exilio, anidó en la parte más soez de miles de personas que, con el cuello apenas un poco afuera del agua, quieren hundirle la cabeza al de al lado. Hace unos días un hombre más bien pobre, que criticaba furiosamente al gobierno argentino, gritaba que él se había esforzado por pagar su jubilación y que ahora resulta que más de dos millones de vagos que no aportaron gozarán de su mismo beneficio. Eso es lo que han hecho con la idea del Estado: subvertirla tanto, que ya esa gente no entiende por Estado algo en común, sino la amenaza del reparto. No hay ningún pensamiento más funcional a esos pocos que manipulan a tantos, que ése: que la equidad es una amenaza.</p>
<p>Estos días en los grandes medios escuché a unos cuantos comunicadores machacar con el ejemplo chileno. Se referían a que Michelle Bachelet fue a saludar personalmente al presidente electo, el empresario Piñera. Vienen dando el ejemplo chileno porque Chile ya significa otras cosas. Significa beige, no rojo. Lo rojo se apiña en Bolivia, que ninguno de ellos da nunca como ejemplo de nada, a pesar de que es el país de la región cuya economía creció más el último año, y cuyos logros sociales van mucho más allá de lo aceptable para el statu quo. En Bolivia la democracia cura, educa y alimenta. En Bolivia el presidente Morales habla de la “revolución democrática” porque hay que sincerarse: que coman, se curen y se eduquen todos es lo revolucionario en estos países exóticos sólo si se los mira con el ojo del amo. La equidad, es necesario repetirlo, está siendo vestida de amenaza. Ese también es el ojo del amo.</p>
<p>Lamenté profundamente el triunfo de Piñera, lamenté ese retroceso, esa berlusconiada. Lamenté por anticipado lo que pasará y lamenté también tener que sepultar aquel recuerdo, el de Chile explotando de alegría con el fin de la dictadura. Porque la democracia, pensábamos todos entonces, no era solamente el llamado a elecciones sino la posibilidad de recrear las redes de solidaridad y de equidad que la dictadura había roto. La democracia, creíamos entonces, como había expresado aquí el entonces presidente Raúl Alfonsín, era una herramienta para dar de comer, para curar, para educar. Pues bien: eso lo ha hecho Bolivia y no Chile. No lo ha hecho hasta ahora, y con Piñera menos. Los ejemplos no son inocentes.</p>
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		<title>Palermo Soho y otros debates</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Feb 2009 06:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[mitologías]]></category>

		<category><![CDATA[página 12]]></category>

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		<description><![CDATA[En la polémica sobre los artesanos en Palermo Soho, que viene a ser el que rodea a la Plaza Cortázar, hay un par de cosas interesantes para analizar. “No queremos que esto se convierta en un Once”, le escuché decir a un comerciante que paga los altísimos impuestos y alquileres. Esa zona que hoy está [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la polémica sobre los artesanos en Palermo Soho, que viene a ser el que rodea a la Plaza Cortázar, hay un par de cosas interesantes para analizar. “No queremos que esto se convierta en un Once”, le escuché decir a un comerciante que paga los altísimos impuestos y alquileres. Esa zona que hoy está tapada de extranjeros se puso en valor en los últimos años, y al mismo tiempo se cambió no sólo la cara, por lo visto, sino también el ánimo que la sostiene.</p>
<p>Lo que era el barrio del diseño se reconvirtió en un shopping al aire libre, donde las grandes marcas seriadas no quieren perder la carrera contra el diseño. Por una tienda de diseño hay muchas más que ofrecen lo mismo que el Patio Bullrich. Pero incluso los comercios originales, los que venden la ropa o los muebles o los accesorios que responden a otra estética que la standard, venden ese diseño a un precio que es ridículo para cualquier argentino. Palermo Soho implica desde su mismo nombre una actitud y una disposición de réplica que cualquier verdadero creador se avergonzaría de usar.</p>
<p>Palermo Soho, you know, y está todo dicho. Ni siquiera hay que hacer entrar en código a los extranjeros. Es como Nueva York, pero acá, así que es como el Soho pero con un poco de tango. No está mal que un barrio viva del turismo, pero lo que habría que poner en cuestión, y en todo caso interpelar en el corazón del barrio, es si el diseño es una actividad que pertenece per se a la lógica del capital, o si late en él alguna vía para ser democratizado, no sólo estetizado sino moralizado por otra ética. Si el diseño va a quedarse callado ante este pensamiento único sobre el diseño que encarna el así llamado Palermo Soho.</p>
<p>En 2002, cuando se pusieron en marcha las recuperaciones de las fábricas, hubo movimientos de diseñadores y artistas plásticos que se acercaron a Brukman o a Grissinópolis para ponerle el cuerpo a una manera politizada de entender el arte. Porque la versión lavada de política de las artes plásticas y sus sucedáneos, como el diseño, es también una versión de las artes plásticas cuyo sentido llegó acompañado de millonarios que bendicen museos y personalidades hipernarcisistas. El casamiento entre diseño y marketing que tiene lugar en Palermo Soho no es inevitable ni natural: se puede analizar, se puede cuestionar y se puede rechazar.</p>
<p>Y de hecho, ese barrio encubre un debate que no ha sido dado. ¿Por qué uno debe privarse de comprar un objeto de buen diseño argentino porque su precio es tan alto que hace que el objeto pierda interés? Una vincha para el pelo preciosa, artesanal, cuesta 120 pesos. En la calle, en los puestos, hay vinchas para el pelo que no son de la misma calidad. Pero cuestan 12 pesos. Y a la comparación hay que sumarle el punto de vista del cliente: en sus orígenes, ese barrio fue el alma de un sector de gente que se sentiría imbécil si se gastara 120 pesos en una vincha para el pelo. La valoración del diseño fue protagonizada aquí por un sector de la ciudad que entre otras cosas no adhería a la lógica del consumo. No fue para convertir el barrio en un shopping al aire libre que esas calles que rodean a Honduras se llenaron de encanto. El barrio fue tomado, pero no por cirujas, sino por los operadores del consumo masivo.</p>
<p>Ahora, el debate sobre si artesanos sí o artesanos no debe incluir estos otros debates. Y deberían intervenir en él las voces de los primeros diseñadores que se establecieron allí. Porque a algunos de ellos puede parecerles no mala, sino una excelente idea que el barrio tome revancha, y que se convierta, sí, en un Once del diseño.</p>
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		<title>Marubos y Mayorubas</title>
		<link>http://www.sandrarusso.com.ar/2009/02/07/marubos-y-mayorubas/</link>
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		<pubDate>Sat, 07 Feb 2009 06:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[mundo]]></category>

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		<category><![CDATA[sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Repaso mi cuaderno de notas y encuentro el mapa que hizo Débora Arisi, brasileña, antropóloga, ojos bien abiertos y celestes. A un costado de la carpa donde mujeres indígenas hacían un homenaje a la tierra ofreciéndole semillas, estábamos conversando con Jorge (léase yogyi) y Waki, jefes marubo y mayoruba, respectivamente. Son dos de las comunidades [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.pagina12.com.ar/fotos/20090207/notas/NA36FO01.jpg" align="left" />Repaso mi cuaderno de notas y encuentro el mapa que hizo Débora Arisi, brasileña, antropóloga, ojos bien abiertos y celestes. A un costado de la carpa donde mujeres indígenas hacían un homenaje a la tierra ofreciéndole semillas, estábamos conversando con Jorge (léase yogyi) y Waki, jefes marubo y mayoruba, respectivamente. Son dos de las comunidades más grandes de la Amazonia, donde viven casi 300 etnias distintas. Un rato antes, yo estaba sentada en una de las gradas, con un aparatinho, así decía el locutor, del que “salían las voces de las traductoras”. El mío no andaba, y es que fallan muchas veces. Una mujer joven, con la cara limpia, se paró delante de mí para leer mi credencial, que decía “Imprensa”. Mi nombre y mi medio habían estado escritos con birome roja, que se fue destiñendo lluvia tras lluvia.</p>
<p>–¿Prensa? –me preguntó, sin saber mi idioma.</p>
<p>–¿Cómo? –yo estaba distraída con el aparatinho.</p>
<p>La mujer rubia sonrió, me agarró la mano y la estrechó con fuerza. Una manera cordial de obligarme a acercarme, porque el sonido ambiente obligaba a gritar.</p>
<p>–Soy Débora Arisi, soy antropóloga. Yo vivo con los marubo, de la zona del Javarí. Están en problemas, graves problemas. ¿Puedes hacerles una nota?</p>
<p>Le dije que sí. Tiró de mi mano y allí fui, siguiéndola por esa enorme tienda llena de indios de atavíos o desnudeces muy bellas. Llegamos a una tribuna en la que decenas y decenas de caras pintadas de rojo y negro nos miraron. Tenían las mejillas pintadas de negro y el rojo les tapaba la frente y los contornos de los ojos, como un antifaz.</p>
<p>–Ella es periodista de un buen periódico argentino. Va a hacerles una nota sobre la hepatitis –les dijo en un brasileño muy cerrado.</p>
<p>Las decenas y decenas de caras rojas y negras dejaron ver lo sepia de los dientes. Me sonrieron. Será una escena difícil de olvidar.</p>
<p>–Jorge, vamos afuera para poder hablar. Y Waki, tú también.</p>
<p>Mientras salíamos, me susurró:</p>
<p>–Waki es un jefe mayoruba muy importante.</p>
<p>El primero en hablar fue Jorge. Débora estaba tan nerviosa que no me traducía, más bien me repetía textualmente lo que Jorge iba diciendo. Y cada tanto me arrebataba el cuaderno en el que yo tomaba notas, y hacía listas explicativas, dibujos de plantas y mapas de diferentes regiones de la Amazonia. “8.544.444 ha”, leo ahora. Eso es la Amazonia.</p>
<p>Los marubo y los mayoruba son las principales etnias de la terra indígena vale do javari. La integran, según anotó Débora, os povos marubo, mayoruba, matis, kanamari, kalina, korubo. En las aldeas marubo de Lameirao, en los años ’80 entró el virus de la hepatitis. Todos ellos. A, B, C y Delta. Empezaron a morir.</p>
<p>En las riberas del río Javarí viven cerca de 3700 personas. Según Jorge, el 80 por ciento de ellas contrajo alguno de los virus. Jorge tiene los ojos enrojecidos. Hace apenas unas horas, desde un puesto cercano a su aldea, su hermano le dijo que tres de sus parientes están vomitando sangre. Ellos saben que es el principio del fin. Morirán sus parientes, como murió el 26 de enero Edilson Kanamari, un líder de 43 años, de hepatitis Delta.</p>
<p>No les llevan vacunas. La infraestructura sanitaria brasileña no llega a ellos. La piden a gritos. Han pasado, en estos años, a darles una dosis. Pero no llegan para la segunda o la tercera. De modo que esas 3700 personas no están inmunizadas, como podrían estarlo, como lo está la gente en las ciudades. Y esas personas que mueren de hepatitis no sólo se llevan su vida con ellos. Se llevan lo que queda de sus pueblos. Se llevan lo que sobrevivió a la selva y a la conquista. Jorge y Waki anuncian la inevitable extinción de los marubo y los mayorubas.</p>
<p>¿Qué piden? ¿Qué necesitan para garantizar la continuidad de sus linajes? Heladeras. Corriente eléctrica y heladeras donde guardar las vacunas ellos mismos o el puesto sanitario que necesitan. En 1996 creyeron que todo se terminaba. Ese año murieron 39 mayorubas de hepatitis en la aldea de Lobo. El virus, dicen, entró por Perú. Todas estas etnias vivieron siglos sin conocerlo.</p>
<p>Débora volvió a arrastrarme de un brazo hasta un enorme mapa de la Amazonia que estaba colgado en la carpa. Me mostró la región y dónde viven unos y otros. Las distancias son bestiales. Pocos pueblos tienen barcos con motor. Los otros usan el peque peque. Tardan cuatro, ocho, diez días para llegar a alguna parte a pedir ayuda. Ella está vacunada. Pero la malaria fue imposible evitarla. La contrajo cuando hacía poco que había llegado. Nombra a otro antropólogo que Jorge y Waki conocen, un tipo que vive en la selva porque está haciendo un trabajo sobre poesía mayoruba. Ya tuvo más de veinte malarias. De modo que en esta charla al costado de la carpa donde se lleva a cabo una actividad del Foro Social Mundial, la Amazonia se me entreabre de otra manera. Como un territorio abandonado, misterioso, algo que guarda lo secreto de lo virgen. Un territorio que todavía es la casa de muchas etnias aisladas que todavía no han sido “descubiertas”. Los korubo fueron “contactados” recién en 1996.</p>
<p>Pero también es un territorio al que van imantadas personas como Débora o el antropólogo poeta, gente con vocaciones rotundas, gente que vive su apostolado laico viviendo en tiendas precarias en la selva, ganándose la confianza de los pintados de rojo y negro recién cuando logran hablar su lengua. En la selva se habla el idioma de la selva. Y se aprende el brasileño para poder protestar.</p>
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		<title>&#8220;Globalicemos la esperanza&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Feb 2009 06:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[economía]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde Belém do Pará
El balance del octavo Foro Social Mundial que culminó ayer tiene algunas líneas claras y muchas señales de alerta. La crisis global, oportunidad inesperada para encauzar las luchas populares. La educación y la organización. El trabajo por delante.
Otro mundo es posible y ese otro mundo ya asomó la cabeza por la vulva [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Desde Belém do Pará</em></p>
<p><strong>El balance del octavo Foro Social Mundial que culminó ayer tiene algunas líneas claras y muchas señales de alerta. La crisis global, oportunidad inesperada para encauzar las luchas populares. La educación y la organización. El trabajo por delante.</strong></p>
<p>Otro mundo es posible y ese otro mundo ya asomó la cabeza por la vulva afiebrada de este planeta que puja que sobrevivir. En ese otro mundo neonato, incubado durante décadas en las entrañas de América latina, esto es, en la oscuridad de sus masas, en la organización de sus hijos más débiles, habrá que repeler las frases hechas aunque vengan del vocabulario de la izquierda. ¿Cómo separar lo importante de lo anecdótico? ¿Cómo evitar que las recetas, los manuales, las fórmulas empañen el camino que debe abrir cada pueblo? El balance de este octavo Foro Social Mundial (FSM) tiene algunas líneas claras y muchas señales de alerta que no son en absoluto menores. Las líneas claras, esbozadas de manera coincidente por los cinco presidentes de la región que participaron y por los participantes de miles de debates y paneles, rezan que el neoliberalismo fracasó, que dejó un mundo no sólo globalizado sino también terminal. Que la crisis global es una oportunidad inesperada y fabulosa para encauzar luchas que tienen historia, identidad, pueblo y principios detrás. Que la idea de Estados nacionales invisibles y políticamente serviles fue el felpudo en el que se limpió los zapatos el capital transnacional que ya se independizó de las respectivas burguesías. Que América latina no es un mero escenario exótico donde pueden desembarcar aún bienintencionadamente ideólogos del mundo central y poderosas organizaciones no gubernamentales para reemplazar con sus propuestas el diseño de una emancipación que debe estar a cargo de sus protagonistas reales. Y que para eso, hay dos palabras que deben ser mucho más que palabras repetidas, que deben ser el punto de partida para que esta vez América latina adquiera la forma que quieran darle los latinoamericanos: educación y organización.</p>
<p>Este octavo FSM fue acaso el más esperanzador de todos. “Globalicemos la esperanza”, se grita por ahí. La esperanza es en efecto lo que alentó a miles y miles de movimientos sociales y organizaciones comunitarias para seguir trabajando día a día y sin descanso durante una larga década de corriente en contra. Pero ahora la corriente está a favor, y el otro grito, “el pueblo unido jamás será vencido”, abre el primero de los interrogantes que deja este FSM: ni nuestros pueblos ni la izquierda en general se caracterizan por la unión o por su habilidad en encontrar consensos, sino por su inquietante fascinación por los matices. Ahí está el primero de los grandes desafíos que se abren: ser capaces de subordinar algunos criterios y objetivos en pos de los grandes consensos que permitan a la región ponerse en valor en el mundo merced a sus increíbles riquezas y recursos.</p>
<p>De los presidentes que participaron del FSM (nunca participó ninguno y esta vez fueron cinco), Evo Morales fue el que lo dijo mejor: “Si yo estoy en la presidencia de Bolivia, es gracias a ustedes, compañeros”. Lo dijo ante los movimientos sociales y no se dirigía a un movimiento particular, sino a las bases como motor y núcleo de sentido de su trabajo como presidente. El líder del MST, los Sin Tierra brasileños, Joao Pedro Stedile, opinó que sólo en Bolivia las masas ascendieron al poder, mientras en los restantes países de gobiernos progresistas la política toma otros rumbos y oscila entre satisfacer a las bases y tranquilizar a las burguesías. En este sentido, ese otro mundo posible se verá obligado a repensar la política y a sacudirse prácticas clientelistas que obstruyen la construcción de ciudadanía. Sólo hombres y mujeres convencidos de lo que defienden y en condiciones de actuar en consecuencia a sus ideas serán capaces de sostener a gobiernos que se animen a cambios estructurales. Las roscas superestructurales pertenecen al Viejo Mundo, en el que el poder no es fruto de la suma de voluntades sino de acuerdos que no siempre son confesables.</p>
<p>La reivindicación unánime del Estado como agente de control, supervisión, intervención y equidad también requiere pensar profundamente qué rol les cabe a las organizaciones no gubernamentales, surgidas en un tiempo en el que los Estados eran maquetas escenográficas y la sociedad civil no podía defenderse ni expresarse de otro modo. Muchas de ellas, generalmente europeas, han hecho un trabajo magnífico y han financiado programas que mejoraron la situación de millones de personas en todo el continente. Pero en este nuevo contexto es necesario revisar el papel que les cabe, ya que en este otro mundo posible los pueblos y sus gobiernos ya pueden entenderse sin intermediarios, y lo “no gubernamental”, que en otro tiempo implicaba autonomía de la manía neoliberal de una generación política, hoy requiere una nueva lectura.</p>
<p>El mercado quebró. Ya basta de obedecer a los que fracasaron. No salvemos a los bancos, salvemos a la gente. Lo económico y lo ambiental van de la mano. Soberanía latinoamericana sobre los recursos latinoamericanos. Una moneda común. Un cambio ético. Lo colectivo por sobre lo individual. Tolerancia cero al analfabetismo. Alerta roja ante los nuevos disfraces del capital transnacional, especialmente los vinculados con los monocultivos y las semillas transgénicas. Socialismo del siglo XXI. Políticas de Estado regionales. Cooperación en áreas estratégicas. Formación de cuadros políticos y sociales como reaseguro de un proyecto democrático y popular de largo alcance. Son sólo algunas de las certezas que deja este FSM. Los hitos en un camino plagado de obstáculos. El trabajo que tenemos por delante.</p>
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		<title>Autonomía y reforma agraria</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Feb 2009 06:00:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[mundo]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde Belém do Pará
“Los movimientos sociales deben mantener su autonomía de los gobiernos”, dice el líder del MST en esta entrevista concedida durante la realización del Foro Social Mundial. Para el dirigente, la reforma agraria clásica ya no alcanza.
Su nombre va de boca en boca entre los pobres de Brasil. João Pedro Stedile lidera sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Desde Belém do Pará</em></p>
<p><strong>“Los movimientos sociales deben mantener su autonomía de los gobiernos”, dice el líder del MST en esta entrevista concedida durante la realización del Foro Social Mundial. Para el dirigente, la reforma agraria clásica ya no alcanza.</strong></p>
<p>Su nombre va de boca en boca entre los pobres de Brasil. João Pedro Stedile lidera sin ningún rótulo el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, y la Vía Campesina, el correlato que extiende esa lucha más allá de estas fronteras. Poco antes del inicio del Foro Social Mundial, el MST cumplió 25 años de una lucha que en sus inicios consistió básicamente en la toma de tierras por la fuerza, y en la reivindicación de la reforma agraria que, creyeron en algún momento, iba a facilitarse con Lula da Silva en la presidencia. Eso no sucedió, y los cambios que según explica Stedile adoptó el capitalismo en las zonas agrarias, hizo necesaria una reformulación de objetivos. El MST no ha roto los puentes con el gobierno petista, pero no se considera ni parte ni socio. “No nos importa quién gobierna. Si las medidas de un gobierno son a favor de nuestra lucha, apoyamos. Si son en contra, criticamos. Los movimientos sociales deben mantener su autonomía de los gobiernos. Es la única manera de mantener la lucha intacta”, dice este hombre joven, economista recibido en la UNAM mexicana, autoproclamado católico y de ideas marxistas “pero no de manual”.</p>
<p>En una entrevista realizada en una enorme escuela de Belém en la que el MST estableció su propio campamento, ante este diario, La Jornada de México, Il Manifesto de Italia y la agencia Reuters, Stedile explicó el presente del movimiento que lidera, el más grande y organizado de América latina. En sus orígenes, la construcción del MST no hubiera sido posible sin el apoyo físico y moral del movimiento de la Teología de la Liberación. La Pastoral de la Tierra brasileña cobijó sus primeros pasos y les dio consistencia. Desde algunos sectores del PT, los critican argumentando que dependen del Vaticano, lo cual no deja de ser una chicana. Nunca dependieron de ningún Papa, pero Stedile sí reconoce que la lucha de los Sin Tierra hubiera sido impensable sin “el trabajo de hormiga que durante años y años hicieron curas y monjas que estaban cerca de los pobres”.</p>
<p>Cuando terminó el acto en el que hablaron los cuatro presidentes invitados por el MST (Fernando Lugo, Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez), Stedile, que estaba en el panel, tomó la palabra y los acusó de “flojos”. Dijo que esperaba “cambios estructurales, que todavía no llegaron”. La suya fue una voz crítica en un acto en el que todo parecía colmado de optimismo. Lula da Silva no estuvo presente en la reunión con los movimientos sociales sencillamente porque no fue invitado. “Lo de ayer no fue un acto, fue un encuentro que tiene un largo camino. Empezó con la lucha contra el ALCA y dio nacimiento al Alba. Queremos intercambiar opiniones, porque contra el neoliberalismo, hasta aquí llegamos. Pero ahora hay que dar pasos hacia el cambio estructural”, dice Stedile, que no quiso “regañar a nadie, pero hay que señalar las responsabilidades de cada quien”.</p>
<p>“El capitalismo está en crisis, pero tratará de recomponerse a costa de los trabajadores. Estos son momentos en los que los actores políticos de la sociedad se mueven y generan oportunidades y alternativas. Las burguesías nacionales no tienen proyectos alternativos. Y la mayoría de los gobiernos de la región están proponiendo medidas que son medicina para el capital. Los movimientos sociales son los que deben elaborar el proyecto alternativo, partiendo de reclamar la soberanía sobre nuestras propias riquezas.”</p>
<p>Stedile no es exactamente escéptico, más bien es cauto ante el mapa político regional. “Sólo en Bolivia las masas se han transformado en poder. En los demás países, hay luchas, las reconocemos, pero están lejos de haber cambiado estructuras de poder.” El MST comenzó hace más de dos décadas impulsando una reforma agraria que aún siendo una meta hoy ya no tiene la misma forma. A lo largo de su historia, el MST lideró 7500 tomas de tierras, y en lo que va del gobierno petista, 2500. Pero el escenario no es el mismo que hace dos décadas, y la toma no alcanza. “La reforma agraria tradicional consistía en destruir los latifundios y repartir la tierra. Ese tipo de reforma ya no sirve por sí sola. Fue aplastada por el neoliberalismo. Las burguesías nacionales ya no dependen de los mercados internos. Han negociado con las transnacionales y ahora trabajan para el mercado externo. Imponen los monocultivos, destruyen el medio ambiente, monopolizan la venta de semillas, tienen las patentes de los transgénicos, entonces: ¿para qué queremos destruir latifundios y repartir las tierras si no hay semillas para plantar en ellas? El problema se profundizó, y nuestra lucha debe cambiar el eje. Creemos en una nueva matriz tecnológica, en la producción de alimentos sanos, y principalmente en la construcción de ciudadanía. Sin educación no tendremos ciudadanos.”</p>
<p>El MST es reconocido por ser uno de los movimientos sociales de la región que más importancia le dio desde su inicio a la pedagogía. Tienen su escuela de cuadros políticos, la Florestal Fernández, y está colaborando para crear en Venezuela la primera universidad campesina. A eso apuesta el movimiento, y el mismo Stedile dice que “si quieren saber quiénes liderarán el proyecto alternativo popular, no miren a los viejos. Todavía no son conocidos esos nuevos líderes. Se están formando ahora”.</p>
<p>Sobre el actual gobierno brasileño, Stedile dice que “el gobierno de Lula no es un gobierno de izquierda ni un gobierno popular. No lo digo yo, lo dice Lula. Lo apoyan sectores de izquierda, pero también la burguesía. Y entonces hay una medida que deja contentas a las bases, y otra medida que deja contenta a la burguesía. Nosotros creemos que la solución para nuestros problemas no es electoral. No buscamos popularidad. Si la buscáramos, no haríamos un movimiento social sino una banda de rock. Lo que el MST quiere es colaborar para que las clases populares acumulen fuerza, que aceleren su lucha, para hacer posible un reascenso de masas. ¿Cuánto falta todavía? No lo sabemos”.</p>
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		<title>Setentismo</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Oct 2008 19:48:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Después de todo cada vez que se habla de “setentismo” de lo que se habla es de un falso setentismo; ni siquiera de un falso recuerdo, sino más bien de una abstracción generada en la lengua a través de una operación de poder.
Sería mejor dejarlo claro. Cada vez que se habla de “setentismo”, todos, los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.pagina12.com.ar/fotos/20081004/notas/na40fo10.jpg" align="left" />Después de todo cada vez que se habla de “setentismo” de lo que se habla es de un falso setentismo; ni siquiera de un falso recuerdo, sino más bien de una abstracción generada en la lengua a través de una operación de poder.</p>
<p>Sería mejor dejarlo claro. Cada vez que se habla de “setentismo”, todos, los que estamos a favor o en contra de cualquier cosa, entendemos algo en lo que no necesariamente pensamos. A esa palabra que es usada en el habla común argentina como un desprendimiento de discursos que bajan desde la política y los medios, la lengua le ha hecho flecos, o satélites, o flechas. Esas segundas capas de sentido no guardan una relación ajustada con lo que pasó en los ’70, sino más bien un recorte manipulado por el poder. Santucho es un nombre setentista. Camps, no.</p>
<p>El tiempo ha sido encapsulado por el poder. No por el poder gubernamental solamente, porque ya es tiempo al menos de incorporar generalizadamente la idea de que el pensamiento crítico se inscribe como tal contra el poder, pero el poder hace décadas que se ha diversificado y es como esa escultura que Marta Minujín hizo para el Tafirol. Tiene muchas caras. Opera por sobre el poder político, sin negarlo ni compitiendo con él en la esfera pública.</p>
<p>Pero no es ni un gramo menos peligroso que el poder político. Todo lo contrario. El poder político es el que participa de la democracia. El otro participa de todo.</p>
<p>No voy ahora con la cita de Marx sobre la tragedia y la farsa porque ya la sabemos de memoria. Pero incluso el hecho de que esa frase haya ido pasando este año de boca en boca, indica una percepción general de que hay cosas que están repitiéndose, que estamos acosados por la sensación de un raro déjà vu, cuando en realidad la etapa que estamos viviendo se caracteriza por rasgos muy diferentes a los que enmarcaron al verdadero “setentismo”.</p>
<p>La Mesa de Enlace recuerda a los patrones camioneros chilenos que encendieron la chispa para el golpe de Pinochet. Se puede considerar esa imagen válida para una argumentación, o se puede creer que no es “ajustada” por diversos motivos, pero nadie discute la verosimilitud de, al menos, la evocación. Eso no forma parte de lo que hoy se tilda de “setentista”. Nadie diría que Buzzi es “setentista”. Precisamente, lo que irrita de su perfil a los que no lo quieren –porque Buzzi genera rechazos viscerales– es que salpica con gestos “setentistas” (sí, haberse embanderado con una abuela de Plaza de Mayo) un rol claramente reaccionario. Sus representados fueron, junto con el Gobierno, los grandes derrotados de la puja por la 125.</p>
<p>Con la reapertura del caso Rucci, esa percepción volvió. Nadie citó la frase, pero quedaría bien combinada con los recuerdos que trae el caso Rucci (cuyos familiares con toda lógica quieren saber quién lo mató). En este caso, una de las grandes diferencias con los setenta es que la dirigencia sindical se mantiene del lado de la institucionalidad. Es una diferencia sustancial. Lo que vuelve es entonces no un suceso nuevo que replica uno anterior, sino un recuerdo fuerte, que sirva para tirar tierra vieja sobre nombres de hoy. La de Rucci es una de las páginas más negras, más irracionales del peronismo. Una vertiente horrible para su desmesura. Todo lo oscuro sale en cuanto se abre fuego.</p>
<p>Lo oscuro es imparable después que se abrió fuego. Incluso en circunstancias legítimas, incluso del lado bueno, que según quién puede ser cualquiera, esa última instancia que quema todas las naves democráticas y habilita además a atenerse a oscuridades impensadas de propios y ajenos, tiene que haber habido muchas otras derrotas democráticas anteriores para que un crimen como el de Rucci ocurriera. Tantas, que ya exceden lo político y entran en lo existencial.</p>
<p>El crimen de Rucci es “setentista”. No se le llama “setentista” a un Falcon verde, ni a una mujer que mandó postales de Para Ti a Europa para desmentir la campaña antiargentina, ni a los morochos con lentes y sobretodo que eran servicios, ni a los policías infiltrados en las universidades que andaban con libros de Paulo Freire para hacer hablar a los perejiles, ni al señor del promedio que decía “yo, argentino”. Todo eso quedó en los setenta, pero el setentismo se redujo a una partícula de olor fuerte, a una intención soterrada, a una explicación que no requiere más palabras. “Setentismo” huele a pólvora. Y me permito no oler pólvora por ninguna parte, vamos.</p>
<p>La lengua se jacta más de lo que obliga a decir que de lo que prohíbe decir. La lengua madejada por el lenguaje político y periodístico chorrea significados colaterales que siguen soplando el oído de la gente aun cuando las palabras se extinguieron. En materia intelectual, Barthes distinguía entre “descomponer” y “destruir”. Asumía que la tarea del intelectual es “descomponer” la conciencia burguesa, no “destruirla”. No por una elección, sino por dialéctica: sin condiciones prerrevolucionarias, como no las había en la Francia del ’50 ni en casi ninguna parte hoy, la “destrucción” implica un salto al vacío. “Mientras que al descomponer, acepto acompañar esta descomposición, descomponerme yo mismo en la misma medida: desbarro, me aferro y arrastro conmigo.” Esa es la razón por la que es bueno, cada tanto, descomponer palabras.</p>
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		<title>Pensemos en &#8220;Playboy&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Sep 2008 19:43:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>crodriguez</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Al escándalo de la valija no podía faltarle una chica Playboy. Ya había pasado con una pulposa compañera de los sin techo brasileños. Y aunque María Luján Telpuk tenga techo y un ex trabajo seguro pero embolante, comparte con la sin techo brasileña haber lanzado señales de humo erótico desde las páginas de política de los diarios de sus respectivos países. En el caso brasileño, es posible una lectura específica, ya que la marca Playboy tiene connotaciones muy fuertes. Aunque debe haber habido algunos compañeros de la pulposa que le deben haber advertido que estaba prestándole el cuerpo a un sistema de signos en el que también se inscriben todas las pestes capitalistas, la mayoría de ellos debe haber festejado “llegar” a la tapa de Playboy. “Mostrar” qué hembras hay en sus filas. Cierto orgullo confesado o no debe haber recorrido a muchos sin techo que estaban siendo representados en la tapa de una revista erótica norteamericana por una de sus mujeres, desnuda, vuelta objeto de deseo de hombres capitalistas. La lógica de barrio aplicada. Los movimientos políticos no le prestan mucha atención a la idea que tienen de los cuerpos de sus mujeres. Hombres y mujeres. Eso implica otros debates. Pero sobre los movimientos o partidos políticos latinoamericanos. Porque nuestras hermanas latinoamericanas son nada menos que las latinas, el nuevo objeto de deseo yanqui.</p>
<p>En el caso de Telpuk, las cosas son muy distintas. Comparten sí la vía a través de la cuál “llegan” a Playboy, esa usina que Playboy tiene abierta siempre, y que le permite ofrecerle al lector las fotos de desnudos “cuidados” más famosas del mundo, pero con el plus de que estos cuerpos arrancados de otros ámbitos son cuerpos virginales en el sentido de estar desnudos a cuatro colores para consumo opcional de millones de lectores. La mayoría de las chicas Playboy ha estado desnuda desde mucho antes. Estos cuerpos traen no sólo una primera vez, sino también y sobre todo la idea de que una oferta económica de Playboy y su tapa pueden cambiarles la vida: son cuerpos cuyas dueñas necesitan que sus vidas cambien. No es una aspiración femenina generalizada salir en pelotas en la tapa de Playboy. Es un síntoma, más bien, de un tipo de mujer que busca un atajo. Playboy, así, “compra”. La operación simbólica es prostibularia.</p>
<p>El caso de la valija debe tener para los norteamericanos una connotación como la que tenían esas películas de Emilio Disi haciendo de detective. La estructura narrativa de una porno sin sexo. Ya tenemos dos personajes femeninos: la secretaria y la policía aeronáutica. De eso se ocupa Playboy: de captar situaciones con un morbo invisible, y hacerlo un desnudo.</p>
<p>Lejos de los tiempos de Para leer al Pato Donald, que se devoraba en las universidades de los ’70, el imperio no ha dejado de tender sus increíbles tentáculos disciplinarios sobre episodios menores o mayores del mundo hispano, poblado de hembras latinas con curvas y tetas igual de hechas que las norteamericanas, pero con mejor caída.</p>
<p>Esto es probablemente causa del protagonismo hispano en Estados Unidos. Ya ha creado un dialecto, el spanglish. Pero también como grupo mayoritario imponen estándares de belleza. Hemos perdido innumerables batallas culturales frente al discurso imperialista, y nuestras relaciones con el cuerpo y el erotismo no escapan a lo que fue entregado en esas derrotas. Los ciudadanos urbanos de las grandes ciudades de América latina somos sujetos identificados con los habitantes de Nueva York. Sus gurúes sobre el bienestar son best sellers, mientras los ataques de fobia y de pánico llueven como garúa. En materia del respeto por nuestros cuerpos y de nuestro erotismo, hemos perdido incontables veces en la famosa batalla cultural.</p>
<p>Pero ahora, lo latino es bello. Los latinos viven pobremente, pero se han colado en Hollywood. El estándar latino de belleza hechiza por su desmesura, por su promesa de descontrol, por romper el modelo de la hembra andrógina de la moda, ése que le propone cuerpos sin carne y sin deseo. El hecho es una buena oportunidad para ponerse a pensar en estas cosas. Avisé.</p>
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