Taller de texto breve

Desde hace unos años, en el taller de texto breve comencé a intentar responderme una pregunta: en materia de escritura, ¿qué es transmisible y qué no? ¿Se puede “enseñar” a escribir, cuando siempre he creído que una escritura potente deviene necesaria e inequívocamente de una manera de mirar? Nadie que no sepa percibir de la realidad aquello que los signos exteriores de la realidad ocultan puede escribir nada interesante. ¿Cómo transmitir entonces esa curiosidad y ese “poro abierto” que convierte a alguien en un “tomador de apuntes” que luego, con el manejo correcto de unas cuantas reglas gramaticales, puede transmutar en un buen texto?

Nunca había participado de un taller de este tipo. No he sido tallerista ni he tenido modelos de los que partir. En la facultad de Comunicación cursé alguno, pero no fue relevante (estudié Comunicación, y no me recibí, cuando ya hacía muchos años que era periodista). Y en la práctica del periodismo también advertía que la escritura en sí misma no era un terreno que mereciera especial atención. Qué curioso, pensaba, teniendo en cuenta que por lo menos la mitad de los periodistas de prensa gráfica llegan a ella tirados de las narices de una vocación tan emparentada, tan vecina de la escritura.

Los editores nunca tenemos tiempo, en una redacción, para sentarnos al lado del redactor a indicarle por qué un texto funciona y otro no. Qué cuerdas son las que hay saber tocar para convertir un tema periodístico en un tema de un texto, en algo que el lector recuerde, que lo llame, que lo convoque, que lo toque. Siempre hay mucho apuro en las redacciones. El que llega con el don, lo muestra. El que no, seguirá pegando cables o redactando noticias con corrección, pero todos, siempre, sin excepción, aspiran a ser capaces de escribir una nota de autor. Algo que merezca una firma. Que esa firma sea después buscada. Que sea reconocible por el estilo. La firma es, después de todo, el único capital de un periodista. Es lo que se lleva de un medio a otro. Es lo que el medio no puede comprar: nuestra firma nos pertenece.

En el taller se abrieron tres posibles registros: la crónica, el ensayo y la narrativa. Son tres países fronterizos, y muchas veces se invaden. Es un logro, y un arte, saber condimentar un ensayo con un recurso narrativo, o escribir ficción pero ser dueño de intercalar, si es necesario (y casi siempre, incluso en la pura ficción, es necesario) información dura, que explique sucesos. O escribir una crónica que replique algo que uno ha presenciado, sin alejarse de la verdad y sin desviar en el relato lo que los propios ojos han visto y los propios oídos han escuchado. Pero para eso, cuando se está haciendo el trabajo de campo, lo que hay que saber es qué antenas parar, a qué estar atento, qué detalles serán vitales para la crónica, que reservarse para el remate, cómo empezar el texto atrapando al lector desde la primera línea.

Trabajo en un formato chico, que me viene del periodismo. De ahí el texto breve, que tiene sus propias leyes, sea ficción o ensayo. Dos hojas. En dos hojas, no hay espacio para la imprecisión. Uno tiene que saber exactamente cuál es el eje, y desarrollarlo.

Mi trabajo consiste en guiar a cada uno y ayudarlo a despejar su propio estilo. Las tareas son múltiples: desmalezar, pulir, rematar, citar, asociar, reflejar, en fin, tejer punto por punto eso abstracto y a veces imperceptible que cuando funciona hace que una nota o un texto sean jugosos, personales, frescos, coloquiales, creíbles. Ah, y usar pocos adjetivos (debería haberlo recordado en la oración anterior).

¿Qué es transmisible en la escritura? El talento tiene secretos. No se transmite. La escritura es una materia misteriosa, compuesta de saberes y de ignorancias, de coraje y de miedo. La escritura más honda, generalmente, es la que surge no del coraje sino del miedo. Surge de una lid interna. De un combate interior. Lo que propongo en el taller es simplemente mi experiencia de más de quince años como editora y de más de 25 años como periodista, y una guía para mejorar textos. Siempre se puede mejorar. Lo que no se puede es garantizarle a nadie la satisfacción de un texto inmejorable, porque en esa búsqueda estamos todos.

Condiciones

Partiendo de lo que escribí más arriba, cualquiera puede cursar el taller. Si de lo que se trata, en definitiva, es de saber mirar, cualquiera puede hacer más sutil y más interesante su manera de mirar las cosas cotidianas, preferiblemente las más comunes, las que están a la vista de todos. Lo propongo siempre como módulos mensuales. Mes por mes. Eso es todo. Si hubo algo que fue útil un mes, se sigue un mes más. Si no hubo sintonía y no funciona, nada se interrumpe: se cumplió un mes de taller. Como conductora de los grupos o por mail, parto de donde parte cada uno. Espero que haya avances. Y si no los hay, bueno, la escritura no es para todos, como el canto, o la música, o la pintura: el reparto de capacidades jamás fue democrático. La capacidad de frustración y la tenacidad, tampoco.

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Detalles administrativos, año 2008 (sujeto a cambios)

Los talleres son continuos, recibimos nuevos alumnos durante todo el año. Nos reunimos una vez por semana, dos horas. Los horarios disponibles son:

A. lunes de 21 a 23

b. martes de 20.15 a 22.15

B. miércoles de 11 a 13

C. sábados de 11 a 13

El lugar de reunión es El Camarín de las Musas, en Mario Bravo 960 (a media cuadra de Córdoba).

El costo mensual (4 clases) es de 200 pesos.

Para cualquier pregunta o para inscribirse: tallersandrarusso@gmail.com. Al inscribirse por favor indique en qué turno concurriría.